Con la amabilidad de siempre, el poeta Alpidio Alonso-Grau, recién galardonado con el
Premio “Samuel Feijóo” de la Sociedad Económica de Amigos del País, responde a la petición de Ogunguerrero y envía un fajo de poemas. Valga la poesía que compartimos para que el mundo sea mejor, al menos, desde el sincero corazón humano y en su sufrido sentimiento de justicia.
Mi Reino está en ninguna parte
Tal vez allí una mujer me espera
Cierto que puedo ser diestro con la palabra y el arco
Y que clavé una estaca en el maligno ojo de El Gigante
Mas sigo siendo Nadie
Como cualquier mortal soy vulnerable a la música encantada
Y en más de una ocasión
Pedí que me amarraran a los mástiles y taparan con cera mis oídos
Guardo una cicatriz y un secreto
Acaso el porquerizo me conoce
Los demás que no fui,
los que pude haber sido,
los ajenos, los otros,
los que ya no seré:
ahora mismo sin sol,
¿son también de la lluvia?,
¿qué flamboyanes miran?,
¿dónde están esperándome?
LA HEREDAD
R. F. R.
Nos dejó sus preguntas
su mirada de santo
su perfil de mortal crucificado
Junto a su respiración cortada
nos dejó una doctrina del amor
que a cada despertar somete a prueba
palabras que no son El Evangelio
Para los que vendrán
nos dejó su fantasma
sonámbulo pertinaz con un ramo de estrellas
braceando entre las sombras
Nos dejó su difícil manera de morir
Sin saberlo
nos dejó su resurrección
su forma de ser Dios en los tiempos que corren
y
por si fuera poco
nos dejó la vigilia
hecha
según él
de sueños imposibles
Se atrevió a decir: siempre
Prefirió ser nosotros.
RECADO DEL RESURRECTO
Yo
sugiero
la
v
i
d
a.
TALA
Decir alguna vez: con el follaje escribo, las ramas son palabras de una música ausente que el poema repite a pesar tuyo. Decir: oye al deseo. Y aún después, mirando hacia lo lejos: detrás de aquella luz humea un pequeño bosque, y más allá, quedan los vastos almacenes del tedio, las naves del desahucio, las interminables carreteras donde en verano ves amontonarse cuerpos que hacen señales en otro y en el mismo sentido de tu ruta. Decir alguna vez, mirando la ceniza: no hagas caso del gris, todo no es más que brillo amontonado. Y luego, frente a un nudo de hojas que derrama en el vuelo toda su triste levedad de colores: encanto del instante de aquello que se alza.
Ser lo que cae, alguna vez decir.
SUITE PARA UNAS MANOS
Toco tu mano.
La palma abierta de tu mano
contra mi mano abierta.
Los surcos sudorosos de tu mano
apoyados en
los surcos largos y confusos de la mía.
Dicen que el destino está en esos surcos.
Tu destino enfrentado a mi destino
según los que saben leer
en esas líneas.
Son líneas de carne que son líneas de tiempo.
Tu tiempo sudoroso
ahora fundido a mi tiempo largo y confuso.
Tu carne contra la mía
leída por quienes saben ver en la claridad
el tiempo de los otros.
El destino deshojándose
como un collar de vicarias
en las manos de una niña
que no sabe leer
el tiempo en su mano.
Esa niña está muerta.
Las vicarias son blancas.
El tiempo deshojó en tus manos las vicarias.
Tú eres esa niña deshojándose en el tiempo.
Nuestros destinos ensartados por las manos del tiempo.
El tiempo hace blancas líneas
en los pétalos de las vicarias.
Las líneas de los pétalos se confunden
con las líneas del tiempo
cuando toco tu mano.
Ilustraciones: Francisco Hayez: Odysseus Overcomb by Demodocus Song (detalles), http://en.wikipedia.org/wiki/Odyssey






¿Poesía bolivariana? (¡el ramo de estrellas braceando entre las sombras!) Se leen mejor que esos poemas ecológicos tuyos a lo Roberto Carlos (tus nietos te preguntarán qué es lo que sabes/ de las ballenas que cruzaban viejos mares…) Joder, y esa pose de ministro que tiene el poeta. Bueno, sería mejor que Fernando Rojas, me parece. De modo que no está tan mal la opción “Elpidio”(insisto en corregir su nombre). No, no estamos tan mal, compatriotas.
¿Joder? La hoztia tío. Que sí que hay trauma en esas orillas de Dios porque los poetas de estas orillas de la Isla se expresen, nos expresemos. Y, por favor, aplica sin ofensas la crítica, para que pueda juzgar el lector que está más allá de la “hinchazón” política a qué responden los llamados “bodrios” que en anónimos (y ofensivos) comentarios señalas.