El encuentro que se nos quedó inconcluso, Agustín

Amador Hernández Hernández

de Rojas, presente en cada foro


De brutal acto de la vida, hemos considerado los miembros del taller literario de Encrucijada la muerte de Agustín de Rojas, pues sinceramente nunca tuvimos el tiempo necesario para agradecerle la bondad e inteligencia con que nos atendió como jurado de incontables sesiones de taller en los encuentros de debates. Jamás un insulto, ni ripostas desagradables. Siempre un aliento, un consejo sabio, una sonrisa feliz, una palmada, y aquella frase con la que nos sometía dulcemente al redil de los creadores: Paciencia, pulimento, lectura y muchas horas nalgas, sin esos ingredientes no se triunfa, pero con ellos se llega al reconocimiento, al éxito. Luego volver una y otra vez al camino con los mismos aliños.
Quizás por eso, los que hemos metido la mano en la candela, hemos estado dispuestos a quemarnos, porque Agustín fue el bálsamo, el apoyo espiritual. Tuve el privilegio de contar con su presencia en cada presentación de mis libros y en algunas tertulias en el Café Literario. Y es que él lo sabía: cada libro mío era suyo también. Por cada una de sus páginas andaban sus consejos, su amor infinito por el hombre bueno. Alcancé la suerte de estar entre sus allegados, me lo dijo muchas veces con su sinceridad humilde, con su abrazo fraterno.
La última vez que conversamos, Agustín me relató el árbol genealógico de su familia y me pidió que le narrara el argumento del último libro que estoy escribiendo mientras lo invitaba a un café expreso. Cuando tengas la primera versión, quiero leerla completa, me exigió con su entusiasmo perenne, y seguro de que sacaremos a la luz un exitazo. Si es así, el café va por mí, no te fijes en la mezcla. Pero se fue de la vida demasiado rápido y lamentablemente mi morosidad truncó esa lectura crítica.
Es cierto, ya no lo veremos más en los talleres literarios, ni en la tertulias, ni enfrascado en debate de diversos temas.
Pero tengo la convicción de que en algún lugar de esta galaxia nos estará esperando a la derecha de René Batista. Ya me los imagino a ambos batidos para ofrecernos la bienvenida a su cenáculo paradisíaco. Y como la promesa es deuda, al menos yo iré con mi original de la novela que no pudo leer.

Que la paz te alcance, amigo mío, hermano querido, y que tu espíritu indomable no nos abandone. ¡Amén!
Confronte además:
En contra de Agustín de Rojas
Dios lo acoja a su derecha

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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