Vargas Llosa y sus interminables cinco minutos de fama

Jorge Ángel Hernández

La invitación al Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa por parte de los organizadores de la Feria del Libro de Buenos Aires, 2011, suscitó una fuerte polémica entre los intelectuales argentinos, muchos de los cuales opinaban que no debía inaugurar el evento. El grupo Carta Abierta, liderado por Horacio González, sociólogo y director de la Biblioteca Nacional argentina, fue enérgico en sus argumentos. Don Mario, finalmente y luego de responder con ofensas de descrédito dignas de la más elemental propaganda negra, cumplió la invitación y apareció en Buenos Aires, no ya para ofrecer la conferencia inaugural, sino para impartir una Conferencia Magistral en la que habló de libertad de expresión, libros y liberalismo.

Consiguió ser simpático, como lo reconocen sus más fuertes críticos en las ediciones de Página 12 del 23 de abril. Y se mostró, como es costumbre, errático en política, no solo respecto a preferencias de sistemas o personas sino en cuanto a conceptos, a circunstancias concretas de la Historia. El reportaje de Martín Granovsky y Silvina Friera, del mismo diario argentino, muestra cómo trastrabilla para engranar una idea —que supone noble para la humanidad— con sus propios actos. No le queda otra opción, a fin de cuentas, que relativizarlo todo, incluso el oportuno uso de la perplejidad en que se escuda cuando lo colocan delante del espejo de sus disparates.
En su tribuna del diario El País [13/03/2011], Vargas Llosa había llamado piqueteros literarios a personas que se enfrentaron a las pretensiones de los piqueteros argentinos, intentando escamotear así la popularidad ganada por sus contendientes. Lo cierto es que Vargas Llosa carece de conceptos políticos que puedan resistir el más escolar de los análisis, de ahí que se escurra a la literatura para descargar el golpe, o al chiste para desviar las conclusiones. A la vez, y por suerte para sus lectores, se las arregla con las técnicas de la literatura. Frases para ser citadas salpicaron sus declaraciones y, desde luego, su intervención:

“defender el derecho de los libros a ser libres es defender nuestra libertad de ciudadanos, el precioso fuego que la atiza, mantiene y renueva”

Los libros, “como árboles de un bosque encantado, se animan al abrirlos”. “Basta que celebremos con sus páginas esa operación mágica que es la lectura para que la vida estalle en ellos”.

“Krugman no es precisamente un liberal. Krugman es un hombre muy inteligente, pero es una especie de socialdemócrata con debilidades considerables hacia fórmulas socialistas, colectivistas. Tiene debilidades en ese campo.” [Nótese que no se ha desprendido de la más rancia y elemental fórmula de ideología satalinista]

Vargas Llosa llamó además a los peruanos, en la candidatura anterior, a votar por Alan García contra Ollanta Humala. Recuerdo, y me permito no citar al pie, que argumentó que aunque Alan García era de lo peor que le había sucedido al Perú, unirse a él contra Humala era una forma de contener la contaminación chavista que sobrevendría sobre la sociedad peruana. Filosofía de mal menor contra mal mayor; del mismo modo en que ahora asume lo contrario. De hecho, los consejos que gratuitamente le extiende al candidato peruano a la presidencia se cargan con el peso de negarse a las “malas amistades”. García, al parecer, lo obedeció bastante, pues vendió lo que pudo del Perú a los depredadores del Planeta.
Los intelectuales argentinos, perplejos, se preguntan si hay dos, o más Vargas Llosa, es decir, el que escribe, Varguitas, y el otro. Borges, es verdad, lo hacía mejor. Y a mi entender hay solo uno: el que ha elegido dividir su vida en innumerables segmentos de cinco minutos de fama. Incluso en el ámbito del novelista que, tras largas jornadas de trabajo acaso apresurado, decide colocar un producto antes que una obra. Y en ese tránsito, a cada uno se le exige superar al anterior en materia de escándalo. Como esos boxeadores que los managers explotan sin escrúpulos, vende espectáculos de ring, rebosantes de ideología neoliberal sustentada a destajo. Don Mario no puede si no existir bajo una constante renovación de esos segmentos de cinco minutos de fama, incentivando cada mal mayor que él mismo alienta con otro mal que él va a considerar menor.

A su conferencia de La Feria del Libro asistió Hebe de Bonafini, con una carta a él mismo dirigida, para que se pronunciara contra la censura que sufre su programa radial. Nada de piqueterismo, nada de tángana: la dignidad y la sinceridad de siempre. ¿De qué volumen fue el nudo del glub del Nobel para permanecer impasible ante la declarada fidelista? Vargas Llosa ha sido, a fin de cuentas, un convidado de piedra de toque del escándalo. La retahíla cualificadora es, también, figurativa del círculo vicioso del prolífico novelista.

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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