Zaida del Río: Versiones de una misma vida

Arístides Vega Chapú (entrega especial para Ogunguerrero)

Desde que Zaida del Río (Guadalupe, Villa Clara, 1954) hace más de veinticinco años se confeccionó una lámpara con una botella que sirvió de base a una vieja pantalla recogida de la copiosa basura de la calle Marqués González, en Centro Habana, sitio de obligada referencia a la hora de estudiar una importante zona de su obra, se creyó capaz de construir todo cuanto necesitara o se propusiera.

Como mismo ella ha dejado constancia en su pintura de un mundo mágico en que hombres, santos, plantas y animales dialogan y testifican la existencia de una belleza superior o real, se ha podido demostrar a sí misma, con su irreverente y vital existencia, la posibilidad de que se puede transformar todo cuanto le rodea, desde los objetos más insignificantes hasta los más necesarios e imprescindibles, con esa envidiable capacidad de ingenio por superar todo tipo de obstáculo o necesidad.

A través de los años la he visto construir lo mismo una circular mesa con pequeños pedazos de lozas que reactualizar la imagen de un convencional juego de cuarto de dudoso estilo, que edificar una cocina, con toda la funcionalidad que estas precisan, en un espacio muy reducido en el que nadie, absolutamente nadie que no fuese un “inventor” se le hubiese ocurrido, y luego convertir el mueble de un refrigerador soviético en una intensa noche sobre la que se permitió dibujar deslumbrantes seres que convertían en un objeto sumamente bello a un equipo que originalmente no contó con ninguna gracia, tal y como solían ser los aparatos venidos de esa parte desdibujada ya del mundo.

Por eso cuando Miguel Barnet dice que un bazar de Marrakech no es más atractivo que la casa de Zaida, yo le creo.

Como tampoco ningún espacio geográfico es más atractivo que la geografía imaginaria de Zaida del Río, una mujer audaz que no le teme a ocupar, por momentos, el espacio reservado para Dios.

Quizás su experiencia en el taller de cerámica de Santiago de las Vegas, bajo la égida del Dr. Juan Miguel Rodríguez de la Cruz, en el que pudo probarse que no existía pieza utilitaria que no pudiera construir y decorar con ese insólito mundo que ya había mostrado en lienzos y cartulinas, o años después la experiencia de los Telarte, producidos en la Textilera villaclareña, que le posibilitó incursionar en el diseño textil, junto al ser una mujer venida del campo, joven y madre, sin familia alguna en toda la redonda, en una ciudad inmensa y cosmopolita como lo es La Habana, hicieran de Zaida del Río alguien dispuesta a reinventarlo todo.

Por eso no es de extrañarnos que en plena madurez de su carrera se dispusiera a diseñar y dibujar ropa y crear para estas piezas únicas distintos accesorios con los que cualquier mujer u hombre, fuese cual fuese su concepto estético o su procedencia social, se sentirían satisfechos.

Tal y como antes mostró cofres embellecidos por sus trazos, como si pudiese existir algo más valioso para guardar en ellos, abanicos con un singular esplendor cuando se atrevían a enfrentar el dibujo reposado en ellos con el aire que aglutinan sus pausados movimientos, o vajillas con todas las piezas posibles para satisfacer las exigencias de cualquier familia, por numerosa que fuesen, porrones o búcaros, platos decorativos, todos con los inconfundibles dibujos que sublimizan el cotidiano, porque para ella no hay día que se repita ni paisaje estático, nos mostró elegantes o sencillas piezas de vestir que cuentan con el encanto de esos trazos que ella ha sabido privatizar como solo pueden hacerlo los grandes.

Como todo artista del diseño Zaida del Río, ha sentido la tentación por la confección de ropa de pasarela. Esa que sólo es posible de admirar en los sofisticados espectáculos de la pasarela, como por ejemplo su espectacular obra inspirada en un pavo real, o la mujer pájaro. Pero más que ese divertimento sus diseños han sido pensados para satisfacer esa antigua necesidad del vestir cotidiano.

El hacer que una pieza de ropa se convierta en una obra de arte única, el posibilitar que cualquiera de nosotros se sienta parte activa —y no solo portador— de una propuesta pictórica, que el talento y la belleza onírica que exige las artes plásticas se ponga en función de lo útil, es algo meritorio que debemos agradecerle a la artista.

Ella ni siquiera por el éxito que desde un principio tuvo con sus dibujos se conformó a dejar constancia de sus sueños solo de esta manera.

Junto a su pericia como dibujante se ha valido de la cerámica y el grabado así como de otras técnicas incluyendo la instalación.

Pero ni siquiera el dominar un espectro tan amplio dentro de las artes plásticas le ha satisfecho. Zaida precisa de otras manifestaciones como de la escritura, —antologías, revistas y libros pueden a estas alturas testificar su dominio por un oficio tan exigente como el de la lírica— o de algo que precisa tanta entrega como la danza —recordemos que se interpretó a si misma en la obra Terriblemente inocente, de la reconocida coreógrafa Lídice Núñez.

A lo que ha sumado, últimamente con mayor frecuencia, su integración como cantante en agrupaciones musicales de ganado prestigio, como el Quinteto criollo, cuya voz líder, la excelente cantante Ernestina Trimiño, ha tenido a bien ceder su micrófono a la pintora en varias ocasiones e incluso grabar varios temas para la Emisora provincial de radio CMHW, o hace muy pocos días atrás el concierto ofrecido en la sede de la UNEAC en Matanzas junto al grupo Anacaona. En que una afinada voz, entrenada a través de los años en las canturias propias de los campos cubanos, junto a un carisma innato le aseguran una comunicación con cualquier público que sale agradecido de esta faceta, hasta cierto punto desconocida, de Zaida del Río.

Zaida con Anacaona, Matanzas. Fots: Zaldívar

Es obvio que ella no descarta ninguna posibilidad que pueda servirle para continuar la invención de ese mundo en el que aún no me parece posible localizar a alguien que se le asemeje en vitalidad e imaginación. Se lo aseguro yo que he tenido el privilegio de acompañarla en muchos de sus días.

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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2 respuestas a Zaida del Río: Versiones de una misma vida

  1. Juan C Recio dijo:

    Que buena esta, había disfrutado su entrenvista en Con dos que se quieran de Amaury visto online por Cubavisión. Y sabía lo de sus otras facetas, pero esto de cantar con Ernestina Trimillo no, me encanta eso ella tiene además de voz, azúcar para eso. Saludos a Arístides.

  2. Pingback: Tomás Sánchez: Realeza del paisaje en el que lo conocí | Ogunguerrero

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