Jorge Ángel Hernández
En “Bloggers en dos bandos. Definiciones” [http://la-isla-desconocida.blogspot.com/2011/05/bloggers-de-dos-bandos-definiciones.html], Ubieta polemiza con el punto de vista de la también bloguera Elaine Díaz. En “Blogger y punto” [http://espaciodeelaine.wordpress.com/2011/05/03/blogger-y-punto], ella pide abolir la división en bandos enfrentados, para superar los esquematismos de descarte a priori. Esto es importante, y es, incluso, ideal. Pero pedirlo así, como ella lo ha hecho, no pasa de ser una ingenua manera de interpretar la realidad.
¿Declarar implantado el desprejuicio conducirá a abolirlo? ¿Se han abolido las discriminaciones raciales, o de género, en Cuba, a pesar de que así se declara “oficialmente” y que para ello se ha trabajado en numerosas medidas concretas de reconocimiento, afirmación y sustento institucional y hasta administrativo? ¿Se ha abolido la discriminación racial en el capitalismo desarrollado aun cuando se han llevado hasta el ámbito del Derecho los estatutos de igualdad? ¿No responde el esquematismo, acaso, a una reacción mental, de capacidad personal en principio pero además de perspectiva social que con la propia persona interactúa? ¿No puede interpretarse la respuesta de Ubieta, y esta mía, como un enfrentamiento intolerante a la opinión diversa, en lugar de como un ejercicio de opinión propia, y divergente, en medio de las múltiples no coincidencias? ¿No podría alguien acusarme de cuestionar, o de obstruir, a quien intenta mejorar nuestro modelo de sociedad socialista?
Hay, en efecto, en nuestras estructuras institucionales, conductas cuyas marcas son altamente explícitas, contentivas de lugares comunes sin profundidad, sin el distanciamiento crítico que toda opinión que se respete necesita asumir. Una indagación de fondo arrojaría, sin embargo, que detrás de lo que como bien social se esgrime se oculta el temor al cuestionamiento personal, un acto reflejo de conservación individualista. Las personas que manejan los lazos de los micropoderes (pienso en la teoría foucaultiana más que en los aparatos institucionales) no dejan de estar influenciados por estos mecanismos inmediatos de la personalidad en circunstancias de relación social varia. Por eso, el sistema de relaciones sociales se hace fundamental para la inclinación del pensamiento. Que sea determinante no significa, por supuesto, que se encargue de inducir cada frase, cada juicio, cada gusto puntual de cada cual.
Necesitamos, por supuesto, una crítica efectiva, constante, dinámica; una crítica que, sin conformarse con la anomia que se detecta en el contexto social, no salte al ruedo antisistémico, con sus elaborados métodos de figuración de la sociedad en referencia. Si el socialismo es un sistema que, por esencia, niega y se impone al capitalismo, no puede asumir sus normativas clasistas de democratización, raigalmente ideologizadas, por demás. A veces, incluso, nuestra defensa usa hechos concretos, como el acceso universal y gratuito a la salud, la educación y el deporte, por ejemplo, en una perspectiva similar a la que legitima al sistema capitalista, es decir, el sistema que debe ser superado por el que se construye.
Las hermosas fotos de Pardo Lazo, para emplear un ejemplo al que tanto Elaine como Ubieta acuden, y del cual escribí en su momento, entre ellas la de la eyaculación sobre la bandera cubana, responden a una construcción a priori ideológica. Se trata de un desafío construido sobre la base de un supuesto de intolerancia que será así mismo transmitido. Su imagen no reporta, ni siquiera recontextualiza un estamento social, sino que construye, fabrica, elabora con premeditación. Esta conducta, se objetará de inmediato, es perfectamente válida en arte, pero, añado a la objeción, se traduce como reportaje, es decir, se fabrica camuflada en expresiones artísticas para ser empleada como ariete ideológico. No hay arte sino propaganda instrumentada con mecanismos y técnicas del arte. Hay una ideologización previa a la propia creación que hace estrecha la concepción artística del mundo.
La condición artística de fotos como las de Pardo Lazo, así como reclamos en principio justos de algunos blogueros, desaparece en cuanto se enfrentan a la construcción de patrones de juicio que imponen sus tradicionales convenciones hegemónicas. Son expresiones mucho más comprometidas con una política (la del capitalismo en decadencia) que aquellas otras vulgares que cantan de modo inspirado y naif a las bondades del socialismo y la Revolución. En estos primitivos hay, en principio, ingenuidad y, por extensión posible, oportunismo (sano y malsano), pero en los sofisticados críticos de la Revolución hay un oportunismo que se fundamenta en la construcción de patrones de legitimación cultural capitalista. Se trata del oportunismo del depredador, del mismo modo en que la sobrevivencia de los más capacitados en la sociedad se postula, desde la perspectiva del capitalismo, a partir de quién mejora aprovecha la oportunidad.
Nada de ello, desde luego, les disputa el calificativo de blogueros. Y punto.
Hay, por demás y a pesar de las buenas voluntades de quienes nos duelen las “meteduras de pata” de nuestra propia gente, un autismo reactivo en el contexto de la blogosfera cubana, sobre todo en aquella que se halla radicada fuera de la Isla y que de anticastrista y democrática se ufana. Unos pocos pueden debatir en el campo de la teoría política, aunque casi en la totalidad, bajo la condición de no sobrepasar los marcos de los propios esquemas de preceptiva lógica del capitalismo, sobre todo de los esquemas reinstalados por llamado capitalismo tardío. De ahí que sean estructurados como tanques pensantes y que, por requisito, les sea imprescindible desterrar cualquier línea marxista de la discusión.
La fórmula perfecta es, entonces, la descalificación, la mancha negra sobre el expediente de pensamiento. Negar a ultranza y, muy importante, a priori. La manualización vulgar del marxismo, tan criticada por la mayoría de nosotros, si bien afecta a un conjunto general de la sociedad que no será a la postre el que analice desde su perspectiva los cuestionamientos, no debe afectar, por ello mismo, a quien de modo independiente desarrolla el pensamiento. Cierta aplicación espuria de la educación puede controlar la respuesta en el examen, pero no el grado de razonamiento de ese mismo educando. Argumentar que se controla el pensamiento masivo es también un modo de construir una realidad insoportable a toda vista, un mundo regido por los hilos de un Demiurgo ideológico que todo lo controla. La teoría del Gran Hermano fue construida por un agente de la CIA muy activo en la práctica de la Guerra Fría cultural: George Orwell. Entre otras cosas, Orwell aconsejaba en sus comunicaciones secretas a la Agencia que tuviese cuidado con los homosexuales, que eran propensos a la debilidad y, por consiguiente, ponían en riesgo el éxito de las estrategias de guerra. En ese punto, y en las nuevas circunstancias marcadas por la blogosfera, el ejército de asedio y agresión mediática entra a jugar el papel que le correspondería a la opinión pública, marcando las casillas estadísticas con su algarabía.
Son, en su inmensa mayoría, mercenarios. No mercenarios al cash únicamente, sino mercenarios del paquete publicitario que produce la construcción de patrones de pensamiento universal, mercenarios de la corriente que los coloca en el llamado narcisista de su perreta personal. O sea, mercenarios y punto.