De las instituciones revolucionarias y su desarrollo dialéctico

Jorge Ángel Hernández

El cambio radical puesto en marcha por la Revolución cubana en el sistema institucional de la nación, mostró hasta qué punto la sociedad puede avanzar si se actúa sobre las estructuras que garantizan la permanencia de las relaciones capitalistas de producción. Las drásticas, oportunas y continuas transformaciones de la Revolución en el poder, no solo neutralizaron la resistencia de la burguesía apoderada criolla, sino además las numerosas actitudes de consenso adaptativo a las que se acude cuando la correlación de fuerzas siente los efectos de un viraje importante. Se respondió de inmediato a cada nuevo freno de las circunstancias, con despliegue político importante, pero también con cambios institucionales profundos.

Tanto el anexionismo hipócrita como el entreguismo dócil quedarían sin posible asidero institucional en esta vertiginosa etapa de radicalización. Se trata de un mérito ejemplar de la revolución cubana, por cuanto demuestra que las posibilidades de avance apenas parten del imprescindible requisito de la toma del poder político. Este acelerado proceso operado en Cuba chocó, muy rápido y en correspondencia con el vertiginoso avance del proceso revolucionario, con los propios límites del cambio institucional en las siguientes fases de desarrollo interno de la nación. La nueva institucionalidad, en la vorágine de su propio desarrollo dialéctico y una vez que consolidaba los resultados de la etapa precedente, se enfrentó al dilema de asumir la ruptura desde sus propias bases, o atenerse a la conservación reformista de avances ya alcanzados. Ello, no olvidarlo, sobre la base de preservar el proceso político, fuertemente agredido por los diversos frentes que la Guerra Fría incorporaba a Cuba. Como se trataba de estructuras que habían arrojado un balance de logros muy superior al de los problemas y limitaciones, las nomenclaturas escalonadas de dirección institucional aplicaron los poderes administrativos que les estaban conferidos en un sentido que suplantaba lo ideológico con lo triunfalista. Los informes de trabajo se convirtieron en loas encendidas que en no pocas ocasiones se hacían inverosímiles para los propios trabajadores.

La indiscutible superioridad del proceso revolucionario, de ese modo, lejos de fortalecerse, se debilitó. No solo en el sentido en que se fundaba un doble discurso de vanagloria que eliminaba por edicto tácito cualquier señalamiento crítico, cualquier intento de investigación de problemas generados por el propio proceso de transformación, sino porque, una vez establecidas las bases comunicacionales sobre el hecho de que solo había logros y glorias desmedidas, cualquier señalamiento, por relativo que fuese, actuaba como una contrapartida fuerte de negación del sistema. Al polarizarse la actitud respecto a los errores lógicos en el curso de la praxis social, aun en los sistemas más cercanos al ideal de justicia y equilibrio social, se perdía el juicio ideológico concreto y se pasaba con tranquilidad al terreno de la Guerra Fría, hábilmente planteado, pensado y ejecutado desde las oficinas de la CIA. Se aceptaban, aun a contrapelo, las normas de confrontación imperialista.

Tanto fue así, que todavía en el siglo XXI la psicología social cubana es víctima de este mecanismo comunicacional. La alta dosis de beneficios que la población recibe, las garantías elementales de la Seguridad Social y los derechos básicos, se invisibilizan ante el señalamiento de las carencias y necesidades insatisfechas. Las múltiples expectativas cubiertas, y en demanda, fundamentadas por cifras de Organizaciones internacionales, desaparecen del espectro psicosocial para dar paso al listado de carencias inmediatas, muchas de las cuales se corresponden con niveles de vida de países desarrollados y de personas privilegiadas en su estatuto clasista y que, en general, constriñen lo cultural a valores de consumo masivo. Se suma a esto la relativa impunidad con que ha podido actuar el personal de los servicios básicos tras las circunstancias atemperadas por el derrumbe del campo socialista europeo.

Todas las transformaciones verdaderamente revolucionarias en el ámbito del sistema institucional demandan, poco después de su puesta en práctica, su renovación. Es una lógica que implica, justamente, desarrollo, avance, revitalización, de conjunto con una institucionalidad con que se lleva a cabo el tránsito.

Estas renovaciones pueden ser de tipo parcial sobre determinados mecanismos de acción y estrategia, de tipo estructural interno, de tipo sistémico, de sustitución o de eliminación. Para que este requisito pueda ser aplicado de manera eficiente, con el menor número de traumas sociales y perjuicios ideológicos, la sociedad necesita una constante evaluación, nutrida de los criterios, actitudes y conductas de los sujetos que representan los mayores índices de producción, consumo y reproducción de patrones culturales, y completada en los sectores especializados, tanto los de carácter epistemológico como los administrativos, a cargo siempre de tomar las decisiones.

Toda vez que estos elementos se fueron separando de modo antisistémico, atomizando la localización de los problemas y obstruyendo los puntos de evaluación por parte de la administración central del Estado, la transición socialista fue víctima de retrocesos, impactos negativos y hasta derrotas. Antes que en Cuba, en el socialismo europeo; posterior al nuestro, en el proceso de la revolución bolivariana. Es este uno de los elementos que inciden en que en la actualidad, una estructura de gobierno tan democrática como la del Poder Popular, tienda a diluirse en sus propios propósitos y no siempre se materialice como corresponde. No por gusto, la mayor parte de los planteamientos de la población relacionados con la actualización del modelo económico, relativos al VI Congreso del PCC, tienen su punto focal de solución en la aplicación administrativa. De la administración depende, en buena media, que las políticas de transición alcancen un grado de transversalidad en desarrollo dialéctico, aplicando la crítica y la autocrítica sobre la propia dinámica del proceso revolucionario.

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
Esta entrada fue publicada en Polémicas en Web y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a De las instituciones revolucionarias y su desarrollo dialéctico

  1. Pingback: De los reclamos de La Puerta del Sol y el nudo gordiano del capitalismo | Ogunguerrero

  2. Pingback: De la actualización del modelo socialista cubano. Novena imprescindible | Ogunguerrero

  3. Pingback: El gabinete del profesor Vandepitte | Ogunguerrero

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s