La Sociedad Económica de amigos del País premia al poeta Alpidio Alonso

Jorge Ángel Hernández

Esta es una noticia que siento como mía. De esos premios que asombran y que alegran el alma. El poeta Alpidio Alonso Grau fue merecedor del Premio Literario “Samuel Feijóo” sobre medio ambiente 2011 que otorga la Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP) “por ser autor de un cúmulo de libros con un alto valor lírico, en los que la naturaleza y el hombre son protagónicos.”

Más adelante veremos sus poemas. De momento, el agradecimiento a este hombre que ha entregado su vida a la cultura. Y sus palabras siempre agradecidas, comprometidas con la reflexión profunda y con la poesía.

Palabras de agradecimiento pronunciadas en la ceremonia de entrega del “Premio Samuel Feijóo de poesía sobre el medio ambiente”. SEAP.

Quiero, muy brevemente, expresar alguna ideas:

Primero, agradecer a la Sociedad Económica de Amigos del País y a los organizadores de este premio el haber tomado en cuenta mi trabajo dentro de la poesía para honrarme con un galardón que lleva el nombre de uno de los poetas cubanos que más admiro. Al propio tiempo, es para mí una gran satisfacción recibir este premio de parte de una institución de tanto prestigio, cuya labor secular dentro de nuestra cultura está asociada a la defensa y el fomento de valores que constituyen esencia de nuestro ser nacional, mucho más cuando se cumple hoy otro aniversario de Felipe Poey que, aunque no suele decirse fue, además de un gran científico, un notable poeta.

En segundo lugar, quisiera aprovechar la oportunidad que me brinda esta ocasión, para subrayar, una vez más, el vínculo profundo de nuestra poesía con la gran diversidad de elementos que conforman la naturaleza y el entorno en que ha vivido el cubano. Si hay un tema que atraviesa a la poesía de la Isla, desde sus inicios hasta nuestros días, es aquel que la sujeta a su realidad, dentro de la que el paisaje y “las bellezas del físico mundo” han sido cantadas y exaltadas por los poetas con la misma pasión con que –desde los albores de la nación hasta hoy- han denunciado en sus versos “los horrores del mundo moral”. Uno y otro tema recorren juntos el camino de nuestra poesía que es, a la vez, el de nuestra historia, sin que sea posible ya desligar uno del otro. En el tránsito hacia esa definitiva posesión en que el paisaje dentro de nuestra poesía pasó de ser solo “naturaleza” hasta convertirse en “espíritu”, se fue haciendo, también, la Patria.

En la poesía (y en la obra toda) de Samuel Feijóo asistimos siempre a un paisaje habitado, humanizado en las visiones desdibujadas e intensamente humanas de este gran poeta que, a la par, habría de ser durante su vida andariega un sensible y acucioso “pensador silvestre”.

En ese sentido, ningún otro poeta cubano me resulta tan cercano al José Martí desvelado en la intemperie misteriosa de su campamento en la manigua insurrecta por “la noche bella, (que) no deja dormir”, a ese mismo soldado mambí que en  una línea de su diario (en cuyas contadas sílabas: 5-7-5, he querido ver la miniatura maravillada de un Haiku) anotó apresurado: “De un curujey/ prendido a un jobo,  bebo/ el agua clara. O aquella otra, más conocida, e igualmente repartida en 17 sorprendentes sonidos: “Lola, jolongo,/ llorando en el balcón./ Nos embarcamos”.

Identifico asimismo en ambos, un sentido de la piedad ante la fragilidad y el dolor, que los une en un mismo conmovedor humanismo: El del Martí que se pregunta perturbado en su diario de campaña “¿cómo es que no me inspira horror la mancha de sangre que vi en el camino?, o el del que anota al vuelo, como para que no se le escape, en el margen de ese mismo cuaderno, ante “el grave momento” de la muerte del traidor Masabó, una observación que solo un poeta podía hacer: “Cuando leían la sentencia, al fondo, del gentío, un hombre pela una caña”.

Ese mismo enternecedor sentimiento es el que encuentro en los versos cortados de aquel Feijóo inconsolable ante la muerte de la guajira Nieves,” (..) en la Güinera, lejos de sus campos, donde cantó y jugó de niña. Casó con Juan Liriano, machetero de la caña, más que amigo, mi hermano. Cuántas veces me preparó la sopa, remendó mi camisa. Su mirada humilde, su sonrisa tan buena, ya no son. Escondida en tu fosa, mi amor, solo unos pocos te lloramos.¡Eras tan humilde, heroica madre pobre, con las manos peladas de la lejía, y el rostro rojo del constante fogón! Contigo muero más y más”(…)  O el de aquella página confesional de su “Himno a la alusión del tiempo” en que llega a decir: “si mi amor soy yo, lo cual es mi verdad, la locura de mi amor es la mía. La acepto, la comparto. Y esto solamente lo entenderá , solamente, quien sea poseído por un amor inmenso como el mío”. Impresión similar me producen aquellos versos de sus últimos libros en los que, acaso como en ninguno de los anteriores, se advierte (como muy atinadamente observara Cintio) esa “hambre” suya por las criaturas con que ha decidido quedarse: “sus pájaros, mariposas, abejas, cocuyos, monos, burros, vacas, chivos, lagartijas, (…), niños, ancianos, gentes buenas, héroes sencillos”, donde, tal como en su monumental Faz, “encontramos (y en esto coincido igualmente con Cintio) el mayor testimonio que tenemos del amor de un poeta cubano, después de Martí, a los pobres de su patria”.

Quisiera terminar, evocando una anécdota narrada por uno de los grandes compañeros y discípulos de Feijóo en sus interminables andaduras por los campos cubanos. Me refiero al recientemente fallecido poeta e investigador villaclareño René Batista  Moreno, a cuya memoria quisiera dedicar este premio, quien en su libro “Los bueyes del tiempo ocre”, refiere lo siguiente:

“Una tarde salimos Feijóo y yo de Camajuaní por la línea de ferrocarril que va a Caibarién y vimos en ella dos palomas que, pese a que nos acercábamos, se mantenían muy quietas. Feijóo cogió piedras y se las lanzó. De inmediato emprendieron vuelo. Como me extrañó tanto aquella actitud, le pregunté cómo era posible que un hombre como él, que amaba tanto la vida, hubiera querido matar a aquellas palomas. No dijo nada, continuó caminando, muy silencioso. Luego se volvió hacia mí y me dijo:

-Para que sientan miedo del animal más depredador del mundo. El que mata a veces por el placer de matar. Lo hice para que desconfíen, para que no dejen acercarse a nadie. Quería asustarlas. Las salvé”.

Más que cualquier otra cosa, hoy me interesa decir, con Feijóo, que la poesía en estos tiempos bien puede ser esa alarma generosa que nos prevenga y resguarde de la barbarie. Y que de todos los goces que proporciona, ninguno se compara al del efecto de esa pedrada bienhechora, que ayuda a que despierten y se alcen a su revoloteo incomparable las alas de la belleza, la esperanza, la vida.

Alpidio Alonso-Grau

La Habana, 26 de mayo de 2011

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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4 respuestas a La Sociedad Económica de amigos del País premia al poeta Alpidio Alonso

  1. Antonio Rodríguez Salvador dijo:

    Alpidio, hermano, un gran abrazo.
    Ya sabes, me hace muy feliz tu premio.
    Chichito

  2. Salvador V Guerra dijo:

    Felicidades a Alpidio, excelentes palabras de agradecimiento..

  3. Pingback: Suite poética para Alpidio Alonso-Grau | Ogunguerrero

  4. Juan C Recio dijo:

    Alpidio, un abrazo grande, también me alegro, aunque lo supe por tu correo, y lo llevé al muro, hoy leer poemas nuevos tuyos es un lujo, muy feliz, honor a tu poética y a esa poesía que me inspira tanto, felicidades y gracias a HP por esta entrega.
    JC Recio

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