La hora de Zelaya y la política en Honduras

Jorge Ángel Hernández 

Tras un proceso de mediación de los gobiernos de Venezuela y Colombia, protagonizados por sus Primeros Mandatarios y sus Cancilleres, el derrocado presidente hondureño Manuel Zelaya ha regresado a su país. Se trata, en efecto, de un paso claro para engrasar el reingreso de Honduras a la OEA, lo cual ha sido dura y subjetivamente criticado por analistas de la izquierda internacional. Confieso que compartí parte de esta reacción en tanto circulaban los primeros rumores, en general procedentes de fuentes que dedican mucho espacio a denostar a la Revolución bolivariana. A simple vista, y luego de la solidaridad que las naciones demostraron, parecía un error político. El entusiasmo conducía a continuar exigiendo la presión. La impunidad de los golpistas no legitima ningún proceso de respeto. Pero también es cierto que debajo de la crítica al golpe, funcionaron diversos cabildeos y se camuflaron formas hipócritas de apoyo que, en el bregar convulso del panorama político internacional, terminarían siendo reinsertadas en un nuevo contexto.

Así, la noticia fue un hecho y en poco tiempo Zelaya regresó a su patria, dejando expedito el reingreso de Honduras a la OEA y menos claros, aunque predecibles, sus vínculos con UNASUR. Pero también este proceso se avoca hacia un cuestionamiento a la nación centroamericana, con un llamado explícito a su integración al ALBA y, por extensión, aunque con menos posibilidades de que se lleve a cabo, a la exigencia colectiva de una política de menos impunidad policial en el país. Y constituye, básica y esencialmente, un gesto de reinserción de Zelaya a la política hondureña, algo que los golpistas trataron de impedir definitivamente. La legitimidad del régimen democrático no puede sustentarse, a estas alturas, en aquella cínica acusación del golpista Micheletti de tener vínculos de amistad con Hugo Chávez.

No es un triunfo, por supuesto, pero sí una salida que, si bien se plantea y se desarrolla, pudiera ofrecer mejor cosecha. No debe ser desdeñado el papel que desempeñe el Frente Amplio, proyectándose desde el carácter de grupo de presión, para trascender hacia el de fuerza electoral, con estrategias concretas en marcha hacia la toma del Poder. Aunque complejo, y en permanente peligro de divisiones y conflictos, puede enfocarse en el avance hacia una transformación revolucionaria gradual a través de las urnas, como ha ocurrido en otros procesos de América Latina. El primer paso ha de orientarse acaso hacia la arrebatada deuda de consultar al pueblo acerca de su voluntad para cambiar la Constitución, sobre todo aquellos artículos pétreos que la oligarquía sembró para garantizar su eternidad gobernante por medio de la vía jurídica. Es un camino largo del cual el primer paso, si se me permite adaptar en un giro de redundancia irónica el proverbio chino, es, sin más opciones, el primero.

Las presentaciones públicas de Zelaya, a su arribo a Tegucigalpa, son una declaración de su retorno a la política y, sobre todo, una expresión que demuestra un conocimiento real del panorama al cual habrá de enfrentarse en lo adelante. Téngase en cuenta que Honduras es un país en el que los tres poderes del Estado, y la Prensa, denominado convencionalmente el cuarto, están en manos de la oligarquía pro estadounidense, pro imperialista y monopolista militante. Ellos dominan no solo los organismos de control social formal represivo, como el ejército, la Policía y el Sistema Jurídico, sino además los sectores principales que reportan empleos y sustento para la inmensa mayoría de las clases bajas. Con creces demostraron en sus maniobras posteriores al golpe, que van a condicionar esos empleos de los cuales son dueños a la fidelidad partidista. Se trata, pues, de un escenario desigual que va a reclamar perennes dosis de inteligencia y firmeza en cada frente de lucha y resistencia. Y, sobre todo, en la labor ideológica que se lleve adelante con el electorado.

Junto a Manuel Zelaya, vimos a la ex canciller Patricia Rodas, usando como símbolo las mismas ropas con que fue arrestada. Más allá de ese símbolo, y del recuerdo aún vivo de su convicción, su capacidad política pudiera actuar como una garantía para que el necesario Frente Amplio, democrático para sí mismo y para el maltratado pueblo hondureño, vaya ganando terreno en sus propósitos.

 

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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