Berta Caluff en ¡La Hora de la Verdad!

Jorge Ángel Hernández

La Tertulia ¡La hora de la Verdad!, creada por el poeta Arístides Vega Chapú, fraterno colaborador de Ogunguerrero, recibirá hoy a las cinco de la tarde, en el Café literario de Santa Clara, a la poeta y ensayista Berta Caluff Pagés (Santa Clara, 1964).

Berta ha publicado los cuadernos de poemas Casa de Sabra, Vigía 1988; Cumpleaños del pato, Vigía 1990; Tiranía del Mito, Sed de Belleza 1994/Reina del Mar 2005; imagen tras la Imagen, Sed de Belleza 2000; En las playas de todos los mundos, Vigía 2007; El vigoroso trazado, Capiro 2008, y la compilaciones Ellos pisan el césped, Vigía 1988 y La non erótica, Cauce 2003/2010.

La escritora Lidia Meriño, a cargo de ¡La hora de la Verdad! en tanto Vega Chapú cumple compromisos de trabajo por tierras venezolanas, conversará con Caluff Pagés acerca de su poesía, sus preferencias literarias, sus vicisitudes existenciales y sus proyectos en curso. De la antología Mujer adentro (Oriente 2000) y El vigoroso trazado, son los poemas que siguen.

LO MALTRECHO

He aquí lo maltrecho,

no lo dormido.

Lo maltrecho, macerado

del alma frugal.

Por lo maltrecho se detiene,

salta el plexo,

entra presagio y sale mendicante*

y aún está detenida en lo frugal

el alma

que todavía habita

un templo sin salud.

* verso de Carlos Alfonso.

 

EN UN HÁBITO OSCURO

Perpetua soledad que amanece

libre de socorros, bien herida.

Ábrese y ciérrase

su gama de colores

oscuros que yo amo.

En la intensidad del sacrificio

recorro

los mismos parajes.

Sucesiva,

va soledad tras soledad,

la mía querida.

Y veo el mar

—siempre de noche—

con sus peces enormes,

de lejos, de perfil.

Llevo en brazos,

al fin,

el hijo negado.

Siempre seré lo que cierra,

enigmática figura que cierra

como el eco

en los vastos monumentos.

La última,

perdida, olvidada

en un hábito oscuro.

 

PENAS SIN TORMENTA                                                                                                                                          

No  puede

haber caído más agua

que dentro

de mi corazón las penas

sin tormenta.

Penas dentro,

pesadas dentro.

Penas dentro

y el agua hasta el cuello.

 

LLUVIA Y GRANIZADA

Llueve y cae granizada.

Para mal o para bien,

es el misterio

de la congelación del agua

en el espacio

poblado por Dios.

Hacia el hombre llueve en trozos

de hielo coruscante.

Acribillan mi puerta,

ya no hay orden

y no tengo paciencia para verlo.

Todo se moja, falta sitio

en la sequedad del silencio

que se acaba de romper.

 

VOLVER A LA INOCENCIA

En la quietud,

las horas mansas,

pelando las

cebollas  junto al

fuego, cuando

ha llovido en

la tarde, sin

poder mojarme como

quiero, trato

de ir domesticando

la lenta sensación de

“pase el tiempo”,

estanco de la sangre.

Volver

a la inocencia con

la carga

madura de

otra edad.

AHORA QUE HA LLOVIDO

Ahora que ha llovido

puede

haber más calma

y no esto que hace fuerza

y se aviva en la inconformidad.

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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