La intransigencia en los reclamos de los estudiantes chilenos

Jorge Ángel Hernández
Los estudiantes secundarios chilenos están llamando a la conciencia de su país y de parte de América Latina. Sus demandas no son solo justas, sino necesarias para un desarrollo en equilibrio social. Sin embargo, la fuerza adquirida por los procesos de privatización, y las influencias de las doctrinas económicas de Milton Friedman y la Escuela de Chicago, han calado hondo en la percepción general de una ciudadanía con influencia en el poder y a la que cada vez importan menos los abismos entre las clases sociales; sobre todo a juzgar por la última encuesta del Centro de Estudios Públicos, apenas el 23% de la población de su país.
De eso se vale el gobierno de Sebastián Piñera, recién arribado al récord de los menos populares de los presidentes chilenos, para defender los valores de la privatización en el sector educacional, camuflando el despliegue privatizador con un declamatorio llamado de exigencia a la calidad. Una “educación de calidad” es expresión oficial de campaña. Suplanta así el legítimo reclamo con su propia oferta de negocio. Y se deja ver, como en connotación, que calidad proviene de colegio privado, que la educación pública es la que necesita elevar sus niveles, lo que hace rebotar la culpa del problema en la propia población excluida, segregada o puesta en desventaja.
Así se insiste en el documento que entregaron a los estudiantes con la evidente convicción de que se trataba de un didáctico regaño de adultos a los que debían obedecer sin más, por el simple hecho de haberlos escuchado, aunque los reclamos fueran convertidos en nada, o, para decirlo con exactitud, en retórica huera. La culpa previa que el documento, y las posteriores declaraciones del Presidente revelan, es la de la intransigencia. Camuflan así su intransigencia oficial con una acusación de intransigencia. Para que la soga no parezca balancearse en la casa del ahoracado.
Tanto el Ministro del Interior como el Presidente lanzaron advertencias previas: “Se acabaron las marchas”, anunció Rodrigo Hinzpeter de modo autoritario tras no conceder permiso a los manifestantes. Piñera, más rompehuelgas, llamó a los chilenos “de buena voluntad” que “quieren vivir en paz”, a hacer uso de su derecho de asistencia a los colegios, todo en el pinochetista reclamo del “orden y la tranquilidad”. Orden y tranquilidad que se cualifica desde el punto de vista de los propietarios. Consideró además el Presidente que la actitud de los manifestantes era una “muralla de intransigencia y obstrucción” y lanzó la amenazadora advertencia que vendría después, que devino en más de ciento setenta detenidos, registros, gases lacrimógenos y chorros desde los carros rompehuelgas.
La promesa de inyectar “4000 millones de dólares al presupuesto de educación, desde ahora y por los próximos 4 a 6 años”, difícilmente resuelva alguno de los problemas planteados por los estudiantes.
26 veces hallamos en el documento que llama “al gran pacto nacional” una apropiación de la calidad a través de expresiones como educación de calidad, niveles, mínimos, estándares y resultados de calidad. Apenas tres veces aparece la palabra privada, aunque siempre asociada a lo de calidad, o al derecho a la diversidad y a la elección ciudadana. La elección, precisamente, mediada por el nivel adquisitivo, que es el punto esencial de los reclamos del estudiantado.
El gobierno chileno ha colocado una forzosa zanahoria. Se trata de un texto, como he dicho, de retórica huera, un simple elemento de respuesta que suplanta la ley con su autoritarismo natural. Al demonizar las marchas como no autorizadas, se deja el campo abierto para la imposición de la ley y el orden por parte de los rabineros.
Mientras, los universitarios prometen que su marcha va, aun a despecho de que la prensa no se canse de llamar la atención sobre ese carácter “no autorizado” de la manifestación. Para ser objetivos, no se recuerda en la historia de la humanidad antecedentes de que los explotadores, expoliadores de la riqueza y el trabajo de la sociedad, hayan autorizado a las masas a reivindicar sus derechos. Y es la moral lo que en verdad los autoriza. ¡Adelante!

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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2 respuestas a La intransigencia en los reclamos de los estudiantes chilenos

  1. Pingback: Chile: entre la marcha y la estrategia política | Ogunguerrero

  2. El día 25 de Agosto empapelaremos las ciudades de todo el mundo, desde las 22 horas de cada país saldremos a mostrar el apoyo a la lucha de los estudiantes chilenos, repudiando la represión a la que son sometidos y demostrando que somos un movimiento que está presente en todo el mundo.

    Puedes participar como un Anon o como una persona real que se interesa por la evoluci?n de nuestra sociedad. Invita a todos!

    No nos rendiremos y lucharemos por una educaci?n justa, transparente, de calidad y sin lucro en toda Latinoamerica.

    https://www.facebook.com/event.php?eid=203790073013068

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