Fidel conversa con los estudiantes chilenos

Jorge Ángel Hernández
El 29 de noviembre de 1971, el Comandante Fidel Castro Ruz dialogó con estudiantes chilenos en la Universidad Técnica del Estado de Chile y con autoridades de ese centro docente. Algunos de los temas aparecen vigentes cuarenta años después. Reproduzco, pues, parte de ese diálogo, como un llamado a no dejarse vencer por los maniqueísmos que los patrones de juicio naturalizan, hasta buscar el más injusto olvido, la más insalvable tergiversación.
[…]
Hay que armar los espíritus. Cuando el espíritu está armado, el pueblo es fuerte. Y cuando el fascismo asoma, armar los espíritus revolucionarios: cuando el fascismo se moviliza, cuando el fascismo se moviliza nace con todas las características de fascismo —y esto sin palabrería, viéndolo con toda claridad. Entonces este espíritu que vemos en la juventud es el espíritu que a nuestro juicio puede dar la batalla. Ese espíritu de las masas es lo que puede contener la ofensiva fascista que asoma sus orejas. Y lo digo no a título de visitante. Si me permiten, lo digo a título de víctima, porque los he visto en acción, con todos los atributos del fascismo, despertando sentimientos ruines, agitando los odios de clase, agitando egoísmos, apetencias, demagogias, intrigas, mentiras, insolencias, sin ningún límite.
Y eso es lo que se puede esperar de ellos, y mucho más. Y lo que dije lo digo o lo dije a título de víctima, porque he sido en cierta forma víctima de las groserías y de las cobardías y de las mentiras de los fascistas. Baste decir que en algunos lugares hemos llegado, después de horas y horas de interminable caminar, batallar, digamos incluso trabajar… No hemos escatimado un día de trabajo, un segundo, no nos ha importado dormir o no dormir. El sentido de la amistad, el sentido de la solidaridad, el sentido de la reciprocidad con el pueblo chileno nos ha motivado. Si cuando llegábamos a un lugar de campesinos nos daban un cuerno de vino o un tarro de vino —como lo llamen ustedes— y decían: tiene que tomárselo hasta el fondo; si en otro lugar nos daban una empanada de pino, ahí estaban todos presentes muy democráticamente y muy libremente. Y hubo quienes se dedicaron a sacar fotos de cuando empinaba el cuerno o me comía la empanada de pino para venir a relacionar la cosa más sencilla, más amistosa, más afectuosa del pueblo, con los problemas económicos o con los problemas del desabastecimiento, o lo que les dé la gana, y de una manera grosera tomarse la libertad de utilizar todo eso como arma venenosa y baja (APLAUSOS). Y es de las cosas menos groseras, y es de las cosas menos groseras y ruines que han dicho y han hecho.
Y ahí tienen su “libertad”, su celebérrima “libertad”: usar esas armas y esos procedimientos sin que nadie tenga el derecho de preguntarles a los directores y a los dueños y a los inspiradores de tales libelos qué hicieron ayer por la noche en sus casas (APLAUSOS).
Por ahí debe haber alguno. Y si ustedes dicen: “No se acerquen, porque estamos en el acto muy biológico de consumirnos una empanada”, van a decir: “¡Ah! ¡Sacrilegio! ¡La libertad de prensa está en peligro!” (APLAUSOS.)
Por eso, haciendo uso del modesto derecho de réplica (RISAS), y ajustando el 0,01% de cuentas, permítaseme haber expresado estos criterios de los farisaicos, de los mercaderes, de los hipócritas que actúan con ese odio que Martí llamaba “el odio que nace babeante del vientre del hombre” (APLAUSOS).
Y por lo demás, estamos a disposición de los estudiantes universitarios para un diálogo libre sobre los temas que deseen, para responder lo que pueda, lo que sepa o lo que me permitan las circunstancias (APLAUSOS). Con cualquier estudiante. No me interesa una pregunta preelaborada ni nada. Diálogo libre, incluidos “momios” (APLAUSOS). Y ojalá sea diálogo, para no verme obligado a largos temas magisteriales. Responder lo más rápido, breve y sintéticamente.
[…]
Tienen ustedes la palabra.
JUAN GUTIERREZ (Juventud Socialista).- Compañero Comandante Fidel: usted ha dicho también en Chile muchas veces que valora el aporte que los cristianos pueden y deben hacer al proceso de construcción del socialismo, y que no es solo una frase esa del Che que afirma, refiriéndose a la realidad latinoamericana, que cuando los cristianos se comprometan con la revolución, la revolución será invencible.
La organización de Izquierda Cristiana, a la que represento en este momento, se formó hace tres meses para reunir y organizar a todos los cristianos que quieren comprometerse decididamente con la construcción del socialismo.
Simultáneamente con la integración nuestra al trabajo en la base, compañero Fidel, que ya estamos haciendo por una invitación de la Unidad Popular, que conduce el proceso en este momento, hemos decidido integrarnos también a los organismos de dirección política.
Para dar este último paso, la Izquierda Cristiana ha planteado la necesidad de corregir algunas deficiencias importantes.
Ellas son: fin a las prácticas sectarias, que restan apoyo popular a la base del proceso (APLAUSOS); fin al “cuoteo” de los cargos, que conduce a que gente no idónea ocupe cargos de responsabilidad importante para el avance del proceso (APLAUSOS): creación de una instancia superior de conducción política para evitar la dispersión de esfuerzos y superar las diferencias internas que puedan producirse.
Nosotros quisiéramos saber, compañero Fidel, si en la Revolución Cubana se dieron estas deficiencias que hoy existen en el proceso chileno y si a usted le parece una práctica revolucionaria lo que nosotros, los cristianos de izquierda, estamos haciendo de frente al pueblo por superar estas deficiencias.
Gracias, compañero Fidel.
CMDTE. FIDEL CASTRO.- Bueno, las circunstancias en Cuba el 1ro de Enero eran diferentes, derivadas de nuestro camino. Cada camino tiene sus leyes: el nuestro tuvo las nuestras, el de ustedes tendrá las de ustedes (APLAUSOS).
Son inobjetables los planteamientos. Hay algunos conceptos que a veces no los comprendo bien, porque se habla de sectarismo, pero cada uno tiene su connotación y a cada uno le pregunto qué entiende por eso. Al parecer, no hay todavía acuerdo sobre el contenido del concepto. Pero no hay duda de que los sectarismos deben ser combatidos vengan de donde vengan (APLAUSOS).
Dos. Usted me hace una pregunta que se refiere no sé si a algún problema actual. Pero en el terreno pleno de la teoría debe buscarse, en una situación de lucha del pueblo, el principio máximo de la eficiencia con espíritu revolucionario.
Es indiscutible que esa palabra que ustedes llaman “cuoteo”, en el sentido que yo la entiendo, superar este tipo de problema que responde simplemente a viejas normas, no hay duda de ninguna clase que en un proceso revolucionario, si a mí me preguntan, yo digo que debe ser superado.
Oí decir algo de instancia superior. ¿De qué?
JUAN GUTIERREZ.- Instancia superior de conducción política.
CMDTE. FIDEL CASTRO.- No hay duda: instancia superior de conducción política.
Hasta ahí estas tres cosas muy buenas. Habría que preguntarse solo si son suficientes. Pero cuando se logran por lo menos tres buenas es un buen camino, es un buen comienzo, aunque falten seis más por lo menos. Pero ese es un problema de ustedes los chilenos.
Entonces es muy correcta esa frase: lo que significa estratégicamente para la revolución el que los cristianos tomen conciencia revolucionaria. Porque independientemente de los problemas de clase, se puede suponer que un superreaccionario apegado a los bienes de esta tierra, y muy en contra de sus propios preceptos que dicen ser sus preceptos de conciencia, defienda lo egoísta, defienda lo antipueblo. Puede ocurrir.
Nosotros conocimos algunos tipos de esos cristianos. Eran cristianos que pensaban que el reino estaba en este mundo, cristianos que no entrarán en el reino de los cielos, porque en su propia doctrina escribió, o dijo su inspirador, que “será más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos” (APLAUSOS). Y todavía realmente no hemos podido explicarnos cómo un camello pueda entrar por el ojo de una aguja.
Ahora, hay muchos cristianos obreros, campesinos, trabajadores humildes, o estudiantes, o técnicos, hombres y mujeres del pueblo, pequeños productores, hay muchos a los que tratan de engañar, de crearles una conciencia anticlase, utilizando incluso si es preciso los propios sentimientos religiosos.
¡Desconfiar de esos, desconfiar de tales prácticas!
Y por eso nosotros vemos el papel de los cristianos revolucionarios, de la izquierda cristiana: ganar a esas masas numerosas de obreros, de campesinos, de estudiantes, de hombres y mujeres humildes del pueblo a la causa de los intereses de sus patrias, a la causa de los intereses de los humildes y de los explotados.
Y será un servicio extraordinario al movimiento revolucionario en cualquier país y en América Latina, tan importante como importante es el movimiento en este continente.
Y por eso nosotros decíamos que la alianza no era táctica, que no se trataba de la teoría de los compañeros de viaje, sino sencillamente de la alianza estratégica. Hay que unir esas fuerzas y hay que unir esos elementos, porque el imperialismo no es débil: el imperialismo es poderoso. Y hay que sumar fuerzas para derrotarlos y derrotar a sus aliados.
Esta es nuestra concepción, que con toda franqueza la expresamos (APLAUSOS).
Por favor, no me retraten que voy a tomar agua (RISAS).
HERIBERTO PINTO.- Compañero Fidel: reciba el saludo caluroso de las juventudes comunistas, y aprovechando su presencia en la Universidad Técnica le pedimos que lleve y exprese nuestro sentimiento de amistad y solidaridad a la juventud y al pueblo cubanos.
Compañero Fidel, mi pregunta es: según su opinión qué hechos sobresalientes caracterizan el proceso revolucionario chileno y qué significado histórico le ve usted al mismo.
Gracias, compañero Fidel.
CMDTE. FIDEL CASTRO.- Hechos sobresalientes: aprovechó las condiciones específicas, las posibilidades concretas de Chile, dentro de determinadas circunstancias legales e institucionales. Aun dentro del Estado capitalista burgués y de sus instituciones, unieron fuerzas y abrieron una brecha, y la abrieron por vías pacíficas.
Desde luego, no hay que olvidar lo siguiente: que en la historia los que han aplicado la violencia no son los revolucionarios, sino los contrarrevolucionarios (APLAUSOS); y que el estado histórico de clase ha sido un estado de violencia y de represión. Y que no son los revolucionarios los que la buscan. El movimiento popular se ha ceñido a esas leyes, a esos principios, a esas instituciones. Pero si buscamos la experiencia histórica, no tenemos ninguna seguridad de que los reaccionarios, los fascistas, no vayan a acudir a la violencia (APLAUSOS).
De manera que ese es el primer hecho histórico —y primera vez en la historia—, de extraordinaria importancia.
Creemos que el deber de los revolucionarios en estas circunstancias es luchar por esa abertura, por esa puerta que han abierto. Y defenderla: defenderla por los medios legales, defenderla por los medios de masas, y defenderla por los medios que sean necesarios (APLAUSOS).
La historia enseña. La historia y la vida los enseñará a ustedes. Recordemos la historia de Francia, las luchas civiles en 1848; recordemos el 18 Brumario; recordemos el fascismo en Italia: recordemos el fascismo en España; recordemos el fascismo en Alemania: en qué base social se apoyaba, en qué métodos, en qué movilizaciones, en qué ardides, en qué trucos, en qué leyes y en qué violencia. Los regímenes más violentos que ha conocido la historia: regímenes carniceros, sangrientos. La historia enseña eso.
¡Ojo vizor con las enseñanzas de la historia! ¡Conciencia alerta, espíritu vigilante, decisión de luchar y de combatir en los terrenos en que les presenten la batalla! (APLAUSOS.)
La experiencia chilena es una experiencia singular e histórica. Los pueblos vuelven los ojos hacia Chile para ver, para aprender. Han visto el camino emprendido por ustedes. Ahora observarán cómo defienden ustedes ese camino; ahora de nuevo tratarán de observar cómo se comportan en Chile las leyes históricas, qué hace la reacción, qué hace el fascismo, y qué hace el pueblo.
Esas son, a nuestro juicio, las características más sobresalientes de esta experiencia y de este momento (APLAUSOS).
LUIS NUÑEZ.- Compañero Comandante Fidel: Usted en Concepción dirigiéndose a los estudiantes les dijo que la situación política por la que atravesaba el país era un proceso revolucionario, pero que no siempre un proceso revolucionario lleva a la revolución. A nosotros nos interesa que usted establezca cuáles son las diferencias entre esos dos conceptos, es decir, entre un proceso revolucionario y una revolución.
CMDTE. FIDEL CASTRO.- Un proceso es un concepto dialéctico. Un proceso es un camino. Un proceso revolucionario es una brecha que se abre en la dominación de clase de los monopolios, los oligarcas y los explotadores. Una revolución es cuando el proceso ha avanzado, una revolución es cuando el proceso se ha consolidado, una revolución es cuando los cambios son irreversibles (APLAUSOS).
Nosotros diríamos que hoy ya en nuestra patria la Revolución está consolidada y que los cambios son irreversibles. Podemos ser aniquilados físicamente, si se quiere; pudieran intentarlo —y no sería tan fácil— los imperialistas: invadir nuestro país, matar hasta el último hombre. Eso es teóricamente posible. Difícil en la práctica. Lo que ni en la teoría ni en la práctica será posible: hacer retroceder las ruedas de la historia. Lo que ni en la teoría ni en la práctica será posible: volver atrás.
En nuestro país podemos hablar ya de un proceso consolidado. La Revolución todavía es mucho más, todavía es mucho más si vamos a su concepto más amplio y más cabal, porque todos los días descubrimos nuevas formas, nuevas posibilidades de avance.
Por eso, pensamos que hay todavía infinitas posibilidades y que la sociedad nueva abre las posibilidades de un cambio ininterrumpido, de un avance ininterrumpido en la sociedad humana.
Muchas revoluciones han sido procesos. Hemos hablado incluso de la Comuna de París, para poner un ejemplo. Hay otros muchos casos. En ocasiones las revoluciones son aplastadas, e históricamente lo que se sabe es que cobran un precio muy alto en sangre los reaccionarios cuando aplastan las revoluciones. Y lo que hemos dicho es que aquí se ha iniciado un proceso revolucionario. Se concluye de eso que hay que trabajar, hay que luchar, hay que hacerlo avanzar, hay que consolidarlo, hay que defenderlo, hay que hacer todos los esfuerzos para que se convierta en lo que nosotros llamamos una revolución, cuando ese proceso se haya consolidado (APLAUSOS).
La cuestión es realmente de concepto. Ustedes son estudiantes. Sabemos que ustedes deben saber de esto bastante, más que suficiente. Yo no soy aquí más que un alumno al que le hacen determinadas preguntas y se ve en el deber de responder (APLAUSOS).
FRANET VERA (MAPU).- Compañero Fidel: en primer lugar queremos saludarlo muy fraternalmente, en nombre de los estudiantes del MAPU y en usted saludar también al glorioso pueblo de Cuba.
Queremos preguntarle algo que para la juventud y el proceso revolucionario chilenos tiene una gran importancia: los trabajos voluntarios.
Los estudiantes chilenos han encontrado en los trabajos voluntarios una gran fuerza movilizadora y una fuente de conocimientos y experiencias que les permite tomar conciencia en la práctica de qué cosas le interesan al pueblo y al desarrollo del país, entregándole fuerzas para impulsar la transformación de la universidad de acuerdo con esas necesidades.
Al respecto, sabemos que en la Cuba revolucionaria los estudiantes universitarios, encabezados por su organización nacional, la FEU, han recogido una valiosa experiencia.
Nosotros quisiéramos preguntarle lo siguiente: en primer lugar, cuáles son los factores que han permitido en Cuba el gran desarrollo que los trabajos voluntarios han alcanzado; cuál es el carácter que tienen esos trabajos voluntarios; y cómo han influido en el desarrollo de la conciencia de los estudiantes. Y por último, compañero Fidel, qué efectos han tenido los trabajos voluntarios de los estudiantes en el proceso de transformación de las universidades cubanas.
CMDTE. FIDEL CASTRO.- Mira: nosotros vemos el trabajo voluntario en el contexto del proceso y en el deber que tienen los revolucionarios de luchar por todos los medios, en todos los frentes, por consolidar sus posiciones. Entre ellos, contrarrestar los intentos saboteadores de la reacción a la economía, el intento de consolidar la economía en las áreas sociales. Eso es, desde luego, pudiéramos llamar, su fundamento económico. Incluso su fundamento político.
Pero hay además lo siguiente: que nosotros vemos en el trabajo voluntario un instrumento de formación, un instrumento pedagógico, a fin de evitar que los estudiantes se conviertan simplemente en trabajadores intelectuales, a fin de que los estudiantes se familiaricen con las realidades, a fin de que los estudiantes —en dos palabras— se formen como revolucionarios.
Nosotros lo hacemos por razones políticas, por razones económicas. Pero cada vez lo hacemos más por razones pedagógicas. Y digamos que si el país va a ganar, ya en las condiciones de nuestro país, con la más amplia participación del pueblo en esos trabajos, desde el punto de vista pedagógico ganará nuestra juventud.
El trabajo voluntario se ha desarrollado mucho en Cuba. Che fue el iniciador de esos trabajos voluntarios. Tiene hoy una gran fuerza en los estudiantes, en el pueblo en general.
Es más: en las condiciones de nuestro país, donde falta fuerza de trabajo, donde tenemos que resolver muchos problemas, ya —por ejemplo— la construcción de viviendas y otras muchas cosas se están haciendo con trabajo extra, pudiéramos llamarle plus trabajo de los obreros, como aporte de los mismos obreros para resolver muchas de esas situaciones.
Nosotros creemos que la situación de ustedes desde el punto de vista de trabajo es diferente. Aquí tenemos problemas de excedente de brazos. Pero yo creo que eso no seria un obstáculo, no debe ser un obstáculo realmente para que los estudiantes participen, para que los estudiantes se formen, para que los estudiantes forjen una conciencia.
No se olvide lo que se ha dicho: que el trabajo ha hecho al hombre. ¡El trabajo hace también al revolucionario! El proletariado es la clase revolucionaria, la más revolucionaria, porque precisamente está acostumbrada a producir con sus manos los bienes materiales, a soportar la disciplina y los rigores del trabajo.
Nosotros entendemos que el trabajo fortalece a la juventud. Nosotros entendemos que al técnico lo fortalece políticamente, lo fortalece moralmente, lo pone en contacto con la vida, y que además ustedes tienen enormes recursos. En esta batalla frente a la reacción, en este proceso, desde luego, esos recursos que significan los estudiantes, sus conocimientos técnicos, sus profesores y sus universidades, pueden dar realmente un aporte muy grande. En nuestro país lo están dando.
Claro que hay que ubicarse en las condiciones de Cuba. Es más fácil de comprender ubicado en las condiciones de Cuba. En las condiciones actuales de ustedes, me imagino que todavía los estudiantes oyen hablar de esas cosas como cuestiones un poco remotas y un poco distantes, debido precisamente a la situación de ustedes. También nuestros estudiantes al principio lo oían así. Pero ya todo eso se ha ido sistematizando a medida que avanza nuestro proceso.
Pero sinceramente ustedes tienen una gran fuerza, grandes recursos técnicos que nosotros no teníamos, una cantidad de estudiantes universitarios enorme. Y lo insólito: 90 000 estudiantes esperando ingresar en las universidades. Y mientras el problema de ustedes es ver cómo pueden ingresar, nuestra preocupación son los pocos que ingresan. Primero, porque la enorme marea que creó la Revolución, empezando desde la enseñanza primaria, no ha llegado todavía a las universidades; segundo, porque en nuestro proceso hemos tenido que emplear muchos jóvenes y muchos cuadros en distintas tareas, en primer lugar, en la defensa del país. En nuestro país, en determinado momento, hemos tenido que tener 300 000 hombres sobre las armas, hemos tenido que mantener equipos modernos en estado de alerta, sistemas de defensa antiaérea y de combate terrestre y de combate marítimo, que son complicados, que emplean la electrónica, que se necesitan niveles de preparación para manejarlos. Y por lo tanto, muchos jóvenes tuvieron que salir para esas tareas durante un número de años.
Nosotros, donde más de la mitad de los niños no tenían escuelas, donde los niveles de enseñanza secundaria eran muy bajos, hemos tenido que hacer un gigantesco esfuerzo formando maestros, formando profesores, e incluso improvisando maestros, improvisando profesores.
Ello, desde luego, se refleja todavía en la calidad de nuestra enseñanza. Nosotros tenemos todavía muchas deficiencias en nuestra enseñanza, derivadas de ese factor subjetivo de la falta de suficientes maestros y profesores. Ello se refleja en las promociones de los estudiantes.
Todos estos factores han limitado el ingreso en nuestras universidades hasta ahora. ¡Pero qué fabuloso recurso, qué privilegio, digamos, que en su país tengan esa enorme masa juvenil ansiosa de entrar en las universidades! Desde luego, a la vez refleja, indiscutiblemente, la falta de oportunidades para la juventud, refleja una situación social. Porque, desde luego, no habría un número tan extraordinario. Pero el hecho de que incluso se gradúen más de 80 000 todos los años, refleja, desde luego, un incuestionable avance educacional.

Ustedes tienen realizados determinados avances que nosotros estamos realizando ahora. Nosotros hemos partido de un punto inferior al de ustedes. Y ahí tienen esa enorme masa. Pero no se olviden de que en ese terreno sus enemigos les van a dar la batalla; en ese terreno van a hacer los más inauditos esfuerzos por penetrar, porque saben lo que significa para el proceso esa enorme masa de jóvenes, de futuros técnicos. Y van a tratar de darles la batalla en ese terreno.
Por eso nosotros creemos en la necesidad de que ustedes aúnen fuerzas en esa lucha. Es lógico que haya diferencias de criterios, y es lógico que incluso los criterios se defiendan con pasión. Pero permítanme decir una cosa aquí, y es lo siguiente: mientras fuera de aquí les dan la batalla a ustedes, mientras fuera de aquí los reaccionarios y los fascistas agrupan fuerzas, ustedes —cualesquiera que sean los criterios discrepantes— frente a sus adversarios no deben dar esas sensaciones de división (APLAUSOS). Y al menos que las divisiones de criterios, al menos que las divisiones de criterios no deriven en actitudes antagónicas, que no deriven en actitudes hostiles. Se los digo de todo corazón, se los digo con toda sinceridad, porque me parece un derroche de fuerza, nos parece que alienta al adversario.
Por eso digo: si, los criterios, los puntos de vista, defenderlos. Y defenderlos con convicción, defenderlos con pasión. Pero guardar un principio: es la izquierda, es toda la izquierda, cualesquiera que sean sus matices y sus criterios, que tiene delante un adversario, y un adversario que avanza o trata de avanzar, un adversario que no es débil.
Eso nosotros lo vemos, y por eso creemos de verdad, sinceramente, que deben existir esas normas de relaciones y de trato entre ustedes: que se discuta todo lo que se quiera, que se expongan los criterios, pero no desarrollen hostilidades, porque eso a la larga los debilitaría, cualesquiera que tengan la razón, o que tengan el máximo de razón. Seguramente que será muy importante, a medida que los criterios se esclarezcan, a medida que las líneas se esclarezcan, que haya en pos de esos criterios, en pos de esa línea, el máximo de unión y el máximo de fuerza.
Si ustedes me invitan aquí no para decir solo frases, no para contestar simplemente preguntas formales, sino para expresar impresiones, para expresar criterios, les decimos esto, porque estamos pensando en lo otro, estamos pensando que en este terreno del estudiantado la reacción y el fascismo les van a dar batalla, porque ellos saben la importancia que tiene para el país, ellos saben la importancia que tiene esta fuerza. Y nosotros vemos fuerza aquí. La vemos. Y sabemos lo que significa esa fuerza para el proceso. Y se lo decimos con toda sinceridad: preserven esa fuerza, increméntenla, únanla. ¡Avancen! (APLAUSOS.)
DAGRAS WELL (Partido Nacional).- (ABUCHEOS)…
CMDTE. FIDEL CASTRO.- No te desanimes y pregunta.
DAGRAS WELL.- Señor Fidel Castro, como todos nosotros sabemos, su país está bajo el régimen de una dictadura, y usted, con un sentido patriótico y grandes dotes de líder y un alto índice de intelectual, trabajó por la Revolución Cubana prometiendo al pueblo y a sus seguidores la libertad tan preciada y elecciones libres y periódicas (ABUCHEOS).
Teniendo usted toda esa experiencia, yo le pido que me diga con toda sinceridad si en Chile puede realizarse la revolución dentro de los marcos de la ley, respetando las garantías constitucionales, y si los poderes del Estado deben mantenerse separados (ABUCHEOS).
CMDTE. FIDEL CASTRO.- Señores, permítanme arbitrar en esta contienda. Realmente este tipo de pugna me gusta más. Son campos antagónicos, irreconciliables (APLAUSOS). Ahora bien, lo cortés no quita lo valiente.
Si un revolucionario fuera y se reuniera entre la masa de los fascistas a hablar, posiblemente lo quieran degollar. Con un revolucionario no podrían discutir: no hay argumentos. Por lo tanto, el odio y la desesperación conducen a los reaccionarios al homicidio del revolucionario.
Pero aquí a la inversa: si alguien con criterios sociales opuestos, criterios de derecha, viene a hablar, nosotros debemos reaccionar distinto y alegrarnos. Entramos en la pugna de las ideas. Lo respetamos como persona y como hombre (APLAUSOS), y debatimos todo lo que se quiera en el campo ideológico. Pero algo más: después le doy las gracias.
UN ESTUDIANTE.- ¡Paredón!
CMDTE. FIDEL CASTRO.- Por eso sólo, no. Después los acusan de extremismo, señores. Ganar la batalla en el campo de las ideas.
Muchas gracias por lo de grandes dotes de líder, muchas gracias por lo de intelectual, lo cual no ha sido comprobado.
Luchamos contra una tiranía apoyada por los oligarcas, apoyada por los monopolios yanquis, apoyada por los fascistas, apoyada por los esbirros, apoyada por los criminales. Ofrecimos la libertad tan preciada y elecciones libres y periódicas.
Bien: en la Universidad de Concepción lo explicamos, cuál era nuestro programa en aquella fase, cuál era el nivel de cultura política de nuestro pueblo, puesto que en ese instante y en aquellas especiales circunstancias, diríamos irónicamente: en aquel bello e idílico mundo para las “libérrimas libertades” y las más “periódicas elecciones” y las más “superlibres elecciones”, era en el concepto —según la entendían los reaccionarios— del Estado burgués, los mecanismos burgueses, los recursos burgueses, la cultura burguesa, la ideología burguesa… Digamos: se dice burgués en el término vamos a llamar convencional, un concepto. Pero más claramente, para que se entienda: en la ideología, en la cultura, en el estado, en las formas reaccionarias, nuestro programa todavía no era un programa socialista.
Pero si se analizan las medidas expuestas en el juicio del Moncada, expuestas no en la hora de la victoria sino precisamente en la hora de la derrota, si se analiza ese programa verán cómo nosotros nos limitamos en toda una primera fase de la Revolución a cumplir ese programa. Eso en primer término.
Y lo más bonito: lo más autocrítico que podemos señalarnos a nosotros mismos es que éramos todavía lo suficientemente ingenuos al triunfo de la Revolución como para no darnos cuenta del descomunal cambio que la misma guerra, que duró 25 meses, creó en la conciencia de las masas. No nos habíamos dado cuenta hasta qué tanto había avanzado aquella masa en aquella lucha, hasta qué tanto se había creado un poderoso movimiento, hasta qué tanto se había identificado el pueblo con ese proceso, hasta qué tanto había avanzado la lucha de clases en nuestro país.
¿Pero creen que acaso en aquel país, si vamos incluso con la constitución capitalista, con las instituciones capitalistas a unas elecciones, no se ganaban aquellas elecciones? Habría sido una verdadera paliza increíble.
No se trataba, señores, de conquistar el poder, o de someterlo a plebiscito, o de someterlo a la consideración pública (APLAUSOS). Era tan abrumador, tan tremendo el apoyo de masas, que eso no lo discutía nadie.
Y entonces fue cuando las masas —¡no nosotros!— vieron con claridad que era hora de avanzar más, de abandonar toda aquella superestructura capitalista y burguesa (APLAUSOS), de abandonar toda aquella mentira y toda aquella intriga, de abandonar todos aquellos cuentos.
Señores, vamos a hablar en un lenguaje revolucionario: eso es el cuento de la Caperucita Roja para niños de kindergarten (APLAUSOS). Habría que empezar por ver qué es libertad, qué es democracia, qué son derechos humanos. Y quiero que me digan qué es la igualdad, qué es la fraternidad, qué es la libertad.
Porque la filosofía en que se basa todo el proceso liberal burgués en el último siglo, cuando la burguesía adquiere el poder como fuerza que se desarrolla, incluso como fuerza que dirige a toda la sociedad, que desempeñó en un momento el papel que el proletariado juega hoy, y lo desempeñó como clase revolucionaria frente al feudalismo… ¿O es que nos hemos olvidado de la Revolución Francesa, inspirada en las ideas de los enciclopedistas y de los filósofos del liberalismo: Voltaire, Rousseau, etcétera, etcétera y demás cosas que dejo para las clases de historia de las doctrinas sociales de sus profesores? y se hace la primera Revolución, y se proclama la igualdad, la fraternidad y la libertad. Ninguna de las tres cosas realmente ha existido. Aquella fue la expresión ideológica de una clase que sustituyó a otra y estableció un sistema de dominio de clase.
No olvidar aquella revolución, la Asamblea Nacional, la Convención, Mirabeau, Danton, Robespierre: aquellos ídolos que surgieron y pasaron, y pasaron rápido. Porque los liberales, los revolucionarios del liberalismo, acudían a métodos expeditivos, y más expeditivos que los métodos socialistas. Y a muchos de estos personajes, y a cada uno de estos personajes, los fueron pasando por la guillotina. No vayan a creer que los marxistas inventaron eso: fueron los burgueses, fueron los revolucionarios de la burguesía en su tiempo. Y pasaron por la cuchilla a casi todos sus más prominentes prohombres, de tal manera que surgió una frase: “La Revolución, como Saturno, devora a sus propios hijos.”
Y se inicia una nueva era, un nuevo sistema social, con su filosofía, que respondía a toda una filosofía de clase, y de clase dominante. Y comienza a desarrollarse la sociedad burguesa, a dar de sí todo lo que era capaz. Rompió las ataduras y liberó ampliamente el desarrollo de las fuerzas productivas. Y esa fue una verdad tan clara vista por los teóricos, que la vemos hoy. Como al romper el molde feudal se abrieron posibilidades ilimitadas de desarrollo de las fuerzas productivas, surgió una nueva clase.
En la época de Danton, Mirabeau, Robespierre y demás, no existía el proletariado, no existía la gran industria, no existía la técnica en el desarrollo. Y surge una nueva clase: el proletariado. ¿Quién tiene la culpa? Surge una nueva filosofía del proletariado: el marxismo. ¿Quién tiene la culpa? (APLAUSOS) y la nueva clase, la nueva filosofía tiene sus conceptos sobre el hombre y sobre las libertades, sobre la igualdad, la verdadera igualdad. Porque a la larga las revoluciones proletarias van a darle a la humanidad lo que las revoluciones burguesas le dieron nada más que en el papel: ¡igualdad!, caballeros, ¡caballeritos! (RISAS.)
¿Qué igualdad puede haber entre el pordiosero y el millonario? ¿Qué igualdad de oportunidades? ¿Qué igualdad de posibilidades? ¿Qué igualdad humana? ¿Qué igualdad cultural? ¿Qué igualdad de vida puede haber entre el pordiosero y el millonario, entre el explotador y el explotado, entre el terrateniente que venia unos meses y se marchaba a París, a Roma, a Londres, a New York, a Miami? Mientras allí quedaba el paria descalzo, hambriento, sin trabajo, los hijos del otro hablaban francés, inglés, adquirían titulos doctorales, modales, finuras. Los hijos del paria que trabajaban en aquella tierra del terrateniente se morían de hambre, se morían de desnutrición; las epidemias se encargaban de acabar con ellos: la neumonía, la poliomielitis, el parasitismo, la gastroenteritis. ¡Ni médicos, ni medicinas, ni ropas, ni alimentos, ni dinero!
Esa era la igualdad que dieron a la humanidad los burgueses, los explotadores, con sus “elecciones superlibérrimas” y sus “constituciones supersagradas.”
¿Y quién ha dicho que hay nada eterno? ¡Lo único eterno es el hombre y su afán de progreso! (APLAUSOS.) ¡Lo único eterno es el camino de la humanidad hacia fases superiores de convivencia!
Los esclavistas de Grecia y de Roma, los patricios frente a los plebeyos y a los esclavos creían que su régimen superjurídico era justo y era eterno. Y en nombre de esa justicia y de esa eternidad lanzaban a los gladiadores, que eran los esclavos, a matarse en el circo, para divertirse; lanzaban a los cristianos, que eran los revolucionarios en aquella sociedad, porque se acogieron a una filosofía que hablaba del pobre y del humilde, y se los lanzaban a los leones. Y habrían querido que aquella sociedad fuese inmutable y eterna.
Y surgieron después los estados feudales con sus señoríos y con sus siervos de la gleba, hambrientos, abandonados. Surgieron los privilegios feudales, incluido el derecho de pernada, que disfrutaban con relación a las mujeres de aquellos siervos y las hijas de aquellos siervos, para citar un caso, para poner un ejemplo humillante de los tantos que vivieron aquellos seres humanos. Y creían también que aquel sistema iba a ser inmutable y eterno. ¡Orden social “maravilloso” que quién sabe cuántos crímenes y cuánta sangre costó a la humanidad!
Y después vino la revolución burguesa, todavía dentro del esquema de las clases y el predominio de las clases, y establecieron su Estado y sus instituciones y sus mecanismos de dominio de clase.
Y no se olvide aquello que dijo Marx del Estado burgués: la burguesía surge a la vida política chorreando sangre de pies a cabeza. Pero si antaño era la sangre de los esclavos y de los cristianos, si después era la sangre de los siervos de la gleba, luego fue la sangre de los obreros. Y el Estado burgués ha derramado sin piedad sangre de campesinos y obreros a lo largo de su vida agitada, a lo largo de su sistema de opresión y de dominación.
Preguntémonos qué pasó con la Comuna de París, qué pasó con los obreros que quisieron “conquistar el cielo por asalto”: cómo los asesinaron en masa, cómo los reprimieron de la manera más violenta. Estúdiese la historia del colonialismo, del capitalismo y del imperialismo, fase superior de esa sociedad capitalista; lo que hicieron en asía, lo que hicieron en Africa, lo que hicieron en América Latina. ¡Cuánto sacrificio, cuánto sudor, cuánta explotación, cuánta humillación, cuánta sangre! Se paraban con sus barcos de guerra frente a cualquier país e imponían su ley, y se apoderaban como fieras de sus recursos naturales y establecían sus repúblicas bananeras, o mineras o cañeras, con sus instituciones burguesas mediatizadas y con todos los resortes para mantener su dominio. Si lo podían mantener legalmente, bien; pero cuando no lo podían mantener legalmente, lo mantenían por la fuerza y lo mantenían por la violencia.
Han cambiado más gobiernos quinientas veces los propios burgueses de lo que los han cambiado los proletarios en el mundo; han suprimido más constituciones y más leyes los burgueses de las que han suprimido los proletarios (APLAUSOS).
¡Más valía que el proletariado y el campesinado y los humildes hubieran tenido chance de cambiar un poco más de leyes y de constituciones! Pero no fueron ellos. Son instrumentos llevados y traídos para mantener la dominación de clases, creando en los pueblos los peores vicios, los mayores antagonismos y divisiones.
¿Qué igualdad? Díganme: ¿El humilde obrero tenía oportunidad de gobernar el país? Díganme: ¿El humilde campesino tenía oportunidad de hacer leyes y de gobernar el país, en ese Estado tan acariciado, tan idolatrado?
Claro, ¿quiénes gobernaban? ¿Quiénes legislaban? ¿Quiénes se elegían de cualquier manera, movilizando los recursos económicos de clases? ¿El terrateniente, o el campesino ignorante y descalzo? ¿El millonario, o el obrerito que tenía que luchar por su sustento? ¿El poderoso y rico, o el humilde? ¿El culto, o el analfabeto?
Históricamente conocemos demasiado bien todo ese proceso para que con tamaños cuentos puedan venir a engatusar a nadie.
El problema es que los parias, los plebeyos, los explotados, los obreros, los campesinos, los humildes, han tomado conciencia de estas realidades (APLAUSOS).
Y con las nuevas revoluciones sociales, con las nuevas revoluciones sociales, con la nueva ideología, ¡adiós las formas de dominio burgués, adiós sus instituciones, adiós sus mecanismos falsos y demagógicos, adiós sus instrumentos de explotación!
Pero los pueblos no dan ese adiós sino cuando pueden. Y cuando nuestro pueblo pudo darles el adiós, y cuando las masas vieron eso —y lo vieron primero que nosotros— les dieron el adiós definitivo a tales formas. Porque nuestra Revolución implica, por primera vez en la historia, la desaparición de esa forma de división de la sociedad entre explotadores y explotados.
Surge el proletariado con la aspiración de convertirse no en clase dominante como los esclavistas de la antigüedad o los señores feudales de la Edad Media o los burgueses de fines de siglo XVIII; surge con la aspiración de crear una comunidad humana justa, sin explotadores ni explotados. Pero no surge como consecuencia de la idea noble y buena de los hombres. No surge como consecuencia de los utopistas. No surge como consecuencia de los sueños de Tomás Moro.
Tomás Moro habló de una revolución comunista cuando no había proletariado, cuando no había desarrollo de las fuerzas productivas, cuando no había una clase que pudiera ser portadora de ese cambio y que tenía, además, que hacerlo en virtud de las leyes de la historia. Y puesto que no era ni podía ser eterno, se planteó la revolución con su filosofía, que aspira a algo más, porque aspira a crear entre los hombres verdadera igualdad.
Y nosotros lo hemos visto. En nuestro país ya no hay millonarios, pero tampoco hay pordioseros; en nuestro país ya no hay explotadores ni explotados; en nuestro país no hay ya señores oligarcas ni terratenientes que se paseaban por Europa mientras sus infelices obreros y campesinos se morían de hambre; en nuestro país ya no hay un solo ser humano abandonado a su suerte. Lo que tenemos, lo poco que tenemos, lo repartimos. Somos un país pobre, no somos un país rico. Pero nadie se acuesta sin comer, nadie está descalzo, nadie se muere por falta de médico o de medicinas, nadie se queda analfabeto, y todos los niños tienen escuelas y todos los jóvenes tienen su centro de enseñanza y tienen posibilidad de llegar a los cursos superiores y a las universidades.
Nuestra Revolución no es perfecta. No. Todavía no hemos llegado a formas superiores. Todavía no hemos llegado a formas de expresión de lo que pudiéramos llamar la democracia, la nueva democracia proletaria. Pero sí decimos que en nuestro país el pueblo se siente parte de la Revolución, se siente parte del Estado. En nuestro país hay una sólida unión. En nuestro país nosotros decimos: todos somos estudiantes, todos somos trabajadores, todos somos soldados. El hombre adquiere una dignidad nueva, una dimensión nueva.
¿Cómo puede sentirse hombre aquel que ve por encima de su cabeza a los explotadores que lo escupen, que lo humillan, que lo desprecian, que lo matan de hambre? ¿Qué clase de igualdad es esa? ¿Qué clase de igualdad es esa que mientras las hijas de los poderosos y los ricos se paseaban por Europa e incluso buscaban títulos nobiliarios o matrimonios de millonarios, a muchas hijas de campesinos y obreros no les quedaba otro camino que el prostíbulo?
¿Y por qué no se habla de eso? ¿Por qué los reaccionarios no hablan de eso? ¿Tan cristianos como luego pretenden llamarse, tan humanos como pretenden llamarse, y admiten tranquilamente esas lacras, esos horrores dentro de la sociedad humana? ¿Por qué? (APLAUSOS.)
¿Qué derechos humanos son esos? ¿Qué derechos humanos son esos en que un hombre tiene que extender la mano para pedir una limosna, en que un niño tiene que andar descalzo y limosneando, en que una mujer tiene que venderse como mercancía en la plaza pública? ¿Qué derechos humanos son esos de un Estado y de una sociedad que no trabaja para el hombre y sus necesidades sino para las ganancias de los intereses privados? ¿Qué derechos humanos y qué Estado y qué libertad es esa en que los ricos y los poderosos envuelven todos los recursos naturales y humanos no para un fin social, sino para sus intereses egoístas; en que los ricos y los poderosos imponen sus condiciones, imponen sus leyes y lo imponen todo, y el hombre entonces no trabaja para la necesidad?
¿Qué sociedad es esa que crea necesidades ficticias, que despierta en los hombres ansias de consumo que no pueden satisfacer? ¿Qué sociedad es esa en que mientras hay cientos de miles de analfabetos y decenas de miles de niños que se mueren de hambre, de enfermedad o de desnutrición, quieren importar los lujos de las sociedades desarrolladas?
¿Qué Estado era aquel, el de nuestra patria, donde teníamos 300 000 automóviles, 60% de los niños sin escuela, ni un solo hospital en nuestros campos? ¿Qué Estado, qué libertades, qué derechos humanos que de tal manera ultrajaba al hombre, prostituía al hombre, envenenaba al hombre? ¿Qué Estado ese que usaba todos sus medios de comunicación masivos para vender mercancías, comerciar con todo: con los valores más apreciados del hombre, con la dignidad del hombre, con el sexo, con todo? ¿Qué Estado es ese —dedicado por entero los medios de comunicación masivos a defender los intereses de una filosofía de la ganancia—, que no le pide permiso a nadie para entrar en su casa, en su hogar, a tal hora del día o de la noche con su propaganda mercantilista? Medios de comunicación masivos en manos de los propios oligarcas, de los propios burgueses.
¿Qué libertades son esas que mientras ellos tienen la cultura, los medios, el dinero, lo tienen todo, el modo de expresarse, el infeliz campesino no tiene la cultura ni el medio de expresarse? ¿Qué libertades son esas, las libertades de ser propietario de los medios de divulgación de prensa, de los medios de divulgación de masas, y la libertad de usarlos en beneficio de sus intereses de clase?
Hoy en nuestro país todos los medios de comunicación de masas pertenecen al pueblo, ¡están al servicio del pueblo! (APLAUSOS.)
Allí no se despiertan ansias de consumo; allí se trata de educar: campañas de salud, lucha contra los grandes problemas que tiene la sociedad humana, que son muchos, que son infinitos, creando una conciencia solidaria, internacionalista.
Y por eso, cuando se produjo el terremoto del Perú, que hizo falta sangre y plasma, nuestras reservas se enviaron. Y cuando llamamos al pueblo a hacer donaciones de sangre para Perú, país con el que no teníamos siquiera relaciones, ¡cien mil personas en diez días donaron su sangre! (APLAUSOS.)
En nuestro país hoy no se comercia con la sangre, no es un artículo que se compra o se vende. Antes, en el pasado, una transfusión: 50 pesos. Para pagarle a alguien que se dedicaba a vender sangre.
Esa es la sociedad humana, ese era el Estado burgués: el tipo vendiendo la sangre y viviendo de la sangre vendida.
En nuestro país la sangre se regala, el pueblo les da la sangre a sus hermanos. Un cubano le da su sangre al cubano que la necesite; un cubano le da lo que necesite, ¡y si tiene que dar la vida por el cubano que la necesite, la da! (APLAUSOS.)
Pero cuando ya no se trata solo de la solidaridad dentro de las fronteras, cuando hace falta sangre para donarla a otros pueblos, aparece inmediatamente. Porque se han dedicado los medios a hacer conciencia, a ennoblecer al hombre, a levantar los valores morales y los valores humanos. Y si en vez de 100 000, se hubieran necesitado 500 000, habríamos tenido las 500 000 donaciones. A nuestro pueblo se le puede pedir lo que se quiera, ¡lo que se quiera!, porque se ha educado en eso (APLAUSOS).
Ahora ya en nuestro país las decisiones fundamentales no se discuten en un parlamento. ¡No! Pero se discuten en los centros de trabajo, se discuten en las organizaciones de masas (APLAUSOS). En nuestro país el Gobierno Revolucionario comenzó gobernando por decreto. Pero ya en nuestro país cualquier ley importante que tiene que ver con los intereses fundamentales del pueblo, la discuten millones de personas a través de nuestros centros obreros, nuestras organizaciones de masas, nuestras unidades militares. Todos. Porque todos formamos parte, a todos nos interesan esos problemas. ¡Ahora qué nivel de conciencia! ¡Y cómo ya en ese país para hacer una ley —aun cuando pueda tocar transitoriamente un interés del pueblo— es el pueblo el que la discute, es el pueblo el que la analiza!
¡Díganme ahora que el parlamentarismo burgués es más democrático que eso! ¡Díganme! (APLAUSOS.) ¡Díganme que elegir a unos representantes, díganme que elegir a unos representantes por equis años, sin que nadie después los controle, es más democrático, a las circunstancias en que un pueblo todo es legislador! ¡Allí todos pertenecemos al parlamento, todos somos parlamentarios, todos somos legisladores, y lo somos constantemente! (APLAUSOS.)
No hay representación directa. No: el pueblo no necesita quien lo represente, ¡porque el pueblo se representa a sí mismo! (APLAUSOS.) El pueblo no necesita quienes tomen decisiones por él. ¡El pueblo toma decisiones por sí mismo! Y nosotros, revolucionarios —nosotros, revolucionarios—, conducimos a nuestro pueblo por ese camino. ¡Esa es nuestra misión! Y creo que es lo único que da derecho a llamarnos revolucionarios. Y no pretendemos ningún tipo de ambiciones personales.
Como hemos dicho en otras ocasiones nosotros no buscamos glorias ni buscamos honores. No nos consideramos mejores que los demás. ¡No! ¿De dónde nacen los sentimientos nobles que podamos tener? ¡Del pueblo! Todos los hombres nacemos con tendencias buenas y tendencias malas, con tendencias egoístas y con tendencias generosas, con tendencias nobles y con tendencias innobles. La sociedad desarrolla unas u otras. La capitalista, desgraciadamente, desarrolla por todos los medios las tendencias egoístas, las tendencias innobles, las bajas pasiones, y las utiliza por todos los medios con un objetivo mercantil.
Nosotros tratamos de desarrollar las pasiones nobles. Pero nosotros mismos, los revolucionarios, lo que expresamos son los más nobles sentimientos del pueblo. No somos más que portadores de su propia nobleza, de su propia bondad. Nosotros no tenemos nada de nosotros mismos. ¡Lo que tenemos y sentimos los revolucionarios lo recibimos del pueblo y lo llevamos al pueblo! ¡Y es el pueblo quien nos ha hecho mejores, es el pueblo quien nos ha hecho más nobles, es el pueblo quien nos ha hecho más revolucionarios! (APLAUSOS.)
Nuestras formas pueden ser todavía más o menos perfectas. Y digo que todavía son más imperfectas que perfectas. Pero nada nos impide racionalizar, trabajar, luchar. Un pueblo absolutamente identificado y unido buscando lo mejor, con todo su vigor y toda su fuerza. ¡Esa es nuestra patria! Pero lo demuestra un hecho: que siendo un país de 8 millones de habitantes, ayudado, sí, por la solidaridad internacional, ayudado amplia y generosamente… Pero allí, en aquel país y en aquella trinchera ha sido el vigor del pueblo, el nuevo sentido del patriotismo, el nuevo sentido de la dignidad, el nuevo sentido de la moral, lo que nos ha hecho defender esa tierra, defender esas ideas, defender esa bandera.
Esa bandera es la misma de nuestros libertadores, ante la cual siempre se inclinaron con veneración y respeto. Sus colores no han cambiado. Lo que ha cambiado es el contenido de nuestra patria, lo que ha cambiado son las ideas que simboliza esa bandera que ya no es de explotación, que ya no es de sometimiento, que ya no es de injusticia, sino una bandera que significa para hoy todo lo que es la patria, las luchas del pueblo, sus grandes conquistas, sus grandes avances.
¡Y esas mismas banderas de los libertadores seguiremos llevándolas para elevarlas a su punto más alto! ¡Y esas mismas banderas esperamos hermanarlas con banderas iguales de América Latina, como hoy se hermana con la de Chile! (APLAUSOS.)
¡Y esas mismas banderas, a medida que los pueblos avancen y a medida que simbolicen la justicia y la liberación y la solidaridad y la unión, se irán hermanando con todas las demás banderas de los pueblos de América Latina, que algún día ondearán también, unidas, más alto de lo que han ondeado siempre!
Ese es el objetivo de nuestra lucha como revolucionarios patrióticos y como revolucionarios que nos hemos acogido a la ideología del proletariado, a los sentimientos del proletariado, a la solidaridad latinoamericana y a la solidaridad mundial. Eso es lo que representan nuestras ideas de hoy, nuestro Estado de hoy, nuestras instituciones de hoy, nuestros conceptos de hoy.
Nosotros si hemos llevado a la realidad los principios de igualdad, fraternidad y libertad que ningún otro proceso revolucionario pudo llevar. Y en cuanto a la forma en que deben hacerla los chilenos, en cuanto a si lo harán con ese Estado o sin ese Estado, con ese parlamento o sin ese parlamento, les digo que ustedes sabrán resolver correctamente el problema.
Muchas gracias (APLAUSOS).
JUAN GUTIERREZ (Juventud Socialista).- Comandante Fidel Castro: en nombre de los estudiantes socialistas queremos hacerle la siguiente pregunta: La clase obrera es la clase conductora del proceso revolucionario. Mas, es claro que los estudiantes en la Revolución Cubana estuvieron en la Sierra y en la lucha urbana y en el asalto al cuartel Moncada. ¿Cómo y en qué medida los estudiantes se transforman en aliados de la clase obrera en la lucha por el poder?
CMDTE. FIDEL CASTRO.- Lo vaya decir bien claro. Por su origen de clase los estudiantes suelen ser de clase media, a veces incluso de clase alta, y muy rara vez incluso de clase humilde. Esa era la situación del país. Pero hay lo que se llama factores subjetivos, hay lo que se llama conciencia. Y precisamente esos factores subjetivos en la lucha se desarrollaron con nuestros estudiantes. Y a pesar de tener un origen de clase que no era obrero, la inmensa mayoría de los estudiantes universitarios tomaron conciencia, con ese espiritu juvenil, con ese entusiasmo, con esa generosidad de los jóvenes, y abrazaron la causa de la Revolución.
Fue sencillamente un problema subjetivo, un problema de conciencia (APLAUSOS).
ELMUS CHAD (Juventud Demócrata Cristiana).- Comandante Fidel Castro…
(EXCLAMACIONES DE: “¡Puerto Montt, Puerto Montt!”)
CMDTE. FIDEL CASTRO.- ¿Qué quiere decir eso de Puerto Montt? (EXCLAMACIONES DE: “¡La matanza!”)
____________.- Es un suceso muy lamentable que ocurrió en el gobierno pasado.
(EXCLAMACIONES DE: “¡Asesinos, asesinos!”).
CMDTE. FIDEL CASTRO.- El no mató.
ELMUS CHAD.- Ningún joven demócrata cristiano tampoco está de acuerdo con que hayan muerto pobladores en Puerto Montt (ABUCHEOS).
Comandante Castro: a la juventud demócrata cristiana de la Universidad Técnica del Estado le interesa vuestra opinión sobre un tema bastante especifico. Para resolver el dilema trabajo-capital, explotadores y explotados —como decía el Comandante—, la república yugoslava ha instituido un régimen de autogestión obrera donde trabajo y capital se unen en una sola mano: la de los trabajadores.
Queremos saber, Comandante, si usted comparte la tesis china que coloca a la autogestión obrera como una forma de capitalismo.
CMDTE. FIDEL CASTRO.- ¿Qué tesis? ¿De qué tú estás hablando? ¿Tesis china o tesis yugoslava?
ELMUS CHAD.- Tesis que afirman que la autogestión…
CMDTE. FIDEL CASTRO.- ¿Pero qué tesis? ¿De qué país?
ELMUS CHAD.- China.
CMDTE. FIDEL CASTRO.- ¿Tú no decías yugoslava?
ELMUS CHAD.- La autogestión obrera se practica en Yugoslavia.
CMDTE. FIDEL CASTRO.- ¿Y a cuál de las dos tú te refieres?
ELMUS CHAD.- Yo quiero saber si usted comparte la tesis china que afirma que la autogestión obrera pertenece a una forma de capitalismo.
CMDTE. FIDEL CASTRO.- Bueno, ¿dónde tú oíste decir eso?
ELMUS CHAD.- Lo he leído, Comandante.
CMDTE. FIDEL CASTRO.- Bueno, yo no sé cómo será la forma china. Yo te digo la cubana. Fíjate bien: nosotros tenemos ideas muy claras sobre eso. Yo he estado hablando ampliamente… Yo no conozco ninguna fábrica china en que la fábrica sea propiedad de los obreros que trabajan en esa fábrica china. No conozco ninguna. Son propiedad de todos los obreros de China, según yo conozco (APLAUSOS).
Nosotros hemos estado hablando de los sistemas sociales, los sistemas de propiedad. Nosotros no queremos crear egoísmos en el seno del pueblo. Nosotros no queremos crear privilegios en el seno del pueblo. Nosotros no queremos corromper a la clase obrera (APLAUSOS).
Nosotros nunca hemos aplicado ese principio. No sé si alguien lo ha aplicado por ahí. Pero yo digo qué es lo que nosotros hacemos y por qué.
Todo el mundo sabe que todas las fábricas no tienen los mismos niveles tecnológicos, que unas tienen una tecnología muy avanzada y una productividad muy alta. Todos saben que no todos trabajan en las fábricas. En las escuelas trabajan los maestros, en la enseñanza de nivel medio trabajan los profesores, en las universidades trabajan los profesores y los estudiantes y los empleados de esas universidades, que no producen bienes materiales, que producen bienes espirituales.
Como nosotros explicábamos, en Cuba sólo en salud y educación trabajan 300 000 personas, pero también decenas de miles de cubanos tienen que estar con las armas en la mano defendiendo la patria (APLAUSOS). No producen bienes materiales y tienen que gastar, tienen que prepararse para el combate, tienen que prepararse para defender el país. No están produciendo bienes materiales. En nuestro país están los niños, que necesitan atención, que necesitan centros de recreación. El país necesita desarrollo, necesita recursos, necesita inversiones. Están todos los trabajadores del país. En nuestros países subdesarrollados desgraciadamente solo una pequeña parte trabaja en la producción de bienes materiales.
Respondiendo a esa pregunta, le digo que es maquiavélico, es diabólico, es de una demagogia criminal en cualquier sociedad tratar de introducir en los obreros esas ambiciones, esas corrupciones (APLAUSOS). Es demagógico y es criminal hablar de regalarles las fábricas a los obreros. Es convertir en pobres a los que están haciendo utilísimos servicios a la patria, aunque no estén trabajando en bienes materiales.
¿Y los enfermos? ¿Y los hospitales? ¿Y los niños? ¿Y las escuelas? ¿Y los jubilados? ¿Y los ancianos? ¿Y los que defienden la patria? ¿Y todos los que tienen que prestar servicios que no se traducen en la producción de bienes materiales y que no tienen fábricas?
¿Vamos a cambiar el esqueleto burgués por otro esqueleto tan burgués como el otro? ¿Vamos a trabajar mediante procedimientos fiscales, impuestos, luchas? (APLAUSOS.) ¿Sustituir las clases históricas por clases artificiales y tener obreros ricos y obreros pobres, y trabajadores que porque no trabajan con las máquinas no tendrían nada? ¿O vamos a introducir el mercantilismo en las escuelas, y cobrarlas, en las universidades?
No hablen de regímenes de impuestos, que en el fondo todo eso es una mentira.
Y puesto que me hicieron la pregunta sobre esta cuestión, digo con toda claridad que es maquiavélico, que es diabólico, que es irresponsable, que es criminal cualquiera que en nuestra patria —o, a nuestro juicio, en cualquier parte— se le ocurriera semejante locura.
(APLAUSOS).

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1971/esp/f291171e.html (Versiones taquigráficas)

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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