Los estudiantes chilenos van en serio

Jorge Ángel Hernández
Por tercera ocasión, el gobierno del Presidente chileno Sebastián Piñera propone reformas al sistema educacional. La Federación de Estudiantes de Chile (FECh), conjuntamente con el profesorado, han rechazado el último plan, constitutivo de cuatro ejes centrales: financiamiento, traspaso de los colegios municipales al aparato central del Estado, trabajar para que, de acuerdo con la ley, no lucren con la educación las universidades privadas, y asegurar la calidad de la enseñanza en todos los ámbitos. Los argumentos del nuevo Ministro de Educación, Felipe Bulnes, se basan en proponer un sistema combinado de becas y créditos, mediante el cual los alumnos de los sectores pobres reciban ayuda directa del Estado, con menores tasas de interés. A esto añadió un proyecto de ley que llevaría las actuales tasas de interés del 5,6% al a un 2%, en los casos de los que solicitan estudios en colegios estatales. Así, aunque se pretende evitar que las instituciones privadas no lucren con la educación, se les considera fuera de toda responsabilidad social y se les mantiene dentro de un rango empresarial, con el consabido estatuto de la calidad como exclusiva. Para el gobierno, el sector privado no solo es intocable, sino además infalible.
La cada vez más popular presidenta de la FECh, Camila Vallejo, ha expresado que el paquete de medidas revela más vacíos que propuestas concretas y ha mantenido la decisión de continuar exigiendo sus demandas. En uno de sus twitters dice: “quedan muchas dudas con el pronunciamiento del gobierno, queremos respuestas concretas y formales”. Ha llamado además al Estado a ser responsable y proveedor de la educación pública y ha asegurado a la prensa que demandan “mejorar el sistema educacional, pero no éste. Hay que avanzar hacia un sistema más inclusivo, verdaderamente diverso, democrático, justo, que tenga visión de desarrollo integral del país, y para eso no puede estar regido con la finalidad de lucrar”. Su perspectiva no es, obviamente, reformista, sino revolucionaria.
Se ha demostrado, pues, que el movimiento estudiantil chileno se enfoca en la solución de sus necesidades antes que en la negociación a través de paliativos, que ha apostado por el futuro de la nación antes que por las victorias efímeras de la inmediatez y que conoce las causas del problema, al que la propia Vallejo ha catalogado como “cáncer”. Y esto es lo que ha hecho trastabillar una y otra vez la propuesta privatizadora y reformista del gobierno, cuyos niveles de legitimación se van erosionando. En un orden pragmático elemental, el enfrentamiento al clima por parte de los manifestantes, convirtiendo las dificultades en elementos de lucha —los paraguas como identidad de continuidad y resistencia, por ejemplo—, da fe de que las estrategias se manejan con inteligencia y, a la vez, con prudencia.
El Presidente de la nación, por su parte, ha recurvado a la historia culpando, no muy indirectamente, a la Unidad Popular del pinochetismo, dando a entender que de esas pretensiones surge la mano dura. ¿Por destino fatalista histórico, o por amenaza no muy velada? En principio, parecían dispuestos a oponer la fuerza, con la manipulación de la ley, al movimiento estudiantil. De inmediato, y ante la estruendosa caída de popularidad, recogieron la pita de la represión y se han limitado a escaramuzas. Aún así, los vientos de socialización participativa que soplan desde las exigencias, presuponen peligrosas reacciones a la incomodidad.
Las marchas, calculadas en 240 mil asistentes en todo el país, y 100 mil en Santiago, los cacerolazos, los nuevos llamados y la firmeza ante los anzuelos reformistas, ponen en muy buen lugar a los estudiantes chilenos. Parece un movimiento que extiende el malestar a la conciencia, y la conciencia al accionar consecuente. No se ha buscado el gobierno un lío sencillo. Y tiene, Latinoamérica toda, un buen ejemplo.
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Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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