Bajo los azules cerros de San Felipe

Crónica de un viaje a Venezuela
Arístides Vega Chapú

Lectura en el Parque Arqueológico San Felipe El Fuerte


(entrega exclusiva para Ogunguerrero)

Luego de más de cinco horas por carreteras resbaladizas y una persistente lluvia, llegué desde Camatagua a la ciudad de San Felipe, capital del estado Yaracuy.
Lo primero que llama la atención de San Felipe son sus cerros azules que aparecen con prestancia se observe cualquiera de sus cuatro puntos cardinales.
Desde el hotel en el que estuve hospedado, por cierto su dueño es un venezolano hijo de madre y padre cubanos, se podía disfrutar en todo el esplendor de esas tonalidades de azules en que se juntan los cerros con un cielo casi siempre lluvioso.
También llamó mi atención su amplia vegetación verdecida, que se destaca pese a los edificios y avenidas, a toda esa extensión de cemento que han alcanzado las ciudades con la llamada modernidad. El verdor de San Felipe sigue siendo, a mi manera de ver, lo más hermoso de su paisaje junto a los azules cerros. Por lo que a muy pocos días de llegar escribí este poema:

Palo de agua

Cada tarde se acerca con suspicacia la lluvia
desde los azules cerros de San Felipe
que simulan ser borrosas manchas en el cielo.
Acomodan los destellantes rayos a las mujeres
en sus humildes casas
que apenas resisten la aguada.
Entibian a sus hombres
bajo sábanas almidonadas,
le acercan guaro en recipientes de barro,
hombres de mi edad
que rejuvenecen bajo la protección de ese vaho
que ni siquiera la lluvia perturba.

Quizás por esos encantos naturales sea la ciudad venezolana en la que más poetas he conocido: David Figueroa, padre e hijo, Yony Osorio, Linda López Ortega, cuyo segundo poemario publicado por la editorial El perro y la rana coincidió con mi estancia, por lo que pude asistir a su presentación, el entusiasta Jairo Brijaldo y su esposa Yoana Toro Salcedo, quien tímidamente me dejó leer unos poemas suyos que eran excelentes y del que yo escojo ahora uno para compartir y agradecer la gentileza de todos estos poetas y de todos los otros, de los que olvidé su nombre, pero no su afecto:

Verde Silueta

Dura es la piedra que forma tu cuerpo
Cubierta de húmedos musgos,
Olorosos bucles
Sobre la brillantez de la frente serena,
Indomable, el viento los agita
Llevando tu esencia hasta los confines de otros cuerpos,
Tristes y dolorosos olvidan
Que fueron formados a imagen y semejanza
De la verde majestuosidad del dios de los montes,
A quien se deben con humildad y respeto.

Delirio furioso, único escape hacia la azul tranquilidad,
En donde puedes extenderte erguida y orgullosa,
Mostrándote sin rencores a los millares de ojos que en ti se posan,
Buscando desesperadamente en la curvatura de tus formas
Una explicación que les alivie su cansado corazón.

En la Librería del Sur, en San Felipe, presentando la antología poética de Sigfredo Ariel El discreto encanto de la conversación, publicado por Monte Ávila

Confronte además:
En el estado de Aragua, camino al fin del mundo
En el mismísimo fin del mundo
Hay un sitio llamado Carora al que deberé volver

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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