Del poeta César Seco, Punto Fijo y de otros poetas aparecidos en la conversación

Crónica de un viaje a Venezuela
Arístides Vega Chapú
(entrega exclusiva para Ogunguerrero)
A Punto Fijo llegué el viernes ocho de julio con todas las expectativas de llegar a una zona libre de impuestos. Se tenga o no dinero, y no sé por qué motivo, este estatus seduce a cualquiera.
Lo que si no me imaginé es que camino a la Península de Paraguaná y desde la cercana ciudad de Coro, Patrimonio de la Humanidad, ganada por lo atípico de su manera de construir; una liga de barro y excremento de burro, me encontraría un extenso desierto, lleno de médanos, donde ubiqué a mis antepasados árabes y que me provocó escribir este poema:

En los médanos

Al final de la avenida, de los edificios
en que dibujan con lumínicos la prosperidad
mostrada como cierta,
justo en los inicios de la carretera de Paraguaná
se extiende el desierto en que me hice tomar una fotografía.
Como calígrafo marqué en la arena
la menuda palabra que nombra la Isla.
Manera de anclar mi país
en este sobrenatural paisaje adormilado por el calor.
Llevo meses lejos de Cuba
y ni siquiera la inmóvil nube de vapor
que ensancha los médanos de Coro
hasta hacerme creer que mi sombra se ha carbonizado,
me alivia la nostalgia.

También me sorprendió encontrar playas espléndidas, con azules cielos y un paisaje de postal turística. Rodeado de casas de alquiler, sobre todo de madera, pintadas con colores muy alegres y con amplios portales rodeados de jardines muy bien cuidados.
Un paraíso, les dije a los amigos que me acompañaban por si no se habían percatado por aquello de que ya les resulta usual y cotidiano ese paisaje.
Al César lo que es del César. Me dijo un amigo paraguanés al hacerme saber de su interés porque conociera al poeta venezolano César Seco. Habíamos ido a buscarlo a su casa, en Punto Fijo, una ciudad muy reconocida no solo por poseer las refinerías de petróleo más grandes del mundo sino y más bien por ser una zona libre de impuestos que ha diseminado por toda su región grandes comercios, algunos de varios pisos y grandes hectáreas, como altas y vistosas son las vallas comerciales que a ambos lados de la carretera de Paraguaná anuncian una prosperidad que solo a ojos vista es cierta.
Llegamos hasta una casa cuya antesala la ocupa una florería de barrio. Negocio familiar del que ahora vive César, después de haber dirigido, por muchos años, la Casa de la Poesía, en su ciudad natal, Coro, en el estado de Falcón.
Le confieso que es el primer poeta florero que conozco, aún cuando es fácil asociar ambos oficios. Él me responde con una sonrisa. Su tono de voz es grave y pausado, pero su expresión es siempre de alegría, como el que guarda demasiados buenos recuerdos como para no dejar de sonreír.
César Seco conoce a varios poetas cubanos. Los ha leído gracias a esa avidez por conocer a sus contemporáneos, sobre todo los poetas latinoamericanos.
Cuba no es un país más para el poeta, que además de haber nacido en el mítico año cincuenta nueve ha mantenido un vínculo con la caribeña isla materializado no solo con la lectura de cualquier poemario, a su alcance, escrito por un cubano, sino por haberse empeñado en visitar Cuba y desde entonces saberse hermanado con cuanto compatriota encuentra en cualquiera de los territorios por los que él anda.
Bastó compartir unas cervezas en Punto Fijo, en la espaciosa casa del joven poeta Inty, para que muy pronto nos sintiéramos cercanos a partir de una buena cantidad de amigos en común, que en la fluida conversación comenzaron a salir como testimonio de que al menos en el territorio de los poetas el mundo es un pañuelito.
Me habló del poeta Omar Pérez, a quien había conocido hacía poco en Colombia. De la poesía de Lourdes González, a quien aún no conoce personalmente. De Sigfredo Ariel y Roberto Manzano a quienes cree, como yo, grandes poetas.
En la placentera conversación descubrimos otros amigos comunes, los poetas venezolanos Yony Osorio y Gonzalo Ramírez. Al primero ya lo había conocido en mi visita a San Felipe, estado de Yaracuy.
A Gonzalo lo nombraba como un amigo, a pesar de que no nos habíamos conocido personalmente. Bastaron varias conversaciones telefónicas, desde las diversas ciudades que visité, para hacerme saber, con un tono de voz cálido y familiar, una cercanía que me acompañó en mi visita a varios estados de su tierra.
César Seco tiene publicado varios poemarios en los que destaco El laurel y la piedra (1991), Árbol sorprendido (1995), Oscuro ilumina (1999) y Mantis (2004)
Monte Ávila Editores Latinoamericana, en el 2007, tuvo a bien publicar una antología Lámpara y silencio, que recoge la producción de este poeta venezolano desde 1987 al 2004 , edición que el también poeta venezolano Gonzalo Ramírez prologó con palabras que ubican y recorren la importante trayectoria de este autor y en la que afirma: Me atrevo a decir que entre las voces que inician una nueva ruta, que marcan un nuevo rumbo, que abren una nueva etapa en la poesía venezolana, la de César Seco es una de la de mayor consistencia vital y verbal.
La antología, pese a su exquisita edición y su agradable visualidad solo cuesta diez bolívares. Un precio sumamente popular, al alcance de cualquier venezolano acostumbrado a que los libros hayan sido siempre sumamente caros y por tanto lejanos a ellos. Es uno de los logros culturales de la revolución bolivariana. Las Librerías del Sur.
Lo cierto es que varios poetas con los que me encontré en mi extenso recorrido por varios estados venezolanos coincidieron en que debía conocer la poesía de César Seco.
Suerte la mía de haberlo, además, conocido a él y haberme traído su antología poética Lámpara y silencio de la que ahora comparto este poema como aviso de que nos debemos el conocer a los buenos poetas venezolanos que diseminados por todo el extenso territorio de su país también desean conocer lo que de este lado se escribe. Sirvan estas líneas como intento de acercarnos.

Epifanía

Una vez tuve para ti un árbol y dispuse que bajo él fueras.
Sé que el año pasado hiciste votos
y supiste en mí lo que tú eres.
Ves, lo digo, escuchas con atención.
Está tu padre, tu madre, tú y el agua toda en casa.
No pude dejar te llevara la ola,
aquella vez en la playa, entonces.
Soy la luz prima en que te dejas ir.
Soy de tu atención, soy tú.
Este ahora es ayer, es siempre.
Ayer y mañana no son hoy.
Hoy te llama esto:
El mugir de una vaca.

Con el poeta César Seco y otros poetas de Punto Fijo


Confronte además:
La ciudad de las casas de barro
En el Tocuyo, donde un Comandante estuvo a mi orden
Hay un sitio llamado Carora al que deberé volver

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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Una respuesta a Del poeta César Seco, Punto Fijo y de otros poetas aparecidos en la conversación

  1. César Seco dijo:

    Gracias poeta por esta cálida semblanza. Un abrazo. Vuelva cuando quiera, esta es su casa y su segunda patria!

    César Seco

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