Los reyes son los padres

Rogelio Riverón

A dónde fueron los reyes, Cauce 2010 72 pp.


Unos menesterosos muy singulares son los personajes que maneja Marvelys Marrero en Adónde fueron los reyes, de la Editorial Cauce, 2010. Gentes de arrabal, diría Jorge Luis Borges —o Samuel Feijóo, váyase a ver—, que pareciendo hablar poco, hablan demasiado.
Me explico. Buena parte de la información imprescindible para que un relato sea tal, obra en este libro en boca de los personajes. Información de diferente índole, y no solo aquella que presupone acción. Así que al decir que hablan demasiado, no les reprocho nada. Desde las novelas olímpicas de Liev Tolstói, hasta lo mejor de la llamada narrativa de la violencia de la década de 1960 en Cuba, se puede constatar el provecho que saca la literatura realista de los diálogos. En jerga beisbolera se dice que el bateador inteligente exprimió al pitcher cuando lo enredó en una larga alternancia de bolas y fouls, hasta tomarle la base. Cuando Eduardo Paret exprime a Vladimir García, aplauden los fanáticos del apocado equipo de Villa Clara, mientras otra villaclareña aprende a exprimir a sus personajes a través de lo que ellos mismos dicen.
Adónde fueron los reyes consta de nueve historias, enfocadas sobre ese difícil lapso que va de la niñez a la adolescencia. Lo que no deja de ser una ilación de temas conocidos, tiene la virtud de saber organizarse de forma precisa y sugerente. La angustia, el descubrimiento de la simulación o de que los padres sencillamente no son héroes, la autocompasión, la envidia, la esperanza y la necesidad de adaptarse a un mundo que se ensancha para bien y para peor, no son ciertamente asuntos nuevos, pues, según un casi olvidado ruso de apellido Belinsky, en arte hasta lo inédito es repetición. Sin embargo, la prosa de Marvelys Marrero (1981) da una buena idea de lo que se propone la joven narrativa cubana. La santaclareña (ya lo he dicho) recurre a la enunciación dialogada —mediante el uso de pleca o repujando el discurso de un narrador omnisciente con pensamiento o frases de los personajes—, aprovecha la jerga y, lo que parece más importante, parece manipular ciertas cadencias del habla infantil en busca de fluidez y de sensaciones como la ansiedad y el desamparo.
Uno de los riesgos de relatar historias consiste en que el autor podría sentirse tan a gusto en lo que urde, que olvida el compromiso de mantener información de reserva. El último cuento de Adónde fueron los reyes incurre en algunos de esos deslices, pero ya no puede acabar con la sensación de novedad del resto del cuaderno.
Fuente: Granma, 24-08-2011
Url: http://www.granma.co.cu/2011/08/24/cultura/artic02.html
Confronte además:
A dónde fueron los reyes, en el Sábado del Libro en Santa Clara

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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