Como corroborando su singularidad, Santa Clara tiene su hombre espectáculo

Arístides Vega Chapú

Atocha en La Hora de la Verdad


Como el niño de Atocha, ese inquieto, juguetón y caprichoso representante del destino con que fue sincretizado Elegguá, en la religión yoruba, Andy Montalvo Chamizo, el Hombre espectáculo santaclareño, se hace llamar Atocha, para con ese sobrenombre mostrarse ante cualquier público que precise de una diversión atractiva, sana y demostrativa de cuantos saberes puede un artista dominar para poseer el encanto de atrapar su atención.
Ayer en la tarde, en el Café Literario de la ciudad de Santa Clara, en el espacio que sostengo los viernes alternos y que he llamado La hora de la verdad, pues con sinceridad, respeto y sin censuras pregunto y espero de mis invitados la honestidad de sus respuestas, tuve de invitado al Hombre espectáculo de la ciudad que se hace llamar por Atocha.
Con su gracia y desenfado estuvimos más de una hora conversando ante un público que agradeció su presencia sobre todo por su singular propuesta.
Atocha, además de una afinada voz y un timbre muy particular para interpretar géneros cubanos como la guaracha, domina con soltura y gracia cualquier espacio que convierta en su escenario. Suele interpretar los temas de su repertorio apoyándose en coreografías que él mismo se monta y a las que su entrenado cuerpo de ex gimnasta, responde con profesionalismo. También es percusionista. Sus padres le facilitaron un profesor cuando aún era un niño. El dominio de varios instrumentos también es una apoyatura a todo ese variado y movido espectáculo con que él suele presentarse y deslumbrar a públicos muy diversos como los que suele recibir el Centro Cultural El Mejunje, donde se ha estado presentando Atocha con mayor regularidad.

El poeta Vega Chapú entrevista a Andy Montalvo Chamizo (Atocha)


El entrenamiento recibido hace años atrás en la escuela de deportes le sirve para asumir varios números de trapecio, desplazarse con agilidad por un escenario, descender desde lo más alto a través de una cuerda y todo lo que su carácter inquieto le sugiera.
Muchos de sus actos tienen que ver con los números de circo que alguna vez vio y lo deslumbraron. Porque Atocha asume todos esos antiguos saberes de los artistas de circo que andaban de pueblo en pueblo, junto al de los juglares que a costa de divertir mostraban diferentes números en que ponían a prueba su destreza y perseverancia.
Elegante y respetuoso con el público, dueño de una gracia que si bien es característica suya la pone profesionalmente en función de los espectáculos que él se inventa para sí mismo.
Valdría la pena que las instituciones y autoridades de la cultura dieran a este joven valioso y emprendedor, inteligente y persistente, todo el apoyo que merece su propuesta. Disfrutarlo en los escenarios nocturnos de la ciudad, muchos de los cuales han sido invadidos por un seudo arte foráneo, de mal gusto y banal, sería lo justo.
Ramón Silverio, ese hombre entregado a la cultura y con una visión proverbial, descubridor de talentos, le abrió las puertas del Mejunje. Otras puertas deberán ser abiertas, por justicia a él y a un público que no es inocente, ni ignorante. Un público que sabe apreciar el talento y que se ha formado en valores que están muy lejos de algunas propuestas con que se intenta divertir hoy como si fuese enajenar la función principal.
Atocha interactúa constantemente con un público que en poco tiempo se percata de que está asistiendo a un espectáculo muy particular y diferente a cuantos haya podido ver anteriormente.
Y es que el mérito mayor de Atocha radica en que sus espectáculos no se parecen a ningún otro. Él no tiene referentes inmediatos, pues el espíritu de esa manera de hacer arte que ha reactualizado se fue perdiendo en el tiempo, desde que en algunos cabarets habaneros, en los años cuarenta, comenzaron a aparecer los hombres espectáculos y estos fueron desplazados por otras variedades como los magos o los ilusionistas.
Pero Atocha no es ni siquiera una versión de aquellos, él no los vio actuar, ni tiene información alguna de la presencia de estos en los cabarets, sobre todo, habaneros.
Atocha ha metido mano a todo ese imaginario personal que en él habita y que está conformado por números de circo, de bailadores famosos y guaracheros que no solo saben incendiar con su voz los escenarios sino con sus desplazamientos danzarios.

La Hora de la Verdad, viernes 2 de septiembre de 2011


Atocha ha conformado sus espectáculos de esos sueños que desde la infancia y con mayor fuerza en la adolescencia contaba a sus padres como deseos y estos desde entonces decidieron apoyarlo porque, aunque no son músicos ni artistas ni mantienen ningún vínculo con el arte, supieron ver en su hijo ese deseo sincero por el que se está dispuesto a todo.

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
Esta entrada fue publicada en El Diario que a diario. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s