En contra de Agustín de Rojas

Jorge Ángel Hernández
Jamás he conseguido estar de acuerdo con Agustín de Rojas (Santa Clara, 1949-2011). Desde que publicó Catarsis y sociedad, acerca del cual polemizamos, desde mi columna habitual en el programa radial de la UNEAC En resumen, y en el suplemento cultural Huella, del Periódico Vanguardia. Si bien Agustín no me concediera jamás la razón, tampoco abusó de su superior posición, como un escritor ya reconocido ante un hijo de campesinos que, viviendo en Vueltas, pretendía enmendar su plana. Luego tuvimos un duro enfrentamiento, cuando fundamos la revista UMBRAL, que terminó con sus disculpas en una carta personal que aún conservo. Pero así fuimos siempre: de dos bandas opuestas.
Si él veía la estética como un modo de representar la naturaleza, yo la entendía como una construcción convencional del creador. Si él insistía en premiar a Lorenzo Lunar en un concurso, yo argumentaba que ese premio mejor iría a parar al currículo de Rebeca Murga. En los habituales debates de Hacerse el Cuerdo, se las arreglaba para colocar su ángulo de perspectiva sobre las cuestiones culturales que con tanta fuerza debatimos. Yo, por mi parte, satirizaba su ángulo y lo hostigaba con una de esas expresiones sarcásticas que tanto me persiguen. Y así también en las reuniones de la Sección de Literatura de la UNEAC, donde mi condición de Presidente me obligaba a censurar los sarcasmos y solo plantearle algún que otro sofisma. Y acaso esa es la clave: por principio, a dos sofistas les es imposible estar de acuerdo.
Sin embargo, cuando mi novela La luz y el universo era apenas un mecanuscrito en una letra ilegible, impresa a un espacio y a página completa en hojas no muy claras, él la tomó en sus manos y me pidió permiso para llevarla consigo y leerla. Se la entregué, anunciándome una nueva confrontación estética-ideológica; y regresó al día siguiente, con la novela leída y un grupo de consejos. Menos el de cambiarle el final, los acepté todos y me lancé a una nueva redacción del libro, hasta cumplir con uno en que enfatizó: Mándala a un concurso importante, que está para ganar.
Antes de El rostro y la palabra dedicado a su obra, en la UNEAC, donde tanto nos divertimos con las bromas acerca de que presenciaba los elogios como quien asiste a su propio funeral (esa despiadada doble —e irreversible— dirección del humor negro), coincidimos como Jurado en el encuentro municipal de Talleres Literarios, en Santa Clara. Extrañamente, y por suerte para la joven narradora que nos acompañaba, Marvelys Marrero, no nos dedicamos a enfrentarnos, a rebatir a toda costa nuestros puntos de vista; más bien complementamos los señalamientos y le reconocí ante ese grupo de escritores, una vez que Marvelys la citara como ejemplo, su importancia para La luz y el universo.
Nadie imaginaba, sin embargo, que Agustín estaba tan cerca de la muerte, aunque, mirado con el inútil prisma de la retrospectiva, es de pensar que él la veía venir, que había pactado con ella en alguna imprecisa encrucijada. De ahí que ahora tampoco comparta su criterio, mucho menos su decisión de marcharse de repente. Como antes, no aceptará ninguno de mis argumentos, se quedará tendido en ese sitio desde donde los mitos se bifurcan, se multiplican y se reestructuran. Aunque, quien sabe, acaso alguien que se dedicó a construir inagotables mitos cotidianos, regrese con esa misma objetividad que es tranquila y palpable en sus obras literarias.
Confronte además:
Dios lo acoja en su diestra

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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3 respuestas a En contra de Agustín de Rojas

  1. Juan C Recio dijo:

    Es una noticia muy triste, tanto el de A Vega como este post tuyo, muy sinceros y sentidos. Puse en mi blog un enlace a este tuyo, al final de Dios lo acoja a su derecha, escrito por A Vega.
    un abrazo y que en paz descanse el amigo A de Rojas.
    JC Recio

  2. ogunguerrero dijo:

    Acabo de llegar del cementerio, a donde acudieron sus hijas, su esposa, unos poccos familiares, funcionarios de Cultura y el PCC y un buen número de escritores de varias generaciones. Lorenzo Lunar ha despedido el duelo. Es difícil, sobre todo cuando sabemos que se encerró en una especie de eutanasia que acortó sus días.

  3. Antonio R. Salvador dijo:

    Recién ahora me entero. Manda pinga¡¡¡
    Chichito

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