Una Hora de verdad con José Manuel Espino. (I)

El escritor y sus concursos

José Manuel Espino (Colón 1966) en El Mejunje de Santa Clara, agosto 2011


Arístides Vega Chapú
Ahora estoy recordando una conversación que sostuve en el parque de Guantánamo, hace ya unos cuantos años atrás, con José Manuel Espino. Participábamos ambos de una de las aventuras más disfrutables que, teniendo como protagonistas a escritores y trovadores, se han realizado en el país. Un recorrido por toda la Isla que se inició en Santiago de Cuba y terminó en Ciudad de la Habana, después de haber andado por parte del territorio pinareño hasta un punto cercano al Cabo de San Antonio.
Esperábamos en el parque guantanamero la autorización para visitar la Brigada de la Frontera que custodia la integridad del país justo en la frontera con la Base de Guantánamo. La espera se hizo más larga de lo que pensábamos y Espino y yo buscando la sombra del abrasador calor guantanamero nos sentamos bajo un frondoso árbol. Recostados al colosal árbol me leyó lo que entonces era su último poema.

En la gira poética "La estrella de Cuba", 2003

Primero me conversó sobre cómo lo había pensado una y otra vez, hasta que pudo, de un impulso, escribirlo. No recuerdo ni el título ni la historia que inspiró el poema, pero sí confieso que estaba rigurosamente tan bien escrito que fue a partir de ese momento que comencé a reconocer a José Manuel Espino (Colón, 1966) como un excelente poeta que podía escribir otros géneros.
Muy al contrario, la comunidad literaria, en su gran mayoría, lo reconoce como el más prolífero y reconocido escritor de literatura infantil de su generación. Algo que avala los innumerables libros publicados, los premios y reconocimientos en este género, en el que destaco el Premio Especial La Rosa Blanca, concedido en el dos mil nueve.
Pero otras innumerables publicaciones y premios lo avalan como un escritor que puede moverse en cuerdas tan distintas como la literatura infantil y la destinada a adultos, narrador, poeta y dramaturgo. Es decir un escritor prolífero, laborioso, afortunado y respetado.
Por eso quiero hacer saber sus criterios, los dados en esta entrevista que se realizó en el Café Literario de Santa Clara, en una tertulia que nombro La Hora de la Verdad, porque cuento con la sinceridad de los invitados.

AV: Tú eres un reconocido escritor de literatura infantojuvenil. Para mí un género muy difícil, por muchas razones. Una de ellas que uno escribe para los niños, pero quien compra los libros son los adultos, quienes evalúan los libros y deciden si deben o no ser publicados son los adultos. Por otro lado si a los niños no les interesa lo que tú escribes, de nada vale que los adultos te valoricen. Se han realizado encuestas para saber qué leen los niños y muchos de los títulos y nombres que ellos dominan no son precisamente los autores que están jerarquizados por la crítica. Me gustaría comenzar esta conversación pidiéndote que nos cuentes cuándo y por qué comenzaste a escribir para los niños. Qué opinión te merece el género.
JME: Comencé a escribir para los niños a petición de mi madre. Yo escribía solo poesía pero mi madre me hizo saber que ella creía que yo tenía posibilidades para escribir literatura infantil y yo le creí. Tú tienes razón. La conexión con el niño es muy misteriosa. Uno no sabe nunca realmente a dónde va a llegar el libro que uno escribe para ellos, pero cuando uno escribe para los adultos sucede lo mismo. A veces nos preocupamos demasiado por estas cosas y a mi me parece más preocupante que para la poesía cubana hay muy pocos lectores. El niño puede aplaudir un texto que no sea bueno. El niño yo no creo que está en capacidad de valorar la calidad de una obra, quizás prefiera uno que con diminutivos, que no sea un texto con valores literarios. El mejor elogio que he tenido sobre mi obra, sobre un poemario mío, lo recibí de una niña. Su madre me señaló y le aseguró que era yo el autor del libro que ella había leído. Y ella me miró y puso una expresión como el que dice: ese no, ese no pudo escribir ese libro. A esa niña le habían gustado mis poemas y no me consideró el autor de ellos. La sinceridad del niño es por momento, pero en nuestra sociedad el niño es modelado y ya sabe cómo comportarse y ha perdido espontaneidad. Por eso es capaz de aplaudir lo que no le gusta y es capaz de decir que su autor preferido es Dora Alonso sin nunca haberla leído, porque sabe que esa es la respuesta correcta. El niño está preparado como para una prueba diaria. Yo creo que el reto mayor de un escritor de este género es preocuparse sobre todo porque el niño crezca, la posibilidad de que el niño crezca como lector y como persona. Cuando sabes que ayudas en ese sentido te puedes sentir un autor de literatura para niños, un autor responsable.

AV: A ti te ha ido muy bien dentro de la Literatura infantil, te digo bien en el sentido que has podido publicar en las mejores editoriales del país, comenzando por Gente Nueva la editorial especializada en este tipo de literatura. Has ganado los premios más importantes que se confieren en Cuba en este género. Sin embargo has seguido trabajando en otros géneros, incluso para adultos. Ahora mismo acabas de publicar por la editorial Capiro, de Santa Clara, Palabras en la arena, un decimario que obtuvo el Premio Literario Fundación de la Ciudad de Santa Clara en el 2010. Mi pregunta tiene que ver con una necesidad, o te lo impones porque no te complace ser solamente un reconocido escritor de literatura infantil.

JME: En realidad ser un escritor reconocido de literatura infantil es un grave problema: para autentificar que eres solo un escritor, es tremendo. Es como si por escribir para niños pequeños fueras un escritor pequeño y cuando trabajas en otros géneros no te aceptan que puedas escribir un libro para adultos, como si estuvieras nadando fuera de las aguas que te corresponden. De cualquier manera, yo creo que tengo responsabilidad en eso porque me he esclavizado mucho con la literatura infantil. En esta decisión influyen muchas cosas. En primer lugar que el lector es muy agradecido. También en las editoriales hacen tiradas mucho más grandes que en la literatura para adulto y compensa ver tu libro en muchas librerías, en todo el país. Lo económico también ha influido porque te pagan mejor, te lo confieso, porque también se venden mejor los libros para niños. Todo esto me ha ido convirtiendo en un autor de literatura infantil casi total.
Pero yo te confieso que tengo muchas cosas que decir para las que no me sirve este género, que no entran en el mundo infantil. En el caso de la décima este es mi segundo libro. Respeto mucho este género. Pero también confieso que tiene muchas limitaciones. Es mi segundo libro pero también el último. Con el cerré un ciclo. Hay dos vertientes para ella; la repentista y la literaria. La literaria se ha vuelto muy retórica. La mayoría de quienes la escriben todos escriben lo mismo. Uno lee muchas décimas con rimas muy difíciles para demostrar talento y con ello se pierde la originalidad de la escritura. Se rompe, también, mucho con la estructura, ya ni siquiera se logra la musicalidad propia de la décima. Este libro intenta lograr de nuevo un camino. En Cuba estaba bien definido. Por un lado estaba Naborí, con su décima auténtica y por otro Adolfo Martí, intentando siempre violentar la décima. Este libro trata que estos dos maestros convivan en mi libro, pero sin tratar de ser moderno. Lo que sí es un libro que dice muchas necesidades mías como personas y eso siempre se agradece, tener la posibilidad de poderse comunicar con los demás.

AV: Sé que tú no solo escribes, que tienes una vida social muy activa. Eres muy a menudo jurado, organizas eventos, eres vicepresidente de la Uneac en tu provincia, constantemente viajas, presentas libros y participas en actividades en todo el país. Yo sé que tienes una relación muy estrecha con talleres infantiles, en tu ciudad y en Matanzas. Parecería que no tienes tiempo para escribir y sin embargo eres muy prolífero. Cuál es tu método para escribir, tu orden o desorden para lograr una obra como la tuya.
JME: Escribo solo por las mañanas. Ya por la tarde puedo solo rescribir, pierdo la voluntad creativa.

AV: Esto ha sido de siempre o solo ahora.
De siempre. Yo prefiero la mañana. Hay otra cosa que resulta difícil de explicar, pero disfruto hacerte confesiones. A mí me estimulan mucho los concursos para escribir. Porque muchas veces escribo un libro pensando en enviarlo a un concurso específico. Porque me ayudan a presionarme. Porque la vida nuestra es muy agitada y si tú lo dejas al tiempo natural para terminar un libro puedes pasarte veinte años y no terminarlo. Porque otras obligaciones te van presionado. El concurso es el pretexto necesario para terminar un libro o para escribirlo. Pero siempre me he comprometido con un libro. Por otro lado la tecnología me ha dominado. Ya no puedo escribir a mano.

Los expedicionarios de "La Estrella de Cuba" en Las Terrazas, Pinar del Río, en el 2003

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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