Una hora de verdad con Edelmis Anoceto Vega

Arístides Vega Chapú
Hace muchos años atrás cuando regresé definitivamente a la ciudad de Santa Clara después de una larga residencia en la ciudad de Matanzas y otras ciudades de la infinita geografía que existe para todo aquel que aún no ha encontrado su lugar, el escritor Boris Mesa me hizo saber que existía un nuevo poeta en Santa Clara llamado Edelmis Anoceto Vega (Santa Clara, 1968) que además de excelente poeta era una excelente persona.
Poco tiempo después mi amigo, el poeta Israel Domínguez me volvió a recalcar estas dos cualidades de quien era su amigo y compañero de estudios en la Universidad de la Habana.
Con ambos avales le brindé mi amistad, desde un primer momento, al poeta Edelmis Anoceto y aún no me he arrepentido de ello.
A estas alturas hemos compartido viajes, eventos, trabajos, lecturas y hasta tragos y una misma música. Él me ha presentado libros míos y yo de igual manera le he presentado alguno de los suyos. Además de que jugamos el uno con el otro con la posibilidad de ser primos pues ambos compartimos un mismo apellido: el Vega.
Por tantos años de amistad y de lecturas, pues ha estas alturas es un escritor pródigo, que entre otros títulos ha publicado: Cantos del bajo delta, Sed de Belleza, 1998; Mortgana, Editorial Abril, 2002; Imago Mundi, Mecenas, 2002; La cólera de Aquiles, Capiro, 2005; Desertor del cielo, Ediciones Loynaz, 2007 y El sueño eterno, Ediciones Holguín, 2008, lo invité a mi espacio de La Hora de la Verdad, en el Café Literario santaclareño, donde cada viernes converso con algún escritor sobre temas diversos pero todos alrededor de su obra. Preguntas y respuestas que ahora trascribo para compartir con todos.

AV: Tú estudiaste Literatura y Lengua Inglesa, por la Universidad de la Habana, por qué si tenías entonces claro que serías escritor escogiste esta carrera si no es esa lengua en la que escribes tu obra.
EA: Eso de tener claro, no estaba claro. Cuando decidí escoger esa carrera, que entonces únicamente se estudiaba en la Habana, no tenía una noción clara de lo que quería. Solo sabía que me gustaba el idioma y que tenía facilidad para el. Estudiando la carrera entré en contacto con la literatura, que era una de las asignaturas que se impartían en la carrera. También estudiando conocí un grupo de escritores. La carrera me ha servido de mucho en mi vida literaria. No he ejercido mi profesión, salvo que he impartido clases de inglés muy eventualmente. También he hecho traducciones. Pero no ha sido el fin de mi vocación sino el medio de conocer literaturas y autores. Ahora mismo estoy escribiendo una serie de ensayos sobre autores de habla inglesa.
AV: Ahora lo cierto es que la escritura es un don, que no se aprende en ninguna escuela, en ninguna universidad. Cómo fueron tus comienzos, a quienes les mostraste tus primeros textos.
EA: En la universidad estuve en talleres literarios. Compartiendo con José Vitier que era compañero de mi carrera, aunque mayor que yo. Cuando me gradúo, que de ninguna manera quise dedicarme al magisterio que era lo que me ofrecían, comencé a trabajar como adiestramiento en el Centro Provincial del Libro y la Literatura donde me ofrecieron la plaza de divulgador. Lo primero que me preguntó Blas Rodríguez Alemán, entonces su director, si me gustaba la literatura y le respondí que mucho. Comencé a trabajar y conocí allí a los poetas que habían comenzado a publicar en la editorial Capiro; Frank Abel Dopico, Ricardo Riverón, Jorge Ángel, Veleta. Entré en contacto con la literatura de estos autores. Al primero que le mostré mis poemas fue a Alpido Alonso que entonces dirigía la Asociación Hermanos Saíz. Allí conocí a los poetas Noel Castillo y René Coyra, a quienes les mostré también mis poemas. En el año noventa ocho en la Colección Ábrego, de la editorial Sed de Belleza publiqué mi primer poemario Cantos del bajo Delta y por allí comenzó todo.
AV: Me hablas de tu primer libro publicado y a estas alturas ya tienes unos cuantos títulos salidos de la imprenta y bajo el sello de diferentes editoriales y a mí me gustaría saber si hay alguno que, de forma especial, distingas, tengas más afinidad con el o por cualquiera de los motivos posibles prefieras.
EA: Es difícil responderte. Es como preguntarle a un padre qué hijo prefieres. Pero hay un libro que de manera especial porque fue el primer libro con el que obtuve un premio especial. Además es un libro discordante dentro de mi obra. Y es el poemario Mortgana con el que obtuve el Premio Calendario y fue publicado por la Casa Editorial, en el dos mil dos. Otro libro que yo quiero especialmente es La cólera de Aquiles, que es un decimario, un género que yo admiro y quiero, además de haber sido este libro Premio de la Ciudad de Santa Clara, en el dos mil cuatro y publicado por la editorial Capiro al siguiente año. Ambos son muy especiales dentro de mi obra y en mi vida.
AV: Me gustaría saber cómo te ordenas, qué disciplina sigues para además de trabajar y cumplir con todos los deberes y compromisos de cualquier ciudadano cubano de este tiempo puedas haber escrito una obra que es ya numerosa. Cómo es ese orden que le das a tu vida para poder escribir.
EA: En cuanto al tiempo y la organización para poder hacer todo lo que hago y escribir es no organizándome. Si lo hago de seguro me surgen dificultades, aparecen imprevistos y no logro nada de lo planeado. De manera que no me organizo y voy haciendo las cosas según el tiempo que tenga, el tiempo que me deje el trabajo y todas esas obligaciones. A veces dispongo de más o menos tiempo. Ahora por ejemplo tengo más tiempo y estoy escribiendo bastante.
AV: Me gustaría me contaras cómo es el proceso en que escribes ese primer verso y luego ese libro en que apareces ese poema. En realidad todo cuanto quiero saber es si tú escribes libros o solo poemas que después tu junta y de allí salen tus libros.
EA: Yo maquino, pienso mucho los proyectos que tengo. Cómo va a hacer ese proyecto, el tono del poema y del libro en el que estará ese texto. Después que tengo la idea lo más clara posible es que escribo. Contadas veces no ha sido así. Y he escrito un poema que no tiene que ver con el proyecto en que estoy y sin embargo ha sido valioso para mí. Normalmente no escribo poemas y después hago una selección, si no escribo a partir de un concepto del libro. Casi siempre tengo el libro pensado y solo después de eso me pongo a escribirlo.
AV: Quiero que me hables de la traducción, sobre todo en Cuba, ya que has tenido esa experiencia. La traducción que considero se le ha dado muy poca importancia y tan poco tratada y tenida en cuenta en nuestro país.
EA: Es extremadamente difícil llevar el espíritu de un poema a otro idioma diferente al que está escrito. Lo que siempre se puede hacer es una lectura muy personal y una versión muy personal. Para mí, en lo personal, hacer esto ha sido muy valioso, porque cuando traduces te das cuenta que estás haciendo una lectura mucho más allá de la que normalmente hacemos. La traducción te introduce en el espíritu del texto. En Cuba no es costumbre publicar traducciones, más allá de las que existen de las obras clásicas. Pero hay un escaso ejercicio de la traducción. Las editoriales no tienen en sus planes traducciones, ni se le da el valor que tiene. Eliseo Diego que sin dudas fue un maestro de la traducción en Cuba, sostenía que la traducción podía considerarse como obra propia, como creación propia del traductor.
AV: La opinión que me han dado los invitados, que he tenido en este espacio, sobre la importancia de los premios literarios ha sido muy diversos. Yo sé que muchos libros tuyos han salido gracias a haber sido premiados. Quisiera saber tu opinión sobre este tema. Si verdaderamente los premios validan a un autor, lo dan a conocer, le abren puertas, o simplemente uno solo debe esperar la remuneración material y cuando más la publicación de un libro.
EA: Los premios son un reconocimiento a la labor literaria. De alguna manera los premios distinguen a ese autor. Le da un reconocimiento social; nacional, o regional, o internacional, según el premio. Los premios no son la literatura. La literatura es el escritor frente a la lectura, frente al libro, frente a su obra. Lo otro es vida literaria. Una cosa es la vida literaria otra cosa es la obra, la creación. Una cosa es la parafernalia, el ámbito que puede traer la literatura y el hecho de la creación. Para mí la literatura no trae otra cosa que trabajo, sacrificio, desgaste, constancia, vocación, a veces hasta dolor. El que cree que es vida literaria, que ser escritor es sinónimo de fama y dinero está equivocado. La literatura trae mucho trabajo, mucha constancia, mucho sacrificio.
AV: Hasta qué punto la literatura refleja la vida de un autor. O hasta que punto este autor tiene la posibilidad de ficcionarlo todo, incluso las geografías sobre las que crea mundos que nada tienen que ver consigo mismo. Tú mismo das la apariencia de ser apacible, tranquilo, estable, sin embargo eres persona de cambios bruscos, de cambios de trabajos y parejas, cambios que no están reflejados en una poesía tan apacible como la tuya. Hasta qué punto la literatura refleja la vida de su autor.
EA: Según nuestra querida Carmen Sotolongo hay dos tipos de escritores; los que reflejan en su obra su forma de ser, su visión de la vida, del mundo, de la humanidad y los que por el contrario se apartan de ella, de alguna manera, no totalmente, o se tratan de apartar de esa realidad inmediata para crear un universo fantasioso muy diferente a sus vidas. Por eso esto depende del grado de ficcionalidad que tenga la literatura de cada escritor. Algunos le ponen más ficción a lo que crean, otros se apegan más a su realidad.
AV: Tú además de la poesía, de escribir poesía, décimas y de dedicarte a la traducción te has acercado a la obra de tus contemporáneos a través de la crítica literaria y el ensayo. Y yo te pregunto si esa capacidad la tienes también para ti mismo, para valorar y juzgar críticamente tu obra.
EA: Me es muy difícil hacer una valoración crítica, enfocar mi obra propia. Porque como uno la quiere de una manera entrañable, siente una relación con esa obra que no la siente con las obras del resto de los escritores. Por supuesto que la visión que se tiene de la obra de los demás es desde fuera. De la tuya sería desde adentro y esto impide valorar fríamente la obra de uno mismo como se hace con la de los demás.
AV: ¿Estás en estos momentos trabajando en algún libro?
EA: Estoy escribiendo mucho. Estoy trabajando en un libro sobre poetas de habla inglesa, norteamericanos e ingleses, para eso me sirvió mi carrera, los estoy estudiando, investigando y escribiendo ensayos sobre ellos.
AV: ¿Los que somos tus lectores podemos esperar la salida de algún libro tuyo próximamente?
EA: Me dieron la grata noticia hace muy poco que estoy incluido en el plan del año que viene, en la editorial Letras Cubanas, en la colección de antología personal de poesía.
Confronte además:
Una Hora de verdad con José Manuel Espino. (I)
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Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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