Peligro en Isla Negra

Jorge Ángel Hernández

Casa Museo del poeta en Isla Negra


El día en que se cumplen los 38 años del fallecimiento de Pablo Neruda, gran poeta del mundo y Premio Nobel de Literatura en 1971, su residencia de Isla Negra está en peligro. La amenaza proviene de la empresa chilena Santa Beatriz, especializada en construcción y venta de Departamentos. El proyecto en cuestión se denomina Bosques de Isla Negra y aparece en su sitio web como de pronta puesta en marcha.
La construcción de un condominio de 324 departamentos transformaría radicalmente las condiciones de un lugar donde está prohibida la pavimentación y el tránsito de locomoción colectiva, y cuyos bosques se encuentran, paradójicamente, protegidos. Turistas y peatones se verían afectados por la transformación del tráfico y aumentaría la población del barrio histórico de Isla Negra, considerado Zona Típica por el Consejo de Monumentos Nacionales de Chile.
En sus diez años de existencia, la compañía Santa Beatriz ha desarrollado 26 proyectos inmobiliarios, once en la zona norte, seis en el centro y diez en el sur, de los cuales ha vendido el 100% de los departamentos de 11. El condominio Bosques de Isla Negra sería su séptimo proyecto de la zona central de Chile y ha sido muy mal recibido por la comunidad residente en el lugar, de apenas 70 viviendas. En lo que van negociando con las autoridades, al parecer poco dispuestas a frenar la tradición neoliberal sembrada por el pinochetismo que execró a Pablo Neruda, leeremos los versos del poeta.

TANGO DEL VIUDO

Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia,
y habrás insultado el recuerdo de mi madre
llamándola perra podrida y madre de perros,
ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer
mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre
y ya no podrás recordar mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas,
sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún
quejándome del trópico de los coolíes corringhis,
de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño
y de los espantosos ingleses que odio todavía.

Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola!
He llegado otra vez a los dormitorios solitarios,
a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez
tiro al suelo los pantalones y las camisas,
no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes.
Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte,
y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses,
y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene.

Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde
el cuchillo que escodí allí por temor de que me mataras,

y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina
acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie:
bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces,
de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre,
y la espesa tierra no comprende tu nombre
hecho de impenetrables y substancias divinas.

Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas
recostadas como detenidas y duras aguas solares,
y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos,
y el perro de furia que asilas en el corazón,
así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora,
y respiro en el aire la ceniza y lo destruido,
el largo, solitario espacio que me rodea para siempre.

Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración
oída en largas noches sin mezcla de olvido,
uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo.
Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa,
como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada,
cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo,
y el ruido de espaldas inútiles que se oye en mi alma,
y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente
llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos,
substancias extrañamente inseparables y perdidas.

De Residencia en la tierra (1925-1932), 1935

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
Esta entrada fue publicada en El Diario que a diario, Oficio de leer y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s