La voz que dice estar sentada en el aire

Palabras de presentación de Sentado en el aire, Editorial Capiro, 2011. 132 pp.
Edelmis Anoceto Vega
En el artículo «Recio Juan Carlos, sobre libros inéditos», que se publicó primeramente en la revista digital Hacerse el cuerdo, de la Uneac, escribí que el poeta Juan Carlos Recio tenía un poemario inédito, Sentado en el aire, que en cuanto al título se emparienta de manera sutil con El buscaluz colgado, su primer cuaderno de 1991, publicado por Capiro. Ambos rótulos establecen un vínculo semántico: levedad, gravitación, aunque también quizás desarraigo, distanciamiento. «En El buscaluz… —decía yo y me cito— parece que el poeta está por descubrirlo todo, como el infante que abre los ojos al mundo por primera vez. Los temas son más universales, reflejan una realidad imaginaria, exótica, que expone las cosas primarias del universo y los elementos naturales: el viento, los árboles, la noche, la luz… Dos cosas me parecen nuevas en Sentado en el aire. Lo primero es que la experiencia del poeta está en el trasfondo de cada pieza. El poeta ha vivido y por lo tanto ahora ya no descubre, más bien siente estar de regreso y como tal sus palabras no son simple exposición de hechos, imágenes; ahora alerta, define, cuestiona con la convicción de quien conoce el peligro, sus peripecias, culpas, pero sobre todo de quien tiene ya suficientes argumentos para definirse.
»La alusión a un pasado superado y la comparación del ser-ayer y el ser-hoy es explícita en un poema que por el título, “Las verdades”, nos sugiere a un poeta seguro de sí mismo, aunque no sabemos si consciente de que las verdades individuales son un producto de las experiencias individuales —y lo citaba allí:

Cuando vuelva borracho de la ciudad
aunque haya olvidado mis maneras del campo,
y no me vea en la herradura visible de los antepasados,
y mi alma se bañe en el coro de esas bestias,
aun cuando pueda con la tranquilidad de un ciego
acariciar la tierra de la zanja;
cuando nada sea tan apacible como creerse ser el mismo,
volveré a las dolientes esquinas para ser perseguido
por las sombras y las dudas y las malas lenguas.

»También la madurez le permite autodefinirse y al mismo tiempo ficcionalizar su yo en una enumeración de seres, e incluso objetos y lugares, que en su conjunto exponen la franqueza, la desnudez y el impudor de un sujeto lírico que ya no tiene nada que perder.

Yo soy la réplica, el Jesucristo, la comarca,
yo soy la réplica, el multihéroe,
la vergüenza;
[…]
Yo soy el feo, el que más tiembla,
el que todas las noches alumbra a la virgen,
la victrola de un bar, el fecundado de las calles
y los huesos del niño que vio nacer a su padre.
Yo soy un tren, mi espíritu,
mi delirio de persecución —esta es mi ley, ya se los dije—;
yo soy el feo,
el pecador que ante ustedes y ante Dios ya se confiesa

»El otro elemento novedoso es la incorporación al discurso de referencias a otras obras literarias, universales y cubanas. Así aparecen Los puentes, de Fayad Jamís, La educación sentimental, de Flaubert, Bola de cebo, de Maupasant; también a sitios y personas reales, amigos, conocidos, personajes bíblicos, escritores, frases de canciones e innumerables citas. A la fuerza emotiva que caracteriza la obra de Recio se une este arsenal de cultura, el cual es volcado sobre los textos sin pretensiones de erudición, contextualizándolos y otorgándoles riqueza intelectiva como un atractivo extra.
»[…] Con estos textos me doy cuenta de que la poesía de Juan Carlos Recio, por más intuitiva, no es únicamente un efluvio que mana de la realidad, donde se suponen que residan todas esas ideas poéticas universales que el poeta es dado en captar de manera prodigiosa con menor o mayor acierto, según su inspiración. Todo lo contrario, su poesía es puro lenguaje imaginativo, combinaciones verbales muy específicas e irrepetibles, puestas en función de un fin, de un sentido moral y estético. Es una parte de la realidad como cualquier otra (existe allí y se hace patente en el poema), desde la que se validan en nuestra experiencia común una suerte de sentidos que serían inexpresables a no ser por el lenguaje». Eso escribí.
Ahora la relectura del libro me hace ver otras cosas. Estas son las cosas que responden la pregunta que siempre me hago: ¿Por qué esto es poesía? o ¿Qué es lo que hace que sea esto poesía y no un compendio de frases vacías, o una prosa cataléptica dispuesta en líneas?
1: Sinceridad, y hasta falta de pudor, al punto de decirse feo, bobo, provinciano, promiscuo, antipático, roñoso. La poesía de Recio tiene un yo poderoso y desinhibido, la palabra yo se repite 31 veces en el libro. El poeta habla de sí mismo para hablar del hombre, es una proyección de este. Es la suya una poesía antropocéntrica, que nos implica en cuestionamientos de la vida, el mundo y la humanidad con inquietantes planteamientos.
2. Preocupación existencial en relación con la noción Patria, en la que se siente que esta no es una geografía, sino una vivencia dolorosa: «¡Oh, patria!, espacio a duelo / ondeante en el polen la soledad y el enigma», dice de manera definitoria, y luego en un sentido poema a René Batista: «cuando tú padre dice “dispués” es patria, cuando los perros se enamoran mientras velan el arroz, es patria».
3. Concepto del verso, del poema y del libro. Desde el primer texto «La escalera» cuyo título sugiere que nos adentramos en el libro subiendo peldaños, que algo queda detrás y algo surge ante nosotros, hasta el último: donde percibimos que el poema se va desvaneciendo, y la voz se apaga.
4. Poder de síntesis, en piezas breves y contundentes como «El pasado», «La otra parte» y la excelente «Algunas patas de pájaros en los helados cristales».
5. Lenguaje imaginativo y dominio de la imagen, cito:

He matado a mi sombra por creerla un monstruo,
la dibujé sin perdón en la página blanca,
le puse unos vestidos con zapatos de charol
y me fui por los límites de otros mundos,
entre hileras de árboles de piel áspera,
camino de parques, en el crudo invierno;
parecido a un museo de ropa de héroe
con pólvora y agujeros.

Pasaron 20 años sin que Juan Carlos Recio viera sus poemas impresos en Cuba. Creo que ahora la voz que habla en estos poemas, la misma que dice estar sentada en el aire, sabe muy bien dónde se halla la poesía, especialmente sabe que se halla en los estados cercanos al dolor, los que también son fuentes para la belleza. Sabe muy bien «aterrizar» la poesía, lo mismo en Santa Clara, que en Nueva York, que en Camajuaní.

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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3 respuestas a La voz que dice estar sentada en el aire

  1. Mayra dijo:

    Excelente Jorge!! Para mí la poesía de Juan Carlos es esencial, desnuda; en algunos casos, de un “primitivismo” rudo, pero a la vez ingenuo, Sus versos enamoran precisamente por su sinceridad. Enhorabuena para él porque imagino lo que significa ver publicado su libro en la isla siempre soñada…y para ti por tan hermosa crítica.

  2. Mayra dijo:

    Ufff…ahora me doy cuenta que las palabras de presentación fueron de Edelmis Anoceto Vega…van igual mis parabienes!

  3. ogunguerrero dijo:

    Vale, Mayra, tal vez más adelante escriba yo también sobre la poesía de Juan Carlos Recio, que ha madurado mucho, como Edelmis dice, pero que no ha perdido su arrastre emocional de base ingenua y sentimental.

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