Sincero elogio a una figura indispensable

Arístides Vega Chapú
El próximo y ya cercano martes cuatro de octubre, a las doce y treinta del día, se le entregará a la periodista, locutora, guionista de radio y televisión y promotora cultural Hilda Cárdenas Conyedo la Distinción Utilidad de la virtud. Máxima distinción que se otorga a colectivos, instituciones y personalidades por su destacada y sostenida labor en la preservación y defensa del legado martiano.
Esta entrega se realizará en el edificio que ocupa los estudios del Telecentro villaclareño, en la ciudad escolar Abel Santamaria.
Como a ella no le agrada que la nombre como “la voz y la imagen de la cultura en Villa Clara” y estas palabras intentan dejar constancia de mi cariño y respeto por su labor, no voy a decírselo esta vez. Pero intentaré demostrar aquí que es válida mi apreciación.
La conocí cuando estudiaba Filología, en la Universidad Central de Las Villas. Era entonces la novia de quien años después se convirtió en uno de los escritores más leídos en Cuba.
Sospecho que él tampoco supuso que aquella muchacha de escurridiza mirada y demasiados silencios se convertiría en una de las periodistas culturales más respetadas de esta región a la que no le han faltado periodistas de respetable obra.
¿Qué tiene de especial su labor para que hoy nos sea indispensable?
Sobre todo esa mezcla, tan poco común, de inteligencia con extrema modestia. Su afán de superarse a sí misma. Esa necesidad, casi extinguible en estos tiempos, de escuchar a todos. De proponerse aprender de todos, aún de los que se supone saben poco.
Su especial prestancia que ilumina la pequeña pantalla tan solo con su presencia. No apoyada en la belleza externa que ya se sabe es bien efímera, sino en la limpieza de su imagen, que sólo es posible de lograr cuando se es bueno y honesto, es decir cuando se dice solo lo que se cree verdad.
Una voz dulce y clara, voz de persona, diría Bola de Nieves si la hubiera escuchado y una impecable dicción que demuestra su profesionalismo y su respeto por la palabra, que hacen que le creamos todo cuanto nos dice.
Su cualidad de no subestimar medio alguno para comunicarse con los públicos más variados.
No creer que la cultura es atributo y necesidad de minorías. Ni artistas o géneros menores o mayores, sino la diversidad en las maneras de expresar cada cual su verdad, y en saber que en su conjunto e interrelación está lo sagrado para muchos: la cultura cubana.
Saber que su oficio tiene de sacerdocio por lo que no se limita a horarios. Y lo que es aún más difícil de asumir: que el periodista, a la manera martiana, exige una manera diferente de vivir, pues se vive para él.
Lograr que en sus predios toda información cultural, aún las insignificantes o rutinarias, adquieran rango de noticia de primera plana. Porque ella es conocedora de la vida cultural de esta región de la que se sabe parte activa y puede aportar y sumar hasta engrandecer la noticia o el comentario cultural, sin desdeñar supuestas obras menores o regiones estériles.
Estoy convencido de que, pasados los años, estos difíciles y singulares años, quedará en la memoria colectiva la trascendencia de un movimiento cultural que hoy aporta sin dudas a la nación, entre otras cosas, por su información constante y detallada.
Ya nadie olvidará, incluso pasados los años, la maestría de un Rachid López y su grupo Trovarroco, o el talento de los pintores villaclareños, o la sorprendente obra de un movimiento literario que prestigia las letras de este Continente.
Será así porque es la cultura el alma de esta Isla sensible y creativa.
También pasados los años quedará en la memoria el trabajo de quien quizás sin ser consciente de ello se ha convertido en cronista de esa cultura que prevalecerá.
Desde ahora y sin esperar ese paso inevitable del tiempo a Hilda Cárdenas Conyedo, el agradecimiento de artistas y escritores, colegas, amigos y admiradores de su obra, por la grandeza de su trabajo cotidiano, simulado por una modestia que es refinada y sincera y la seguridad de que junto a los grandes de la cultura nuestra se agradecerá su labor de haberlos promovido y alentado, desde sus inicios.

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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