Faz de tierra conocida

Jorge Ángel Hernández

Faz de tierra conocida (Antología de la poesía villaclareña). Compilación, presentación y notas de Yamil Díaz Gómez, Letras Cubanas, 2010, 352 pp.


En 2010, la Editorial Letras Cubanas publicó la compilación poética Faz de tierra conocida, hecha por el poeta, ensayista, editor, periodista y riguroso investigador martiano Yamil Díaz Gómez. Reúne en ella a 97 poetas de la región villaclareña, algo que en los últimos años había dejado de ser de interés de nuestras principales editoriales para relegarlo al esfuerzo de los territorios. Esta compilación de Díaz Gómez muestra que es posible dar fe, mediante un trabajo serio, de rigor, consciente, paciente y sapiente, de una amplia gama de poetas sin menoscabar por ello el nivel de los poemas. Un modo de mirar que, luego de rescatar la tradición cubana más relegada de la compilación, le imprime un sello trascendente.
La lectura de Faz de tierra conocida nos coloca, pues, delante de un llamado que la poesía cubana reclama: reunir lo mejor de esa explosión creativa que se desarrolla en el país a partir de la consolidación del triunfo de la Revolución. En un panorama de antologías en el cual la tendencia predominante ha sido la exclusiva, legitimada por la gremialización del juicio y enfocada en autores antes que en obras, esta compilación disiente abiertamente, no con declaraciones ni con prólogos casi manifiestos, sino con lo más importante que debe acompañar a todos y cada uno de los compiladores: el conocimiento de causa y el respeto insobornable por la poesía.
Yamil Díaz ha tenido la amabilidad de cederme el permiso para llevar a Ogunguerrero su trabajo, por lo que empiezo por su Prólogo, que él mismo descalifica como tal.

ESTO NO PUEDE SER UN PRÓLOGO
 
Yamil Díaz Gómez
 
Cuando por fin tuve delante las cuartillas ya limpias de Faz de tierra conocida, inevitablemente recordé a Tamara Sáez. La conocí el primero de septiembre de 1983 a las ocho de la mañana; como a las ocho y cinco me enamoré, y ya a las ocho y diez había decidido convertirme en poeta. La pobre soportó durante medio curso aquellos torpes remedos de las Rimas de Bécquer; pero tuvo el buen tino de no acceder a mis reclamos. Así que todo se diluyó como dictó la adolescencia. Aunque eso sí: cuando dejé de amarla para siempre, ya amaba para siempre a la poesía.
 Esto no es, no puede ser, un prólogo. Cuando más un aviso, una honda reverencia, o una declaración de amor a la poesía escrita en Villa Clara durante los últimos decenios y, por supuesto, un testimonio de gratitud hacia aquella muchacha.
 En septiembre de 1983, mi idea de la literatura no iba más allá de Bécquer, el Cucalambé, o lo que me enseñaban en la escuela. No imaginaba que en mi propia ciudad existía la revista Contacto o la hoja literaria Brotes, donde un par de poemas —«La casa a cuestas», de Frank Abel Dopico, y «Un cuarto en el Hotel América», de Arístides Vega— después me estremecieron, como solo estremecen los descubrimientos. ¿Cómo podría suponer que un día la UNEAC provincial iba a encargarme una antología de la poesía villaclareña? No sospechaba entonces que, a la vuelta de años, muchos de esos poetas encabezarían la lista de mis mejores amigos; que editaría parte de sus poemarios; que mis propios poemas irían a parar a Huella, Signos, Umbral o las editoriales Capiro y Sed de Belleza; que Jorge Luis Mederos (Veleta) se refugiaría durante meses en mi casa; que me convertiría en padrino de la hija de Ricardo Riverón o que despediría el duelo de Carlos Galindo Lena.
 Por todo eso, esto no puede ser un prólogo. Al menos la tarea de emprender un estudio de los textos contenidos aquí, no está al alcance de una crítica tan cómplice, que dejaría de ser crítica. Dicha misión se la reservo a Carmen Sotolongo, quien la cumplirá lúcidamente en el epílogo. Mis opiniones van implícitas en el acto de la selección.
 Debo avisar a los lectores, eso sí, de que tomé como fecha de partida 1976, año en que la más reciente división político-administrativa desmembró en tres Las Villas e «inventó» la provincia de Villa Clara. Independientemente del lugar de nacimiento, se abrieron estas páginas a los poetas que han hecho vida literaria en dicho espacio a partir de la fecha señalada. Junto a las voces establecidas, recojo otras ya marchitas o apagadas, pero que alguna vez nos aportaron al menos un poema atendible, a veces memorable. También toca al antólogo arriesgarse con la inclusión de escritores cuya obra mayor aún está por llegar. De aquellos que se fueron, he priorizado en lo posible versos que escribieron aquí o los que incluyen explícitamente referentes espaciales de la región. El título, por supuesto, rinde homenaje a dos figuras tutelares: el Feijoo de Faz y el Galindo de Hablo de tierra conocida.
 No pretende nuestro libro más que mostrar la riqueza, diversidad y altura de la lírica escrita por villaclareños.
 Y esto que nunca será un prólogo no puede concluir sin reconocer que la antología no habría sido posible sin la cooperación de los propios autores, ni sin ese minuto de gracia que viví el primero de septiembre de 1983, al descubrir los ojos hermosos de Tamara.
 Santa Clara, 3 de enero de 2010.

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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Una respuesta a Faz de tierra conocida

  1. Juan M. dijo:

    Bueno, ¿qué esperas para atacar a la muerta? A picotear!!

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