Inventar la casa del peligro

Tres poemas de Edelmis Anoceto Vega

EN SANTA CLARA

En esos gritos de los niños que juegan a la pelota
está mi hijo.
Él no lo sabrá porque lo escribo tarde,
antes de que aglomeren los labios su carroña.
Él no lo sabrá de modo alguno
antes de que la madrugada sea una sobre el desierto
y las sábanas putrefactas,
bajo su bicicleta ilusoria hacia el final de la calle.

Yo persigo los nombres que ellos van dejando detrás,
a veces son monstruosos, alucinados,
de línea contra los muros.

Vengan a mí por la ventana, vengan
a comerse la negrura de los panes hirvientes del verano
en Santa Clara. No me tienten con cuerpos.
Estoy aquí donde se puede de una vez morir
y de otra hacerse el muerto.
¿Es acaso mi hijo en esos gritos?
Cambio mis soledades por las suyas
para no ver sus ojos azorados correr ante los míos,
que son pura resonancia
y de nada sirven
sino para leer labios agrietados.

Ya voy a descubrirme en cada guerra,
porque adónde crecerán los árboles.
Nunca supe de esos dolores en la espalda de los árboles.
Detrás de ellos escucharé con Byron que soy cojo,
que escribo un verso y bajo un escalón.

Ya voy a descubrirme, de un momento a otro
voy a quitarme las fiebres
en sus nombres de espectros, de hijos primogénitos.
Lo haré con las armas
de quien va de sus sílabas a la carne,
de sus miedos a los portales grises.

Y si no puedo verlos más en Santa Clara
no será la voluntad de Dios.
Pero hágase.

Voy a salirme de la cama y de esta ciudad
para que no vean que me como las uñas
si no los encuentro en los dulces,
si no los encuentro
en esos tristes dibujos animados,
en esos sueños que cuelgan bajo el puente.

Quién le tiene miedo a la muerte feroz
ALBERTO RODRÍGUEZ TOSCA

Yo construyo mi casa con hojas otoñales,
con la hierba muerta del año pasado,
y es tan frágil que da miedo y parte el alma
habitarla en las noches. Ya no puedo soñar
una casa que me guarde del aullido del Lobo,
del aliento del Lobo.

Mis hermanos preguntan y yo no sé decir
de qué está hecha mi casa,
porque de qué está hecha
sino de toda la paja que cabe en la naturaleza
y de lo que desecharon mis hermanos.
Ya no puedo soñar, ya no puedo soñar,
mi casa es una broma, un pedazo de bosque.

Yo construyo mi casa con madera suntuosa
de duras ramas que cuelgan sobre el lago,
y me acuesto a esperar lo que vendrá,
porque ya estaba escrito que la muerte presume.

Fatal cuento, la moraleja irrealizable,
fatal la profecía para quien estuvo ausente
y ahora viene a inventar la casa del peligro.
Mi casa y yo somos el infierno.
Porque ya estaba escrito que la muerte presume
dejo abierta la puerta a mis hermanos.

Yo construyo mi casa con piedra magnífica
y magnífica arena de los ríos.
Mis manos no son más
que instrumentos inútiles para mezclar arcilla.
Mi corazón es mármol,
mi corazón es mármol dolorido.

Yo construyo mi casa
para que mis hermanos vengan a decirme
que afuera sopla un viento de espanto
y algo se derrumba.

MONÓLOGO DEL AUSENTE
Para el hombre que soy ya han pasado mil años
CARLOS GALINDO

Ciudad distante, latente
prolongación de mi piel,
cómo nombro en el papel
otra ciudad diferente,
si tu misión más urgente
fue negarte a mi frialdad.
Nada te pondrá la edad
de morirte en mi mirada.
Yo moriré de que nada
pueda nombrarte, ciudad.

A ti voy porque presiento
ya se esfuma mi cordura.
En ti, ciudad, se inaugura
cada paisaje que invento.
Nada soy, sino el intento
de aferrarme a tu presencia.
Ciudad, delirio y conciencia
con una misma estación.
¿En cuál confiar? La razón
es fugaz. ¿Y la demencia?

Ciudad tan cerca y lejana,
final del viaje que inicio,
mi nostalgia es este vicio
de poseerte mañana,
sin saber qué otra ventana
tu espejismo dibujó.
Bajo tu cielo pasó
un tiempo de desengaños
y ya han pasado mil años
para el hombre que soy yo.
Fuente: Faz de tierra conocida, pp. 23-27

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
Esta entrada fue publicada en Oficio de leer. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Inventar la casa del peligro

  1. Juan C Recio dijo:

    excelentes poemas. Sin dudas un poeta completo
    JC Recio

  2. Ron dijo:

    Magnificos Poemas desgarradores por demas ….

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s