La derrota del béisbol y las dolosas variantes del totí

Jorge Ángel Hernández
En un valiente artículo de su sección Strike 3, el periodista deportivo Michel Contreras ha llamado la atención sobre aspectos importantes para nuestro deporte nacional. A saber:
1º, que no deben recaer en los mentores la responsabilidad de resultados que se hallan en causas que los sobredimensionan;
2º, que la lógica de trabajo de la Comisión nacional de Béisbol cubana parece estar muy lejos de las nuevas exigencias del país y, algo que de mi parte agrego, de un espíritu revolucionario capaz de interpretar las necesarias circunstancias de transformación y desarrollo;
3º, que el nivel del béisbol cubano se está reflejando en los resultados de esos eventos internacionales; y
4º, que nuestros técnicos y preparadores han quedado atrás respecto a la dinámica de juego del mejor béisbol de mundo, cada uno según sus características y posibilidades.
Esto, según el propio Contreras, subsume a las estructuras de nuestro deporte nacional en “un fastidioso inmovilismo que nos ha estancado en la pelota”.
Estas cuestiones, ciertas por demás, no excluyen, a mi modo de ver, las caprichosas decisiones de la dirección del equipo, que apostó a una nómina de muy escasas variantes, tanto en la táctica de juego como en la estrategia de line up. Arruebarruena, para poner solo un ejemplo, hizo excelentes jugadas y hasta bateó en momentos de contagio del equipo, pero también falló en momentos decisivos, producto de la presión, de modo que no parecía en esos instantes un torpedero de primera fila, como deben ser los del team Cuba. Y no fue solo un error, “que cualquiera lo comete”, sino varios, con objetivas consecuencias.
También, por otra parte, faltó el ánimo, el contagio, la decisión que muchas veces permite que los peloteros se eleven en su dimensión y decidan el curso de un partido. Se jugó, como hemos visto en muchos profesionales en eventos internacionales, es decir, fuera de sus clubes de sustento, con fría profesionalidad. Son aspectos que no debemos descuidar, aunque los otros, relacionados con la estructura del campeonato, las necesidades de tope internacional y hasta la posibilidad de que nuestros jugadores se incluyan en ligas verdaderamente superiores a la cubana, sean igualmente esenciales. Tanto en el Mundial como en el Panamericano, Cuba perdió por su estrategia de juego, por sus insuficiencias concretas antes que por los otros problemas que claramente se vieron reflejados.
Las continuadas derrotas son, al mismo tiempo, efecto de las fisuras que sufre nuestra estructura en el campeonato nacional, aferrado a modelos emergentes, centrados en las circunstancias de crisis antes que en las necesidades, y posibilidades, del deporte y del país en su estructura administrativa.
Un análisis de fondo, como lo es el problema, en efecto, requiere mucho más que un fajo de apurados dolidos comentarios. Me limitaré, por tanto, a emitir algunas preguntas que, a mi juicio, necesitan ser respondidas con objetividad, con un trabajo serio, como el que se puede hacer y no se hace en medio de ese cerrado inmovilismo complaciente que está minando la estructura directiva del béisbol cubano. Un trabajo que nuestros especialistas pueden resolver, también, con un sistema valiente, científicamente valiente y objetivo.
¿Por qué no se le exige a las provincias de mejor ubicación en la serie que dejen libre a aquellos jugadores que no integran su equipo principal para que el resto pueda disponer de ellos? ¿Es más importante la división provinciana que el nivel nacional? ¿Puede admitírsele a las direcciones provinciales un egoísmo regionalista en nombre de su necesaria autonomía?
¿Por qué no hemos pensado en una segunda división, según los resultados de un primer calendario de la serie? ¿Desarrolla de verdad la liga de desarrollo, o se trata solo de un trámite de pocos resultados? ¿Por qué no avanzamos desde la inclusión hasta la selectividad, para que, al tiempo que se respete el espíritu inclusivo del proceso revolucionario, el verdadero nivel de los jugadores dé fe de sus posibilidades reales? ¿Por qué nuestras valoraciones estadísticas son tan esquemáticamente cuantitativas y no comprenden variables cualitativas que el béisbol más desarrollado toma muy en cuenta?
El béisbol cubano no debe ser el mejor en las competencias internacionales por antonomasia, como lo fue en la época del amateurismo, ni por meritocracia, como ocurre con tantos jugadores de las Ligas Mayores estadounidenses, sino por su nivel de rendimiento y su capacidad de juego activo, algo que demostramos en el primer Clásico Mundial y que, sin embargo, se evapora en torneos de menos exigencia.

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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2 respuestas a La derrota del béisbol y las dolosas variantes del totí

  1. Martin dijo:

    Nadie habla del hecho de que Cuba dejó fuera del equipo nacional a varios de sus mejores peloteros: Yunieski Betancourt, Danys Báez, Liván Hernández, Alexei Ramírez, Bryan Peña, Yuniel Escobar, entre otros. Peloteros cubanos de Grandes Ligas.

    Ah, no , espérate, es que esos son unos traidores. Igual que esos argentinos y brasileños que juegan en clubes europeos, que son millonarios y que se exhiben en la TV cubana cada vez que hay Mundial.

    Claro, porque estamos hablando de Estados Unidos. Ya entiendo. Bueno, pues que sigan ganando torneos bolivarianos.

  2. ogunguerrero dijo:

    Martín, debía Ud, saber que, “si estamos hablando de EEUU”, en relación con Cuba, existe un Bloqueo que no permitiría a “jugadores cubanos” jugar en Ligas Mayores. Tienen, por fuerza, que desertar. Es decir, que abandonar su estatus de residente y ciudadano cubano, para jugar en esos equipos. peloteros nuestros han participado en otras ligas internacionales (¿le suena Omar Linares, Víctor Mesa, …?) ¿Dónde están entonces las principales imposiciones?
    En su lugar, me informaría mejor de las circunstancias reales para no errar tan maniqueamente.

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