De los prejuicios de género en la transmisión deportiva

Jorge Ángel Hernández

¿Boxean, o "se fajan" acaso estas mujeres?


En dos ocasiones per cápita, he escuchado a los narradores deportivos cubanos Armando Campuzano y Modesto Agüero manifestarse en contra del boxeo femenino. Sus argumentos han consistido en un par de frases: “Eso no es para mujeres” (Campuzano) y “No me gusta ver a mujeres fajándose” (Agüero). Ambas resuman un patriarcalismo machista que ha impedido durante siglos, no ya la práctica del boxeo femenino, sino la participación plena de la mujer en la sociedad. Argumentos similares se esgrimieron, incluso, para seguir limitando el voto a la mujer, o para juzgarlas por el simple hecho de montar bicicleta. Curiosamente, esos mismos locutores se vanaglorian de las actuaciones de nuestras ciclistas, de nuestras martillistas, discóbolas, taikuandocas, yudokas y demás representantes de deportes que requieren de constitución física y esfuerzo que bien pudieran, bajo tal precepto de conceptualización, considerarse “no adecuados para mujeres”.
Con esta perspectiva, también se podía acusar de afeminamiento a las bases tácticas de Mohhamed Alí en la definición de su estilo boxístico: flotar como una mariposa y picar como una abeja.
Se trata, desde luego, de una visión largamente arraigada acerca de la imagen y conducta femenina, avasallada por la exclusión directa en la práctica social y, más allá de ello, por la violencia simbólica. La mujer como un estereotipo de belleza pasiva, dispuesta a ser usada por el hombre. La mujer como sujeto de soporte masculino y la feminidad como el culmen de los estereotipos patriarcales. ¿No son, sin embargo, las propias mujeres las que deben decidir qué es, en verdad, para ellas mismas? ¿No es la propia mujer la que decide practicar ese deporte y definir sus propias esferas de feminidad?
Las mujeres boxean con protectores de pecho y pelvis y, previo al combate, deben presentar un test de embarazo, medidas establecidas para proteger su salud y, desde luego, para contener una de las vías argumentales que las limita en la práctica de esta disciplina, no ya al nivel de los hombres, sino a algún nivel admisible. En una de las transmisiones que presenciaba, cuando escuché, reiteradamente, la opinión en contra, el locutor ni siquiera conocía el detalle del test de embarazo, es decir, opinaba desde el desconocimiento, además de desde el prejuicio heredado. Curiosamente, tampoco tuvo la prudencia de hacer una breve indagación antes de reconocer que desconocía el detalle.
Lo más llamativo, no obstante, es que Modesto Agüero, reconocido por su defensa del boxeo cubano, por su lucha por la dignidad de este deporte frente a la deshumanización del profesionalismo, por el comportamiento ético de árbitros, jueces, técnicos y ejecutivos, llevado por el prejuicio, deja de momento de considerar deporte al boxeo para convertirlo en una “fajazón”. “No me gusta ver dos mujeres fajándose”, argumentó.
Así visto, los boxeadores no compiten por mostrar sus habilidades técnicas, sus estrategias de lucha, su esfuerzo en la preparación, sino, ¿es obvio?, para “fajarse”. La fuerza del prejuicio es tal, que el locutor, quien habla y reitera estos criterios para la mayoría de un país que trabajosamente lucha por erradicar los prejuicios acerca de la discriminación de género, olvida también la ética de la inclusión y convierte su limitación en una diferencia de criterio. Pero no se trata de diferencia de criterio, sino de diferencia de concepto; de responsabilidad ética con el difícil camino de la inclusión plena de la mujer en la sociedad y la igualdad de género.
Y a mí, sinceramente, tampoco me gusta escuchar a locutores predicar sus prejuicios por la televisión.

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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3 respuestas a De los prejuicios de género en la transmisión deportiva

  1. No es menos cierto que ver a dos mujeres fajadas, cayendose a golpes es algo que no es de mucho agrado, pero coincido en que ellas tienen derecho a defenderse y a practicar el deporte que les guste. La Revolución cubana a logrado darle a la mujer el lugar que le corresponde y además ellas se lo han ganado en su quehacer constante y creador.
    De no ser por el coraje que ellas han demostrado, hoy no tuvieramos mujeres como Driulis Gonzáles, Lenna Verdecia y otras muchas más, quienes sin tener que caerse a piñazos con otras mujeres, se han ´´FAJADO´´ duro por obtener sus triunfos para Cuba.

  2. Xime dijo:

    En lo personal……….opino que el box en particular es un deporte genial, ya que màs que la fuerza se utiliza la inteligencia…………….y es por eso que las mujeres encajamos perfectamente……….no existe cosa alguna que la mujer no pueda realizar mejor que un hombre…elo boxeo es para personas valientes………………y no son perfectamente los hombres…………………….posdata..: doy a conocer mi criterio de esa forma .ya que soy boxeadora………las mujeres no servimos solo para la cocina ….sabemos hacer cosa mejores…..:-)

  3. juan dijo:

    Compadre, no fastidie ni me venga con teques. Coincido con lo que dicen los periodistas. Eso no es menospreciar a las mujeres, sino cuidarlas. Incluso, ni para hombres el boxeo es bueno. Eso de caerse a trompadas es propio de trogloditas. Se trata de un deporte incivilizado, impropio de estos tiempos. El COI lo tiene en la mirilla y en cualquier momento lo expulsan del programa olímpico.

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