El trovador de tres cabezas

Brenda Besada

El trío Enserie (de izquierda a derecha: Levis Aliaga, Roly Berrio y Raúl Cabrera) en una de sus presentaciones en Santa Clara

    “(Enserie) se entrega al auditorio en un coloquial concierto de emociones donde la canción en texto y música es solo la manera más inmediata para decir y percibir lo cotidiano. Y en esa cotidianidad que rodea sus temas y canciones, encuentra su reflexión sobre una realidad adversa o la más sincera convocatoria a la esperanza.”
    MARÍA ELENA VINUEZA

Uno de los frutos más sorprendentes que ha dado la cancionística cubana contemporánea, es el ya desintegrado trío Enserie; además, reconocido por musicólogos, musicógrafos, periodistas, críticos y demás especialistas, como una de las más extraordinarias muestras de creación colectiva y perfecta interpretación. Asimismo constituyó las bases para el posterior surgimiento y desarrollo de uno de los más importantes y consolidados movimientos trovadorescos del país: el de la Trovuntivitis santaclareña.
Realizar un estudio de las innumerables obras de este trío, catalogarlas por géneros, desmembrarlas para descubrir los secretos conceptuales y estructurales que esconden, y aún más interesante, efectuar un análisis de la interpretación en vivo de estos jóvenes, resulta una obra colosal. Con este trabajo se pretende un breve acercamiento a los orígenes del trío, sus obras principales, y a comentarios emitidos por algunos teóricos del ámbito nacional sobre la creación de esta tríada, no sin antes realizar la promesa de una futura investigación, más profunda, que abarque el análisis musical, tropológico y performático de Enserie.
El trío se conformó, aproximadamente, en febrero de 1992 en los predios del Instituto Superior Pedagógico Félix Varela, a raíz de una serie de peñas organizadas en la institución por los propios estudiantes y algunos profesores. Por condiciones de tiempo en las actividades, comenzaron a unirse estos tres cantautores, sin intenciones iniciales de proyectarse como un trío, montando en conjunto una o dos canciones, para hacerlas más interesantes y amenas.
Las presentaciones tenían la intención de mostrar un espectáculo, se buscaba shockear al público, que se manifestaba inicialmente con poco interés en la creación trovadoresca de la ciudad. Con el apoyo de los artistas plásticos, literatos, y otros estudiantes del centro, se crearon estas peñas, donde se abordaban los problemas sociales y las inquietudes artísticas de todos, en un escenario donde, a la vez, nació el trío Enserie, que proponía una forma novedosa de hacer trova, caracterizada por la constante imbricación de timbres, géneros, voces, y sonidos musicales y extramusicales.
Levis Aliaga, Raúl Cabrera y Rolando (Roly) Berrío, como unidad, dieron un vuelco a los paradigmas trovadorescos implantados hasta ese momento, fusionando sin contemplaciones su música con las diferentes manifestaciones artísticas. La creación musical de cada uno se mantuvo abierta a las opiniones de los demás integrantes del trío, y esto proveyó a Enserie de una sonoridad particular, que permitía reconocerlos como individualidades creativas y como un equipo innovador, cohesionado y original.
Desde sus primeras presentaciones, el trío atrapó a los seguidores del género con su gran originalidad y una genuina manera de componer e interpretar sus obras. El tratamiento vocal, armónico, estilístico y conceptual dejaba entrever una propuesta musical de auténtica lírica popular; así como una concepción estético-musical novedosa y madura. Su trabajo se apoyaba en un formato que comprendía dos guitarras, percusión menor y voces.
El catálogo de Enserie se basaba en temas populares de la música cubana, donde se apreciaba con gran fuerza el elemento campesino y afro, indistintamente; también innumerables influencias del filin, en cuanto a la variedad temática y el uso de las metáforas. El tratamiento de las voces fue uno de los componentes más característicos del trío, que desbordaba en rejuegos contrapuntísticos, asumiendo cada composición como propia, y en interpretaciones que conllevaban originales arreglos vocales y pinceladas histriónicas que contribuían a una espectacular comunicación con el público.
En obras como Carnavalito, Guajira china, Peregrino al viento, y Big Ben, se patentizan estos rasgos. Con tan exclusiva estética autoral, el trío se insertó “en la tendencia dada en determinadas zonas de la creación musical nacional que apela a la función lúdrica de la obra, a través del juego paródico y de la desacralización postmoderna” (Borges-Triana, 2009: 96). También otras, como Ana y Olor, donde es apreciable la finalidad del conjunto de darle fuerza a la dulzura (Borges-Triana, 2009: 97), signaron de forma indiscutible la creación posterior de la canción santaclareña.
En su creación, se ponían de manifiesto dos inclinaciones fundamentales, una intensamente lírica e intimista, a la que respondían canciones como Parece un aguacero y Corazón de fantasma; y otra, un tanto más popular, que mostraba con agudeza de discurso, sus intenciones teatrales y performáticas -sin abandonar el buen decir-, mientras se apoyaban primordialmente, en géneros de la música cubana; ejemplos de esta estética creativa de Enserie son obras como Esa corriente de aire tan frío, Carnavalito y Siglo XV.
Otro de los aspectos que detonó en el ambiente musical, santaclareño y nacional, como una de las características que hacían de Enserie una propuesta innovadora y transgresora, fue el tratamiento de las voces. Aún cuando los timbres y estilos interpretativos de sus tres integrantes resultaban bien disímiles, lograban un asombroso empaste, que denotaba el trabajo sobre un mismo concepto, pero proyectado desde posibilidades diversas. Los acordes resultantes del trabajo vocal, se encontraban permeados de perfecta afinación y funcionalidad.
La manera de montar las voces; de combinar la intensión más lírica de uno, con la más sonera del otro, y estas, a la vez, con el dejo rockero de un último; de superponer las frases y líneas melódicas cantadas, a veces de forma individual y otras colectivamente; y de apoyar los textos con sonidos extramusicales, que a la postre, se tornaban musicales; diferenciaron el quehacer trovadoresco del trío, de manera que resultaron uno de los más originales creadores de la isla.
Las letras de Enserie también sobresalieron, ya que en ellas predominaba el elemento crítico, tanto social como personal, y un acercamiento al cinismo y sarcasmo como códigos de comunicación. Pero sería desacertado decir, que es precisamente esto lo más impactante en lo textual del trío, y no el uso de una refinada poesía, con abundancia de símiles, metáforas y otros recursos literarios, utilizados todos para abordar cualquier temática de forma desprejuiciada.
El texto de las canciones se encontraba repleto de imágenes, de historias que traslucían más allá de las palabras, casi como guiones cinematográficos, pero siempre con una visible sencillez, que lejos de permear los versos, los engrandecían. Además, perfectamente sincronizadas las inflexiones léxicas con las líneas melódicas de cada obra, lo cual supone un proceso creativo cuidado y profundo, o un talento autoral sorprendente.
La pérdida, de alguna manera, de nuestro “trovador de tres cabezas”, representa uno de los golpes más duros que ha sufrido el patrimonio cultural santaclareño; y particularmente, todos aquellos que crecimos bajo la influencia de su creación, pero que no tuvimos la oportunidad de conocer y ser partícipes de toda su trayectoria. No obstante, es realmente gratificante poder decir que estos hermosos temas no serán olvidados ya que, lo mismo en algunas peñas de los trovadores, en El Mejunje los jueves de Trovuntivitis, o en las descargas que acaecen casi cualquier madrugada en los predios del parque Vidal, se entonan siempre canciones como Ana y Olor, garantizándose así su perdurabilidad.
Desgraciadamente, las grabaciones son escasas y contemplan sólo un pequeño porciento del repertorio del trío; además, Enserie es una de esos espectáculos que hay que disfrutar en vivo, porque no existe micrófono ni consola capaz de recoger todo lo que lograban transmitir cuando se posesionaban de un escenario. Obras como Corazón de fantasma, Parece un aguacero, Olor, Carnavalito para Raquel, Ana, La noche entera, Polca a Santa Clara, El patio, Peregrino al viento y La conga del dragón ñato; pasan al catálogo de la música cubana, como los indiscutibles aportes que representaron a su cancionística contemporánea.
En las voces de Rolando Berrío, Levis Aliaga y Raúl Cabrera, se demostró que la entrega al espectador de un producto gestado desde el amor y el talento, puede cambiar la manera de un país entero de asimilar determinada corriente musical. Estos jóvenes transgredieron la frontera del discurso musical trovadoresco que existía hasta sus días, y se puede hablar de un antes y un después de Enserie, en la historia de la trova santaclareña y cubana.
Fuente: Umbral Nº 40
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Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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Una respuesta a El trovador de tres cabezas

  1. Wichy dijo:

    Excelente semblanza de aquel trío, que en efecto plantó época en aquellos años noventa. La separación puede ser vista desde un par de ángulos: uno es precisamente las diferencias estilísticas que tenían y que tarde o temprano iban a llamarles a seguir un camino propio, el otro, la situación crítica de Cuba, que lleva a grandes talentos a buscarse los frijoles en otra parte, sobre todo cuando no tienen la suerte de un Buena Fe de caer simpáticos en gran escala, y aún siendo muy superiores a estos. Levis y Roly al menos, trajinando por Europa, luchan la supervivencia lejos de Santa Clara. Creo que hubiesen durado unos años más si hubiesen tenido más o menos garantizado el bistec que piden en “Frío” antes de irse a la Siberia y la tundra.

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