Ocupar Wall Street no es suficiente

Jorge Ángel Hernández

¿Get a Job, o Get away!?

Según un despacho de prensa de la Agencia Reuters, el taxista Mike Tupea, inmigrante rumano, se está cansando de las protestas de los indignados del movimiento Occupy Wall Street, aunque simpatiza con ellos. Tupea es parte del 99% de excluidos de la repartición de la riqueza y se queja, justamente, porque su taxi ha quedado varado en la movilización y él no ha podido ganar el dinero que le permite pagar 100 dólares por 12 horas de uso del vehículo. “Simpatizo con este movimiento —cita el despacho—, pero que me dejen ganarme la vida, que dejen que la gente trabajadora se gane la vida”.

Así vemos el reflejo de una contradicción arraigada en las características del capitalismo, pues este taxista, asalariado y explotado, trabajador, en efecto, deja de comprender que el movimiento pide que él, conjuntamente con la clase trabajadora, se gane la vida con su esfuerzo laboral por derecho y no por un acto de selección natural. Como un obrero libre de venderse como fuerza de trabajo, está obligado a convertirse en mercancía. Vive, por consiguiente, alienado de esa libertad de la que supuestamente disfruta y le es imposible elegir por quienes simpatiza sino, y en última instancia, por quienes lo explotan.

Es abismal la distancia social que lo separa de su casi tocayo, el alcalde neoyorkino Michael Bloomberg, integrante del 1% de privilegiados y por lo tanto defensor de “limpiar” a los manifestantes de las calles y parques de la ciudad; sin embargo, las posiciones terminan siendo semejantes: está bien que protesten, pero mal que se exija un cambio en la causa que lleva a la protesta. Y se establece así en el patrón de sentido de la opinión pública la idea de que los manifestantes no trabajan, que se trata de vagos que no quieren trabajar.

Lo declaran explícitamente empresarios como Derek y John Tabacco en su contramanifestación con llamados como “Occupy a desk” (Ocupa una mesa de trabajo, es decir, un buró) y “Get a job” (Consigue un empleo). Como si el problema no estuviera, justo, en conseguir el empleo. Otro manifestante, de origen colombiano, expresó a la agencia EFE que, a pesar de tener dos trabajos, recibe apenas “las migajas” que dejan las corporaciones.

En tanto, la Policía parece decidida a cortar las manifestaciones, sean estas en un sitio fijo, como hicieron con los acampados, o en plena calle, como recién han hecho en Nueva York, al cumplirse los dos meses del llamado.

Y no se trata solo de esos desclasados que han considerado vagos y basura, sino de arrestos de periodistas que cubrían la noticia. Un despacho de AP reporta el arresto de Julie Walker de la National Public Radio; Patrick Hedlund y Paul Lomax de DNAinfo.com; Doug Higginbotham, camarógrafo independiente para TV New Zealand; Jared Malsin de The Local; Karen Matthews y Seth Wenig de The Associated Press, y Matthew Lysiak del New York Daily News.

De modo que, cuando está en juego la esencia explotadora del sistema, y se cuestiona siquiera el aspecto ético y moral de su base, que es a lo más radical que llega la argumentación de estos indignados, no van a dudar en violar abiertamente las garantías y derechos ciudadanos que la democracia que predican sostiene como esencia. Los excluidos están llamados por el propio sistema a incluirse en calidad de excluidos, a ser parte desde la exclusión de los comportamientos legitimadores de quienes los alienan, recortando empleos y, paradójicamente, llamando a conseguir empleos, haciendo exclusiva la educación y, también por paradoja, invocando a la masa a sentarse en un buró.

La competitividad racional del capitalismo expresa claramente su legitimación de las desigualdades, su naturaleza discriminatoria y predadora, convirtiendo en honorable el hecho de que el 10%  de los más adinerados estadounidenses posea el 81,2% de todas las acciones de Bolsa en Wall Street, mientras el 60% de la población apenas tenga un 2,5%; que las tasas impositivas del 1% más rico se reduzcan en un 20% mientras el resto de la población carga con las deudas que no le corresponden y que, el que se manifieste, quedará juzgado, por violar el orden, desde luego, en tanto ni un solo banquero, ni un solo especulador financiero, haya comparecido siquiera a un tribunal de ética.

 

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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