Con el dolor de mi alma

Jorge Ángel Hernández

Así que Alberto Acosta Pérez decidió marcharse de este mundo poblado de poetas.

Apenas el día 30 de diciembre supe de su enfermedad, por mi breve y siempre agradable conversación con César López. Recordé aquellos años de puja generacional en que compartimos eventos, discusiones y criterios. Su voz como un disparo imprevisto al opinar; como una suave marea al leernos en voz alta sus versos. La vida puso más de veinte años en esas coincidencias y dejó el punto posible de encuentro para el simbólico —inútil— momento de seguirlo a esa supuesta explanada en la que todos estaremos a mano. Y al abrir Cubaliteraria, luego de días sin asomarme a esa planta de Stephen King que es Internet, me encuentro la confirmación de la noticia.

Por eso arrastro a Ogunguerrero, con el dolor de mi alma, las palabras de Pablo Vargas Guast, como uno de esos homenajes que siempre preferimos postergar.

Alberto Acosta: «Valgo lo que doy, es decir, todo»

Pablo Vargas

Mañana escogerán las flores que llevará mi tumba, por favor no olvides que también muero por unos tulipanes amarillos.

Alberto Acosta Pérez

Alberto Acosta Pérez se ha marchado definitivamente, de la misma manera silenciosa y discreta con la que escribió su obra.

Como todo autor que se respete, Alberto tuvo la necesidad de ser reconocido, respetado, halagado pero se cuidó muy bien de no evidenciarlo de manera explícita. Tal vez en muchas ocasiones sintió deseos de autopromoverse, o presionar para ser editado, invitado a eventos, homenajeado, pero se abstuvo de hacerlo públicamente.

Todo cuanto tuvo, y no mucho por cierto, siempre menos de lo que se mereció como el sólido escritor que era, fue el resultado de su tenacidad, de imponer su calidad a base de dedicación y constancia, él le dejó a otros la tarea de reconocer y promover su poesía, y ahora que ya no está, estoy convencido de que alcanzará la estatura que su creación poética reclama, y seremos nosotros, sus lectores y amigos, quienes no permitiremos que lo devore el olvido.

El mejor amigo es la memoria

Es la memoria que hace palabras

y revisa los cuerpos

Es la memoria quien llena las manos vacías

la que nos hace abrir los ojos únicamente adentro

de nosotros mismos

para saber que nada puede morir.

La memoria es el pan,

nuestro despertar a la vida al polvo

y al delirio,

es el árbol que nos une al cielo y a la tierra.

Parecen proféticas estas palabras y otras muchas que escribió a lo largo de su vida, como si se preparara para la inmortalidad, esa que nos hace palidecer o temblar cuando leemos sus versos, sentencias que nos hacen pensar en lo premonitorio de toda su poética, su quehacer literario y su modo de vida.

Alberto fue siempre transparente y cabal, no trató de esconder sus defectos, ni siquiera de enmascararlos, porque jamás perdió la perspectiva de su condición humana y por ende, imperfecta y variable. Se equivocó y acertó como todos. Se arrepintió. Fue inflexible llegado el momento. En resumen, vivió con la certeza de que sufrir es también, a ratos, inevitable. Fue un gran compañero y un excelente amigo y se mantuvo apegado a sus principios hasta el último de los días: «Lo que llevo perdido me define aún mejor que mis señas de identidad».

No cabe duda de que el presente y el futuro inmediato será menos llevadero sin tu presencia, amigo entrañable.

Mi esposa echará de menos tu voz, tu sonrisa constante, tu amabilidad cuando llame al Gran Teatro y nadie le responda, o le digan: «lo siento, señora, no hay asientos para Ud». Nadie la mimará o hará lo imposible por servirle. Entonces estará más triste que hoy cuando le he dado la noticia porque se percatará, en ese momento, que el solo hecho de hablar y bromear contigo, Alberto querido, ya no será posible, al menos en esta dimensión del tiempo que conocemos.

Por esa y otras muchas razones, escribo estas pocas líneas a manera de homenaje que siempre mereciste y nunca te hice en vida. Estoy conforme porque se que te bastó con nuestra amistad, respeto y cariño, y eso nunca te faltó de nuestra parte. Recuerdo que solías decir, y con estas tus propias palabras cierro este modesto tributo a tu memoria: «Valgo lo que doy, es decir, todo».

Un abrazo hermano, espero que nos veamos en la posteridad.

Pablo Vargas Guast, 2 de enero de 2012.

*Los fragmentos de poemas corresponden a Música vaga (Letras Cubanas, 2002).

Fuente: http://www.cubaliteraria.cu/articulo.php?idarticulo=13995&idseccion=30

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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Una respuesta a Con el dolor de mi alma

  1. noslen hurtado acosta dijo:

    muchisimasss gracias por sus palabras quien le escribe es su sobrinaaaaaaa noslen que lamentablemente no pude estar en su despedida pero que cada dia me acuerdo de el apenas ahora puedo buscar sus recuerdos y todo lo que pueda encontrar sobre mi tio amado en internet disculpa por tan talde agrecedimiento de tus palabras hacia el mill gracias por recordarlo siempre

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