El gran apagón

Tres poemas de René Coyra

El gran apagón

Si bastara con abrir una puerta y volver a cerrarla, sí. Pero necesito una razón. Para encontrarla habrá que buscarla, y estoy cansado...

Jean Genet, Los biombos

1

frente al mar

veíamos a los pájaros posarse

lentamente

sobre las ramas

en los robledales.

los pájaros

volaban

sin precaución.

no teníamos luz en la casa que no teníamos.

cuartos de alquiler que pagamos sin dilaciones.

quería marcharme a algún sereno sitio

para estar juntos y esperar a que la luz

regresara sobre nuestra vida.

la desidia de los animales que anidaban

en los pocos robles que quedaban

el sonido lento del agua sobre nuestros pies.

música leve, vida agreste.

las aves se acomodaban en las ramas más altas

sin ninguna distinción. vivían como nosotros

una brizna, un mendrugo de pan les resultaba demasiado.

por aquellos días

amaba a alguien

y ello me parecía

suficiente…

2

en el parque

juntábamos las monedas para el ron.

a la luz de los autos sumamos el precio de los héroes

sobre el papel moneda: el signo, el sino, la significación.

por ningún sitio aparecía el mar,

sobre el papel moneda no había algo que simulase el mar

y en verdad debía estar dibujado como un ser que nunca duerme

sobre nuestra vida, sobre nuestra sombra.

reunidas las monedas en la bebida

para santiguar nuestras gargantas en el duro estío.

al año fui bautizado

y a los dieciséis leía

por primera vez a Anacreonte,

un poeta, un griego más…

3

tenías razón,

podían mandarnos a dormir,

que nos fuésemos a otro sitio:

a los establos, a las ruinas de Cartago

al campo agazapados o a la arenisca del desierto

o al estéril mar de Antioquía

que no tiene mar pero el río Oronte la surca tan semejante al mar

y sus habitantes lloran todavía por lo que fuera su esplendor.

tenías razón,

podían amenazarnos con sus varas

y pedir nuestro santo y seña

e instruirnos sobre la conveniencia de que nos marchásemos.

podían tendernos sobre el  banco de hierro hasta que alguien se acordara

y nos buscaran donde se juntan los vientos de cuaresma.

no te demores mi amor

te espero a las cinco de la madrugada

cuando la aurora comience a girar

sobre el puente de Londres…

4

seres que existen a través del cuadro

la mirada de la gente perdida en el apagón

en el cieno de la noche milenaria.

la reencarnación de la existencia a través de ellos,

otros que padecían sobre tiestos de barro con flores lilas

y retornaban al peregrinaje entre el cielo y la tierra prometida.

el ser que mira al espejo, al cielo de las aguas

el rodar de las cabezas en la frontera líquida

buscando en el cielo la huella del día por venir.

podríamos nombrarlo la puesta, la calle,

la multitud, la apuesta

la caída, el muro, la ciudad, la apuesta
pero el apagón está bien

no es una certeza aunque se avecina

a lo que podría ser sin demasiada sublimación.

la gente parece diminuta

y en verdad el hombre es diminuto ante el apagón

y ante la pasión y ante el amor y el progreso, esa bestia…

oteaba el cuadro

y quería que apareciese en la cubierta del libro

sin ser en realidad un cuadro bello, pero es bello

lo que su distinción se teje en las desgarraduras.

su madera se parece a la de mi cobertizo

y las gomas sobre el fondo verde oscuro

algo nos pretenden decir.

estando contigo pude vislumbrar el amanecer

y no hay luz más bella en el camino

hacia el lento cielo…

5

el poema no tiene que decirnos algo con certeza

nada real o ficticio tiene con exactitud que decir

la palabra vida no es la vida y el silencio tiene cierta forma

de una u otra magnitud, pero cierta forma

siquiera la palabra palabra es necesaria.

la palabra no es necesaria para el poema

o al menos no tan necesaria

como la isla lo ha sido para nosotros,

ínsula del poema, entelequia y errancia…

frente al mar/veíamos a los pájaros posarse/lentamente/sobre las ramas/en los robledales./los pájaros/volaban/sin precaución./no teníamos luz en la casa que no teníamos…


El amante de E. B. frente al árbol de las lamentaciones

sabemos que tenía un amante,

de ojos —tal vez— color de las campanas

de alguna iglesia medieval.

lo sospechábamos, acaso habíamos apostado

por uno que otro nombre:

queremos ver en otros los que en nuestra carne lacera.

imaginábamos aquella Habana

tarde que enmudece

árbol de las lamentaciones pugnando con la tierra

que apenas se hace tocar por él

la caricia recíproca del mar y la sordidez nuestra.

tenía una amante,

me gusta soñarlo de esa manera

verlos sentados en cualquiera de esos parques

que existen gracias al abandono que Dios debe haber sentido

en algún momento por nuestras cosas.

hemos olvidado la fuente

sus delfines de plata

la música de la hierba dentro del agua.

un parque y un país

qué suerte…

mañana tras mañana

un amor como un apuesto lazarillo.

prefiero no creer en nada a pensar que puede

no ser cierto, los veo irse

juntos, penetrando en la devastada ciudad

el círculo que forma nuestra vida con la nada.

yo pude ser su amante.

él pudo escribir todos aquellos poemas para mí.

Emilio Ballagas, de qué vale ya avergonzarnos.

 

Casa de Armenia

el domingo leía sobre tu casa en Armenia,

no imagino cómo podrás soportarlo

junto al frío

a tu instinto de islas.

Babel, ahora llamo a la ciudad

la Babel tropical. mucho me alegra lo de tu casa

en Armenia, ¡ah, yo en tu casa!, en Armenia,

junto a ti.

iba a leer sobre la Cólquide lejana

cuando los policías pedían nos identificásemos.

desde que se rompió la ventana de la casa

tengo tropiezos de esa índole.

caminabas por la avenida de los tilos,

en la biblioteca nos encontrábamos

a ver si el conocimiento nos atrapaba.

hurté algo de Xenofonte sobre Sócrates

y Las nubes y las aporías de Zenón el mago hierático,

a veces temo decirte sobre asuntos tan caros para ti.

te sospecho junto al café hirviente,

comiendo de la nieve derrotada por sus aludes implacables.

¿darías oro por un pedazo

de esta tierra?

pero no vuelvas, porque todo resultaría demasiado pequeño

dada tu costumbre de tanto bregar.

ayer leía sobre tu casa

en Armenia.

Fuente: Faz de tierra conocida, Editorial Letras Cubanas, 2010, pp. 77-83

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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Una respuesta a El gran apagón

  1. Juan C Recio dijo:

    Coyra, ese gran amigo, versos muy bellos, lo comparto, saludalo por este 2012 que comienza.
    JC Recio

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