El Honoris Causa de Fina García Marruz

Arístides Vega Chapú

Un joven profesor universitario, vecino de mi edificio, hace unos días me pidió mi último libro No hay que llorar, pues Fina García Marruz se lo había encargado.

El propio vecino me aseguró que se lo haría llegar justo mañana veintisiete de enero en que la dirección de la Universidad Central de Las Villas le entregue el Honoris Causa concedido por esta alta casa de estudios a la prestigiosa intelectual, en vísperas del natalicio del apóstol, a quien Fina, desde el Centro de Estudios Martianos, dedicara tantos años de consagración, investigación y difusión de la obra martiana.

El joven profesor me pidió le hiciera una buena dedicatoria a Fina. No sé si habré cumplido con sus expectativas, pero en la primera hoja de mi libro le conté a la poetisa y ensayista, reconocida con varias e importantes distinciones como el Premio Nacional de Literatura, el Premio de Poesía Iberoamericano Pablo Neruda y el Reina Sofía, mi vínculo con ella por más de treinta años.

Apenas era un adolescente cuando descubrí en el bien dotado librero de mi padre (téngase en cuenta que él vivió la época en que los libros apenas costaban menos de un peso y claro que hablo de moneda nacional) el revelador poemario Visitaciones. No es que entonces fuera selectivo en mi lectura. Leía de todo y por casualidad descubrí ese poemario al que he vuelto muchas otras veces.

Me llamó la atención la sencillez aparente de aquellos versos que podía entender (y no entrecomillo la palabra) con facilidad y a la vez lo hermoso que me resultaba el discurso que me revelaba con estremecimiento y profundidad sensaciones que todavía hoy necesito y busco de la poesía.

Recuerdo un poema que me impresionó lo suficiente como para aprendérmelo de memoria y hasta recitarlo en un matutino de los que en la Vocacional llamaban especial.

El poema se llama «El Hipopótamo» y todavía puedo de memoria decir sus primeros versos:

 Fuimos con los niños a ver el hipopótamo

pero no estaba allí: vacío estaba el lago

estrecho en que tenianlo, muy bajo

el escaso espesor de las aguas verdosas.

Pero la poesía de Fina no solo me hizo descubrir el universo que todas las poéticas sólidas sostienen, sino que me llevó a otras líricas: Plácido, Juan Ramón, Tallet, Ballagas, Samuel Feijóo… Como esa luz que podrá encontrarse, por suerte, en ese camino misterioso, largo, a veces fatigoso, pero siempre placentero de la lectura.

Muchos años más tarde, viviendo en la ciudad de Matanzas, tuve el privilegio de trabajar en la edición de su libro Poemas de Charlot, publicado por Ediciones Vigía, en abril del noventa.

Nunca fui plantilla de esa editorial, pero entonces, finales de los ochenta, solo contaba con una reducida plantilla que integraban Alfredo Zaldivar, como fundador y director, y las poetisas Teresita Burgos, Bertha Caluff y Laura Ruiz que aún permanece allí, a la que era costumbre se le uniera un grupo de entusiastas amigos, casi todos muy jóvenes, para en jornadas que alcanzaban la madrugada confeccionar aquellos trabajosos libros que artesanalmente, desde entonces, ganaron la categoría de objeto de arte.

Fue en la presentación, en la Casa del Escritor de la ciudad de los puentes, de Poemas de Charlot, en que escuché, por primera vez, los poemas de Fina en su voz y como ya me había pasado con Eliseo Diego, sus textos adquirían una dimensión muy especial en su voz, pues a la meticulosidad de su lírica, a la perfección de su poética sensitiva, a la sencillez de su discurso, tan profundo que se precisa de varias lecturas, se unía una emotiva lectura que tenía mucho que ver con que su voz, más bien baja, temerosa de profanar el silencio, pronunciaba palabra a palabra, quizás sin saberlo o proponérselo, como si estuviese revelando las únicas verdades posibles de escucharse en ese instante.

Intelectual de recia formación y una conducta intachable que dignifica el oficio de la escritura en nuestra lengua, Fina será la primera mujer en recibir, este viernes 27 de enero, el Honoris Causa de la Universidad Central de Las Villas y la tercera, miembro de su ilustre familia, en aceptarlo, ya que anteriormente se le había conferido a Medardo y Cintio Vitier.

Si la lectura de los poemas de Visitaciones ocurrió en una temprana adolescencia a estas alturas Fina García Marruz me lleva acompañando más de treinta años. Por eso, asumo que sea esta una petulancia de mi parte, me parece justo que esté de cierta manera involucrado, a través de mi libro No hay que llorar, en la entrega, mañana veintisiete de enero, en el Centro de Estudios Martianos, del cual es fundadora, del Honoris Causa de la Universidad Central de Las Villas a Fina García Marruz.

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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