Impresiones tras el estreno de Vinci

Jorge Ángel Hernández

Se estrena Vinci en el cine Camilo Cienfuegos, me dijo mi esposa con la intención de que en el acto respondiera: —Vamos.

“Vamos”, respondí.

Nos fuimos con Arístides Vega y Lidia Meriño, su hija Laura y su novio. Al entrar, descubrimos que se proyectaría en pantalla pequeña y que, por eso sin dudas, había pocas personas. Algunas se mostraban molestas por el hecho de que la proyección no fuese en la pantalla grande.

Vinci es un filme de Eduardo del Llano  que viene precedido por el traspaso viral —entre PCs— de sus cortos independientes de Sexmachine, que giran alrededor del personaje de Nicador O’Donnell. Está filmado en una locación, con tres actores principales, Héctor Medina (Leonardo da Vinci), Manuel Romero (Luigi) y Carlos Gonzálvo (Piero), un secundario,  interpretado por Fernando Hechavarría (el carcelero), y un par de extras, entre los que figura el mismo director. Casi una producción teatral de pequeño formato. No puede ser más económica, por cierto. Y eso constituye un riesgo frente a un público acostumbrado al desmadre del efecto especial, a la tecnología en función de la trama y la acción y al argumento continuo de sucesos en diferentes escenarios. Un público que espera además que un filme de carácter histórico sea una superproducción. Todo contracorriente en la concepción cinematográfica de Vinci.

La mano que dibuja por Da Vinci en la película es la de Roberto Fabelo, conseguida con un ritmo visual que lleva al espectador a centrarse en la ficción del proceso creativo del artista. Raúl Pérez Ureta, el director de fotografía, se encargó de manejar con maestría la locación, al punto que el público que me acompañaba en el cine Camilo Cienfuegos no mostró síntomas de cansancio. Pudo reírse además con momentos de la actuación de Gonzalvo, respirar con más intensidad en las sentencias filosóficas de Luigi, y permanecer pendiente de la trama hasta el final, cuando se hizo casi unánime la expresión de desconcierto.

El de Vinci es un final que, en consecuencia con los peligros de la producción, y con el planteamiento argumental de un Leonardo Da Vinci joven que proyecta su futuro en la relación con sus compañeros de celda, asume el riesgo de no concluir la historia al modo estándar del cine de consumo masivo, e incluso de un cine comercial no tan masivo. Decía Alfred Hitchcock que un evento de este tipo era fatal para un filme, y puede que lo sea para Vinci. Sin embargo, los espectadores —del Cine Camilo Cienfuegos, al menos— permanecieron pendientes de la trama, recibieron con placer el curso de la historia y solo reaccionaron al final, cuando el desconcierto insufló en ellos la natural salida ante algo desconocido de repente. Ojo, pues, con esa injusta reacción.

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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