Esa historia apretando mi garganta

Un poema de Aylín Cruz Herrera

De cómo salvar los domingos

Para Ramón y Manolo, inmortales abuelos

de la historia y del verso, porque están.

Tras los ríos que mi abuelo mascaba se esconde la familia,

sin pensar en los hijos de sus hijos

que sobre las aguas caminarían levitando en el asombro.

Si tocan tan fuerte la música

dejaré de oír lo que cuenta mi abuelo,

esa historia apretando mi garganta:

«La verdad se oculta tras los labios

el miedo

el silencio.

Hay que regresar al tiempo de adivinanzas y rondas

sin restarle un paso al camino,

salvar los domingos de tanta quietud

tanta casa

tanta muerte».

Digo muerte y la familia reunida agita al viento,

con la puerta cerrada no dejan de bailar palabras.

Todos han despertado, y es la historia

alegoría infinita de mi abuelo.

Digo muerte: la niña ha mentido,

vuelve el silencio a la familia.

Se escucha al viejo entre sus callos

desde la tierra cultivada para que la niña crezca,

siga cazando burbujas en los ríos de la casa

sin que el perro ladre,

ni mamá pierda el gesto enérgico

de espantar la locura.

Qué imprudente la lluvia,

su descenso constante moja el polvo

y los años que mi abuelo guardaba en toda su ciencia;

cae su voz como sentencia de ángel

abre su torpe cansancio, deja entrar al domingo:

verso que sale de sus ojos,

palabra andando sin tropiezos

pues aún es joven la vida…

La vida que te empuja

tu mano sobre el hombro,

ochenta aguaceros coronando el palacio.

Entonces, sale la rima a besar la imagen,

drama de un sueño que la noche calla.

Ahora que amanece la tierra en tus manos

únete en la palabra al poeta

arrancándole la calma al silencio,

que ya vienen el día y el camino

mientras el portal se clava en la nostalgia.

Despierta, viejo,

la casa espera el domingo

para beberse la humedad de su historia.

Si digo muerte es por mi voz entre los álamos y la lluvia.

Es por mí,

por el tiempo que nos viene faltando,

las rondas, los versos,

empuje abismal de las horas en un día lento,

ausente.

Es la familia sembrada como álamo

alimentando sus raíces:

la tristeza,

la inevitable vejez de un domingo

que nos salva.

Fuente: Faz de tierra conocida, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2010, pp.85-87

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
Esta entrada fue publicada en Oficio de leer y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s