Llueve sobre La Habana, más que un plagio, es un bodrio

Emilio Comas Paret, Cubaliteraria

Por esos azares de la vida cayó en mis manos un ejemplar que solo de verlo me llamó la atención. Es una novela publicada en España por La Página Ediciones, en lo que sería su sección Sýnoros/Narrativa, que, por cierto, es tan joven que solo tiene publicado cuatro títulos incluyendo este, que se titula Llueve sobre La Habana, aunque se gasta una terminación excesivamente cara para estos tiempos de crisis.

Pero es que “Llueve sobre La Habana” es el título de una novela del escritor cubano Julio Travieso, cuya  primera edición se hizo en La Habana, en el 2004, por la editorial Letras Cubanas; luego tuvo otra edición cubana y posteriormente fue traducida al portugués y al ruso y publicada, en el 2008, en Sao Paulo y Moscú. En el 2009 la publicó la editorial Renacimiento, de Sevilla, España y en el 2011 se tradujo al inglés por la editorial José Martí, de La Habana.

Pero además, hay otro hecho curioso, los dos textos tienen en su portada una foto similar: un auto viejo parqueado en una calle de Centro Habana.

La novela española es del autor José Luis Muñoz, que según la ficha que aparece en la solapa, nació en Salamanca en 1951, y “es uno de los más prolíficos y consolidados cultivadores de la literatura “negrocriminal”  española y uno de sus miembros fundacionales por su vinculación a la Semana Negra de Gijón desde su primera edición. Veintisiete novelas, de géneros tan diversos como el fantástico, erótico, histórico y policial, cuatro libros de relatos…”

Realmente prolífico es, y en demasía para mi gusto. Una novela requiere tiempo de investigación, meditación y trabajo, y las novelas no se hacen como chorizos, uno detrás del otro. Este autor según noticias publicó en el año 2010 tres novelas.

Y en el 2011 presentó Llueve… en la Feria del Libro en Miami.

Bueno, pues la curiosidad me picó y empecé a leer Llueve sobre La Habana española, junto conLlueve sobre La Habana del cubano Travieso, y se ven cosas demasiado raras.

Ya la nota de contracubierta empieza diciendo: “En una Cuba sumida en uno de sus habituales períodos especiales…” y que sepamos los cubanos que vivimos en la Isla, en Cuba ha habido un solo Período Especial, y fue en el momento en que cayó el campo socialista y nos quedamos solos defendiendo lo que considerábamos necesario defender. Primera pifia.

En la novela de Travieso hay dos personajes principales, que son las llamadas jineteras, y en la de Muñoz, coincide también que hay dos jineteras protagonizando la acción. En la  novela de Travieso, la Habana de los años 90, la Habana del Período Especial, es el telón de fondo de  la obra,  en la de Muñoz también. Pero es que el señor Muñoz no es cubano. Claro que alguien puede tomar un tema para escribir una novela de otro país que no es el suyo, pero para eso  necesita tener un  conocimiento profundo del lugar y del momento en que se desarrolla la acción, debe dominar las costumbres, las formas verbales de comunicación de los distintos sectores de la sociedad, el ambiente en que se desarrolla la vida, etc.  Y ese conocimiento no lo tiene el Sr Muñoz y ello lo demostraré más adelante.

Pero veamos algunos ejemplos de escrituras aunque no iguales, sí compartiendo los mismos asuntos y modos:

En el texto de Muñoz, en la página 25 se lee:

“Las nubes ocultaban la luna y el rumor sordo de las olas estrellándose contra el muro tapaba el ruido del tráfico rodado. El ritmo del mar era como el segundero de un reloj.”

En el texto de Julio Travieso, en la página 11 leemos:

“Casi siempre mi recorrido concluía en el Malecón, frente al mar (…) me gusta el mar, me gusta observar el movimiento de la marea que va y viene eternamente, sin descanso, indiferente a todo lo que no sea su eterna tarea de lamer las rocas.”

Texto de Muñoz en la página 28:

“Jineteaba y trabajaba honradamente, y hacía lo primero porque con lo segundo no podía comprarse los trapitos que le apetecían.”

Y en la página 30 también se lee:

“Entrar en los supermercados y tener de todo. Estanterías llenas de pollo y no ese mojón de la cartilla de racionamiento.”

En el texto de Travieso dice en la página 35:

“Dólares que le permiten a Malú comprar más comida. No la  que me entregan por una tarjeta sino la otra, la protéica. Nada de arroz y granos. Carnes sí, de todos los tipos, y quesos, leche, cerveza, pastas italianas, y también ropas, perfumes, zapatos.”

Texto de Muñoz en la página 30:

“Pues porque no tengo valor, me da pánico el mar y los tiburones…”

Texto de Julio Travieso en la página 60:

“A ella  le aterra la posibilidad  de verse en alta mar sobre una cámara de camión. Es cobarde para las cosas del mar y le teme a la muerte.”

Texto de Muñoz en la página 34:

“Por mar, aunque  esa fosa de tiburones que les separaba del paraíso americano les daba pánico. En el próximo bote. Quisiera poder convencer a Bemba. Y las dos abrirían una tienda en Miami.”

Texto de Julio Travieso en la página 60:

“Un amigo mío está preparando una balsa para irse y está dispuesto a llevarnos (…) Aquí vamos a vivir siempre así y terminaremos arrugadas, si antes no nos matan para robarnos o meternos presas. Allá afuera viviremos como reinas.”

Texto de Muñoz en la página 33 :

“Mucha ilustración, hasta para las jineteras que podían tener luego una conversación culta con el cliente con quien habían estado templando”.

Texto de Travieso:

“Las dos jineteras protagonistas de la novela son universitarias que hablan otros idiomas.”

Solo les ofrezco algunos botones de muestra.

Anteriormente les comenté que luego de leer la ¿novela?, me percaté que el señor Muñoz no tiene la menor idea de qué cosa es Cuba, qué es La Habana y qué es lo cubano. Si acaso habrá dado algún viajecito de turismo a la capital cubana, se habrá relacionado con alguna prostituta de baja estofa, que también las hay (no todas son universitarias), y a partir de esa ligera y superficial experiencia se metió en un tema que es complejo para nosotros, los escritores cubanos, por lo que debe ser mucho más escabroso para un extranjero que solo nos visita una semana.

Vamos allá:

El señor Muñoz comete innumerables errores en cuanto a expresiones que se las asigna a personajes cubanos y habaneros, se equivoca en direcciones y lo más importante, desconoce nuestra historia y nuestras luchas. Y vamos a pensar que solo las desconoce y no las tergiversa con mala intención y para agradar a nuestros enemigos.

Por ejemplo:

Utiliza frecuentemente la palabra TEMPLAR, que es una manera popular y hasta soez de hablar de relaciones sexuales, pero no tiene idea de que templar funciona como un verbo en Cuba,  y se usa en las tres primeras personas, y en la quinta y la sexta, del presente del indicativo. Por eso es un disparate y un desconocimiento del lenguaje marginal de habanero, decir, como se hace en la página 87: “Se la templa Ud. si quiere”.

Y en la página 82: “Ud. quiere ver como su marido se la templa”.

En la página 176: “Cuando templo, amiga”.

La forma correcta de decirlo es: “Se la tiempla Ud. si quiere”. “Su marido se la tiempla”. “Cuando tiemplo, amiga”.

En  los diálogos, los personajes emplean de manera sistemática la palabra “compay”, la cual no forma parte de la jerga habanera. La palabra compay  procede de zonas intrincadas del oriente del país, y en La Habana no es de uso frecuente en la conversación.

En la página 22 Muñoz dice: “he cogido tremendo metió”, realmente se dice: “he cogido tremendo metío”.

En la página 79 dice: “que se ha cogido tremendo metío de mí”, cuando la manera correcta de decirlo es:  “que ha cogido tremendo metío conmigo”.

En la página 19 Muñoz narra: “El prostíbulo clandestino que no cerraba  gracias a los sobornos  y prebendas que obtenían de las autoridades: singada gratuita para policías, políticos y sindicalistas, todos comecandelas”.

Esta manera de decir está absolutamente permeada por la manera de hablar de los españoles. Por ejemplo, en Cuba a los dirigentes del Poder Popular (Gobierno) o a los dirigentes del PCC  no se les llama políticos, esa acepción dejó de usarse en el 59, y el vocablo sindicalista, muy común en la Madre Patria, aquí tampoco se usa, pues quien más se le acercaría son los dirigentes de los sindicatos y no se nombran así.

El término comecandela fue voz popular en los primeros años de la Revolución para aquellos revolucionarios que exageraban su fidelidad con la causa y adoptaban posiciones extremistas, por lo cual fueron repudiados y hasta burlados por el pueblo. Nada que ver con la circunstancia habanera de hoy.

En la página 191 habla de “El bendito son santiagueño”, en realidad se debe decir “santiaguero”.

En la página 113 dice: “hacían que su nombre sonara como ministrable de cultura”. En Cuba esa frase nadie la entendería, es muy local de España.

En la página 13 dice: “comeras hasta hatarte”, cuando debiera decir “comerás hasta hartarte”.

En la página 81 hay otra gran falta de ortografía cuando se escribe: “hecharse al pico”, todos sabemos que en este caso echarse se escribe sin h porque es de echar, no de hacer, material de estudio de los niños cubanos en cuarto grado.

En la página 14 se dice: “vaya pena de sujetador que tienes, niña”. Y sujetador es nombre que se usa en España, en Cuba se le llama ajustador.

En las páginas 14 y 66 se escribe: “pero déjate las braguitas”, en Cuba se les llama “blumers”, usando el apellido de la francesa que los inventó.

En la página 14 se habla de “la cartilla de racionamiento”, cuando en realidad es la libreta de abastecimiento.

En las páginas  17 y la 104, 146 y 126 se usan las frases “Chingadas, madres”, “Chinga madre”,  “platicar”, “zopilote”,  que son palabras que se hablan en México, no en Cuba.

Otra arista de este asunto es el tratamiento que el señor Muñoz le da al pueblo cubano.

En la página 33 dice:

“El socialismo los había igualado a todos, bien cierto, pero en la miseria. La gente no se encabronaba porque el clima era pestoso y húmedo, pero bueno para aplacar la furia, y por las playas y el vaivén del Caribe que apaciguaba”.

Aquí persigue la reaccionaria y pasada de moda teoría de que el clima es determinante para el desarrollo social de los pueblos, por ello los que vivimos en países tropicales somos  haraganes e irresponsables.

Las tres guerras que le peleamos a España demuestran lo contrario.

Hay que decir de soslayo que escribir “pestoso” es de una enorme ignorancia. Hasta un niño sabe que se dice apestoso.

La última audacia del señor Muñoz es convertir a Fidel Castro en uno de los personajes secundarios de su “novela”.  Sobre este particular no les pondré el ejemplo, el señor Muñoz lo hace de una manera tan grotesca, soez, insultante y tan falto de ética que vale la pena no reproducirlo.

En fin, quizás desde el punto de vista jurídico el escritor Julio Travieso no pueda acusar ni lograr condenar al señor Muñoz de plagio, pero desde ya esta obra puede estar considerada dentro de esos libros lamentables que nadie sabe por qué se publican y a quienes les sirve.

Realmente Llueve sobre La Habana española quizás no sea del todo un plagio, pero evidentemente es un bodrio.

Texto original completo en Cubaliteraria

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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2 respuestas a Llueve sobre La Habana, más que un plagio, es un bodrio

  1. Mayra dijo:

    Excelente análisis, Jorge. Tienes razón, no puede ser casualidad. Con relación a la ignorancia sobre Cuba, es algo con lo que uno se tropieza mucho por acá. No obstante, lo peor de todo es que hay escritores cubanos que incurren en esto también…¿desconocimiento?, ¿conveniencia?…vaya usted a saber!!

    • ogunguerrero dijo:

      En efecto, Mayra, este recorrido que hace el amigo Emilio Comas es, como él mismo asegura, “un botón de muestra” de cómo se manipulan las recetas para generar un patrón de opinión que deje en la superficialidad la cuestión cubana. Escritores que, por su parte, son asalariados antes que portadores de opinión: toman la receta y la reproducen si pudor, con tal de ganarse los kilitos, como las jineteras, pero con menos gracia corporal.

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