El cumpleaños de Lenna

Jorge Ángel Hernández

Mi hija, Lenna María Hernández Cárdenas, cumple hoy veintiún años de edad.

Quiero, simplemente por eso, traer a Ogunguerrero dos de los poemas que he escrito por su estricta causa, que es la mayor de las causas de mi vida. El primero, «Paseo con mi hija», quedó finalmente en el poemario Ojos de gato negro, que ganara el Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara en 2005, el segundo, «Atardecer, en el trópico», debe formar parte de mi libro Casos no resueltos, aun inédito.

Así, un día como hoy reanima, y a la vez esconde, el día a día de saberse presentidos.

PASEO CON MI HIJA

Cuando mi hija detonaba la ávida estrechez del Cobertizo y yo caía en la batalla con la página hambrienta, emprendíamos paseos en bicicleta, del pueblo a las afueras, a esas zonas de pastos y sembrados. Solíamos conversar sobre el paisaje, a través de sus luces y sus polvos, los dos como nombrando el mundo. Sus preguntas quebraban la lógica siniestra del lenguaje y hallaban la soltura de nombres impensables, simpáticos y activos.

Pedaleaba del pueblo a las afueras, con mi hija a las barbas del asombro. Gritaba una mujer detrás de una ventana soportando los golpes de un marido atacado por los celos. Una hembra gemía junto a las tablas gastadas de su hogar sin pensar en los celos del marido. Las casas de tabaco curtían su deterioro bajo el temor de ciclones y rateros. Y además el recuerdo de una novia que fue casi sin irse. La inquietud de mi hija se lanzaba a esos sitios, al ritmo del pedal y las palabras, que volaban también sin que ninguna llegara hasta la página.

Hoy mi hija está lejos, creciendo, a la sombra inconstante de su madre, mientras me gasto en la página sedienta y pierdo en un minuto los nombres impensables, ya amargos en el tiempo.

Y no sé si aquel que no era yo, es ahora también el que no he sido.

 

ATARDECER, EN EL TRÓPICO

 

Con paciencia de enfermo

y entre luces de sábado invernal,

mi hija capta instantáneas en la playa.

Las nubes son oscuras,

como el peligro que acecha a su futuro,

y pequeños los seres

asidos a su diaria conquista de vivir el planeta.

Tras el lente, reconoce

el ritmo que la vida le impone en su venganza.

Son fotos de crepúsculo

que acaso le recuerdan

las que ha visto y admira con sana ingenuidad.

Yo recuerdo las placas radiaciones

que blanqueaban su joven mediastino

como un paisaje de depredación humana.

Acaso el nudo que atraca en mi garganta

sea más débil que el nudo en que se traba el planeta,

pero cargo, paso a paso, en vigilia de enfermo,

con las blancas secuencias de su pecho,

esperando que un día se disipen

como esas nubes que van hacia la noche.

 

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
Esta entrada fue publicada en Oficio de leer y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a El cumpleaños de Lenna

  1. Juan C Recio dijo:

    felicidades para esa bella nena, parece fue ayer la cosa cuando en aquel cobertizo gateaba, mira, nos ponemos viejo, viejo muy a prisa, pero cierto que son motivos los hijos para cosas tan completas como estos poemas, un gran abrazo y un beso para ella, mucho tiempo ya sin verla.
    JC Recio

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s