Debes pagarlo todo, hasta la risa

Jorge Ángel Hernández

El sentido del vocablo Free se restringe aceleradamente en Internet

La ilusión de que con Internet y las redes sociales arribamos a la plena libertad de expresión comienza a retroceder aceleradamente. La industria cultural está dando los pasos de mayor impacto, al presionar para que se cierren los sitios de intercambio de archivos gratuitos. Se trata ahora de FileServe y Wupload bajo, ambas cediendo a las presiones de Paramount Pictures, desde donde han sido calificados como delincuentes. El escándalo del cierre de Megaupload, con despliegue policial y persecución internacional no es una advertencia baldía. Es, en rigor, una amenaza a quienes se tomen en serio tanto el cuento de la posibilidad de progresar al alcance de todos, como la imperdonable de ofrecer gratuitamente al alcance a los conocimientos. Los proyectos de ley, como la SOPA y la PIPA, o las leyes como la aprobada en España, sientan las bases para que el aparato legal retome el control de la industria cultural.

No es de extrañar entonces, que para quienes explotan el talento y lo convierten en una pieza del mecanismo capitalista de producción racional, como las industrias cinematográficas de Hollywood, se considere delincuente a todo aquel que se atreva a poner a disposición de quienes tienen acceso a las redes la cultura y, sobre todo, el entretenimiento. Son industrias que durante toda la historia del capitalismo han alienado tanto al creador como al consumidor de su condición humana. Han manejado indolentemente al espectador y han manipulado a su antojo a los artistas. Los pocos rebeldes lo han pagado con creces.

¿No tengo derecho a compartir gratuitamente un libro que he comprado?

En teoría, debía tenerlo. Pero es imprescindible que se produzca una reproducción de los objetos de consumo en las relaciones mercantiles para que esos monopolios de la industria cultural puedan seguir dominando las tendencias, gustos y direcciones de lo que se consume. Y al mismo tiempo, es imprescindible mantener el control absoluto sobre esos mecanismos de reproducción de objetos de consumo para que el capital continúe fluyendo hacia los mismos sitios.

Como Internet tiene en efecto el poder de mundializar los conocimientos, y los contenidos en general, se les hace necesario cerrar las autopistas y recuperar los leoninos manejos del comercio monopolista. La libertad no se aviene con las empresas, mucho menos con aquellas que han lucrado con la necesidad del ciudadano de compensar sus faenas con el entretenimiento y de superarse mediante el conocimiento.

Por tanto, se considera un delincuente a todo aquel que, habiendo adquirido comercialmente un producto, decide compartirlo, decide socializarlo globalmente. Con tanto cuento, no puedo evitar el recuerdo de Pippa Mediaslargas entrando con los ojos cerrados al circo, por temor a que le cobraran por cada cosa cada que viese. He ahí el nudo gordiano del capitalismo: debes pagarlo todo, hasta la risa.

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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