Alienación e intolerancia para Ozzie Guillén y las Américas

Jorge Ángel Hernández

Ozzie Guillén, el ex grandes ligas venezolano y actual manager de los Marlins, se convirtió en una de las más difundidas noticias del ámbito hispano este 10 de abril. Todo, porque cometió un error que, no por ingenuo, deja de ser habitual en la inmensa mayoría de la sociedad civil global: dar por cierta la garantía de libertad de expresión de la Primera enmienda constitucional estadounidense. Sus declaraciones a la revista online Time acerca de su admiración por el líder de la revolución cubana Fidel Castro, y sus simpatías por el presidente venezolano Hugo Chávez, lo colocaron de cara a la penosa situación. Las presiones fueron inmediatas e inmisericordes y la respuesta institucional no le dejó otra opción que asumir el camino de la humillación. Fue sancionado y obligado a prestar declaraciones públicas repitiendo los lugares comunes que como empleado se le exigen.

El mensaje es bien claro: si quieres un empleo en mi finca, debes respaldar al dedillo mis prejuicios. No disentir, y declararte feliz y a plenitud.

Las variables de opinión son muy estrictas y tienen bien definidos sus tabúes. Así, la sociedad que se precia, en preceptiva al menos, de privilegiar al individuo, mutila en la práctica toda posibilidad individual de expresar una opinión. Y expresarse libremente puede llevar a esos actos de pérdida de dignidad como el que acometiera el ex short stop y, acaso pronto, también ex manager de los Marlins. No importan su trayectoria como atleta ni sus resultados como director, si se le ocurre salirse del consenso que media los juicios de valor de quienes siguen decididos a no perder los contextos básicos de Guerra Fría. Las huestes de opinión anticastrista no ceden ni el más mínimo espacio, al tiempo que financian una millonaria subversión contra el sistema legítimo y constitucional cubano en nombre de que se imponga en la Isla su propio concepto de diversidad de opinión. La más mínima mención no debidamente demonizada de Fidel Castro, o de Hugo Chávez, atenta contra lo “políticamente correcto” y se convierte en la soga en casa del ahorcado.

En sus declaraciones, tras enumerar: “el régimen castrista, y el régimen de Venezuela, y el de Nicaragua, y el de Ecuador”, añade, una vez más revelando más de lo que dice, “y lo que ustedes quieran”.

No se trata, sin embargo, de un suceso que solo ofrece la crónica noticiosa y que da rating a las agencias de Prensa, sino de un hecho social que testimonia el estado verdadero de la libertad de expresión de la sociedad de consumo y del totalitarismo de la ideología liberal. Si ascendemos de la cuestión individual encarnada en este turno por Guillén, y vamos hasta el espacio panamericano, descubrimos, en la misma línea de totalitarismo anticubano, que EEUU veta la participación de Cuba en la Cumbre de las Américas e impone su minoritario criterio a la mayoría del continente. Y he escrito EEUU sabiendo que representa una sinécdoque, pues se trata de una decisión que, de cara al panorama electoral, puede costar un voto decisivo cuyas cifras demográficas no son tan altas como la propaganda mediática figura.

A menudo, las agresivas declaraciones y las inclementes medidas contra Cuba, se justifican con la intención de buscar el voto de Miami, Florida. Así dicho, parece que la mayoría se define por recrudecer las medidas represivas contra Cuba y no por viabilizar los modos de intercambio y de respeto mutuo, individual, político y social. Se trata, no obstante, de un sector de clase política que domina precisamente el voto y manipula a su antojo, y con férrea guía, la opinión pública. La coacción no se camufla, sino que se exhibe con descaro para que a nadie le quepan dudas de dónde se hallan las barreras que no deben ser saltadas y de hasta qué punto la hipocresía es el único modo de lidiar con la censura. Como a Guillén, aunque con más pulido porte, vimos al presidente colombiano Juan Manuel Santos explicar a la prensa que Cuba no asistiría a la Cumbre de las Américas “por causa del consenso”.

Solo las naciones integrantes del ALBA tratarán de dejarse escuchar en esa Cumbre, tradicionalmente mediada por el consenso de lo que con justicia Roa llamó el Ministerio de Colonias Yanki. Lo hicieron con fuerza en una vez anterior, de conjunto con la mayoría de las naciones latinoamericanas, cuando reivindicaron el derecho de Cuba a formar parte de la OEA. Pero la negativa a permitir la participación de Cuba demuestra concreces que por un lado anda el papel, con sus estamentos de tinta por la Democracia, y por otro la práctica real de la dominación capitalista y la cuestionada hegemonía imperialista. Sus servidores políticos, dueños de los sistemas de Partidos y de sus estrategias de voto, reproducen el esquema en sucesos como el de Ozzie Guillén, un empleado que, al “enmendarse”, expone hasta qué punto los millones de salario no lo liberan de las estrictas condiciones alienantes de su empleo. Su contrato no es, como se pretende, laboral, sino además, y con qué fuerza, de compromiso político y electoral. Tampoco es de intercambio la relación entre países, sino, como se aprecia una vez más, de panglosiana aceptación de los dominadores.

 

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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Una respuesta a Alienación e intolerancia para Ozzie Guillén y las Américas

  1. Paul dijo:

    Me decepcionó la sumisión de Ozzie Guillen, en ese mundo norteamericano no hay libertad en el fondo Guillen es victima de la dictadura del imperialismo

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