¿Armas por correo?

Jorge Ángel Hernández

El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, ha negado que desde su país se estén entregando armas para la subversión en Siria. Ello en respuesta a acusaciones de expertos y medios de comunicación, además de las correspondientes oficiales del gobierno sirio, de que la CIA suministra a través de la frontera con Turquía el arsenal.

Los llamados rebeldes cuentan con rifles automáticos, cohetes lanzagranadas, municiones y armas antitanques, arsenal que difícilmente puede proceder de Arabia Saudita, Qatar, la propia Turquía o la Hermandad Musulmana Siria, asociación vinculada a los planes de la CIA para la subversión en la nación, como lo señala en el Washington Post Eric Schmitt. A esto se suma la facilitación de información satelital acerca de las posiciones de las tropas militares sirias y sus desplazamientos dentro del país. Y 15 millones de dólares en ayuda suplementaria “no letal”, en instrumental médico y equipos de comunicación, aprobados por el Departamento de Estado estaounidense para ayudar a “la oposición civil”.

La negativa es tan falaz que, como suele ocurrir con estos preceptos de cínico argumento —como el de la existencia de armas de destrucción masiva en Irak, que no se han encontrado luego de la ocupación militar, o en Irán, anunciadas por ciberprogramas— se sigue la rima de lo que unos aseguran por lo contrario de lo que afirman otros. La especulación mediática cumple sus funciones de desinformar, y desorientar la opinión pública, mediante la saturación de elementos informacionales. Contradictoriamente, un oficial de la CIA ha declarado que la presencia de sus efectivos militares en la frontera turco-siria durante las últimas semanas se debe a evitar que ese armamento caiga en manos de Al-Qaeda, o algún otro grupo terrorista. Así se une a la falacia primaria, otra que justifica cualquier tipo de acción injerencista: la lucha contra el terrorismo. Y se da por sentado que, aunque sí existe un despliegue de armas, no se entregan por parte de los EEUU a los opositores sirios.

La política exterior estadounidense acuerda sin embargo que el asunto debe resolverse a través de las negociaciones mediadas por la ONU, sin actos violentos ni intervenciones extranjeras. La población civil siria, que sufre las consecuencias de los enfrentamientos y, sobre todo, de las masacres sucesivas, es apenas un decorado de cartón en la manipulación mediática y, más que en los medios, en la perspectiva política internacional. La indignación pos las matanzas y los ajustes de cuentas, apenas repercuten como escándalo en los medios. Las culpas que se vierten sobre el presidente Al-Assad aparecen como fuente justificatoria de acciones como la de proveer de armamento y tecnología de guerra avanzada a grupos subversivos de orientación intervencionista. Como se sabe, solo el veto ruso y chino ha detenido el consabido acto de invasión directa, como presunta respuesta a la “petición” de esos mismos rebeldes que fabrican, financian y apertrechan. Y ha cambiado, por tanto, la estrategia.

Como en Cuba en Playa Girón, o Bahía de Cochinos, en abril de 1961, buscan armar a los nacionales entreguistas que se han exiliado, de conjunto con las bandas que operan en el interior del país, para que planteen la guerra directa en el territorio y se creen las condiciones para forzar un plan interventor internacional que derroque al gobierno y establezca el conocido mando de transición. Turquía, por su parte, también asegura que no suministra armas a los rebeldes sirios, sino ayuda humanitaria a los refugiados que cruzan la frontera.

Es de preguntarse, entonces, cuál sería la respuesta de los opositores armados acerca de cómo han conseguido tan sofisticado armamento y una tecnología tan avanzada.

¿Responderán acaso:

—Pues mire usted, nos ha llegado por correo, de Santa Claus o de los Reyes Magos, no sabríamos decirle con certeza?

Publicado en Cubasí

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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Una respuesta a ¿Armas por correo?

  1. No creo que esten tan locos como para aventurarse a una guerra mundial en estos momentos como entonces, aunque guerrita a guerrita llenan el mundo de guerras sin correr el menor peligro de extincion. Esto, que se parece mucho a lo que hay ahora, pues entonces y ahora es lo mismo, lo escribia Trotsky en 1939:

    El monopolio necesita en cambio un gobierno todo lo más autoritario que sea posible, murallas aduaneras, sus “propias” fuentes de materias primas y mercados (colonias). La última palabra en la desintegración del capital monopolista es el fascismo.

    CONCENTRACIÓN DE LA RIQUEZA Y AUMENTO DE LAS CONTRADICCIONES DE CLASE

    Los capitalistas y sus defensores tratan por todos los medios de ocultar el alcance real de la contradicción de la riqueza a los ojos del pueblo, asó como a los ojos del cobrador de impuestos. Desafiando a la evidencia, la prensa burguesa intenta todavía mantener la ilusión de una distribución “democrática” de la inversión del capital. The New York Times, para refutar a los marxistas, señala que hay de tres a cinco millones de patronos individuales. Es cierto que las compañías por acciones representan una concentración de capital mayor que tres a cinco millones de patronos individuales, aunque Estados Unidos cuenta con “medio millón de corporaciones”. Este modo de jugar con las cifras tiene por objeto, no aclarar, sino ocultar la realidad de las cosas. Desde el comienzo de la Primer Guerra Mundial hasta 1923 el número de fábricas y factorías existentes en los Estados Unidos descendió del 100 al 98,7 por ciento, mientras que la masa de producción industrial ascendió del 100 al 156,3 por ciento. Durante los años de una prosperidad sensacional (1923-1929), cuando parecía que todo el mundo se hacía rico, el número de establecimientos descendió de 100 a 93,8, mientras la producción ascendió de 100 a 113. Sin embargo, la concentración de establecimientos comerciales, limitada por su voluminoso cuerpo material, está lejos de la concentración de su alma, la propiedad. En 1929 tenían en realidad más de 300.000 corporaciones, como observa correctamente The New York Times. Lo único que hace falta añadir es que 200 de ellas, es decir, el 0,07 por ciento del número total, controlaban directamente al 49,2 por ciento de los capitales de todas las corporaciones. Cuatro años más tarde el porcentaje había ascendido ya al 56, en tanto que durante los años de la administración de Roosevelt ha subido indudablemente aún más. Dentro de esas 200 compañías por acciones principales el dominio verdadero corresponde a una pequeña minoría. El mismo proceso puede observarse en la banca y en los sistemas de seguros. Cinco de las mayores compañías de seguros de los Estados Unidos, han absorbido no solamente a las otras compañías, sino también a muchos bancos. El número total de bancos se ha reducido, principalmente en la forma de las llamadas “combinaciones”, esencialmente por medio de la absorción. Este cambio se extiende rápidamente. Por encima de los bancos se eleva la oligarquía de los súper-bancos. El capital bancario se combina con el capital industrial en el súper-capital financiero. Suponiendo que la concentración de la industria y de los bancos se produzca en la misma proporción que durante el último cuarto de siglo –en realidad el “tempo” de concentración va en aumento- en el curso del próximo cuarto de siglo los monopolistas habrán concentrado en sí mismos toda la economía del país, sin dejar nada a los demás. Hemos aducido a las estadísticas de los Estado Unidos porque son más exactas y más sorprendentes. El proceso de concentración es esencialmente de carácter internacional. A través de las diversas etapas del capitalismo, a través de las fases de los ciclos de conexión, a través de todos los regímenes políticos, a través de los períodos de paz tanto como de los períodos de conflictos armados, el proceso de concentración de todas las grandes fortunas en un número de manos cada vez menos ha seguido adelante y continuará sin término. Durante los años de la Gran Guerra, cuando las naciones estaban heridas de muerte, cuando los mismos cuerpos políticos de la burguesía yacían aplastados bajo el peso de las deudas nacionales, cuando los sistemas fiscales rodaban hacia el abismo, arrastrando tras sí a las clases medias, los monopolistas obtenían sin precedentes con la sangre y el barro. Las compañías más poderosas de los Estados Unidos aumentaron sus beneficios durante los años de la guerra dos, tres y hasta cuatro veces y aumentaron sus dividendos hasta el 300, el 400, el 900 por ciento y aún más. En 1840, ocho años antes de la publicación por Marx y Engels del Manifiesto del Partido Comunista, el famoso escritor francés Alexis de Tocqueville escribió en su libro La Democracia en América: “La gran riqueza tiende a desaparecer y el número de pequeñas fortunas a aumentar”. Este pensamiento ha sido reiterado innumerables veces, al principio con referencia a los Estados Unidos, y luego con referencia a las otras jóvenes democracias, Australia y Nueva Zelanda. Por supuesto, la opinión de Tocqueville ya era errónea en su época. Aún más, la verdadera concentración de la riqueza comenzó únicamente después de la Guerra Civil norteamericana, en la víspera de la muerte de Tocqueville. A comienzo del siglo XX el 2 por ciento de la población de los Estados Unidos poseía ya más de la mitad de toda la riqueza del país; en 1929 ese mismo 2 por ciento poesía los tres quintos de la riqueza nacional. Al mismo tiempo, 36.000 familias ricas poseían una renta tan grande como 11.000.000 de familias de la clase media pobre. Durante la crisis de 1929-1933 los establecimientos monopolistas no tenían necesidad de apelar a la caridad pública; por el contrario, se hicieron más poderosos que nunca en medio de la declinación general de la economía nacional. Durante la subsiguiente reacción industrial raquítica producida por la levadura del New Deal los monopolistas consiguieron nuevos beneficios. El número de los desocupados disminuyó en el mejor caso de 20.000.000 a 10.000.000; al mismo tiempo la capa superior de la sociedad capitalista –no más de 6.00 adultos- acopió dividendos fantásticos; esto es lo que el subsecretario de justicia Robert H. Jackson demostró con cifras durante su declaración ante la correspondiente comisión investigadora de los Estado Unidos. Pero en concepto abstracto de “capital monopolista” está para nosotros lleno de sangre y de carne. Esto quiere decir que un puñado de familias, unidas por los lazos del parentesco y del interés común en una oligarquía capitalista exclusiva, disponen de las formas económica y política de una gran nación. ¡Hay que admitir forzosamente que la ley marxista de la concentración del capital ha realizado bien su obra!

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