El turno del omitido, o Ideología sin literatura

Jorge Ángel Hernándezarboles para colorear 2

Existen determinados patrones de uso de la ideología con fines de propaganda política que rara vez sus practicantes profesionales se atreven a violar. Primero: la suplantación del discurso alternativo como expresión del sentido que se quiere legitimar a toda costa; segundo: la censura a través de un ejercicio de corte y edición; tercero: la tergiversación abierta; y cuarto: la omisión. No es la primera vez que observo el empleo escolar de tales mecanismos en cuestiones relacionadas con Cuba y tampoco me estreno como víctima de ese tipo de práctica de manipulación mediática. Una reseña que aparece en el Diario de Cuba de este 21 de febrero, acerca del Panel «Literatura e ideología. Esquemas, prejuicios y omisiones», celebrado en la mañana del día 20 dentro del marco de la XXII Feria Internacional del Libro de La Habana, es un texto ejemplar de esta gimnasia periodística a la que sordamente responde la propaganda contrarrevolucionaria cubana.

No es de extrañar que uno de los comentaristas al pie –que no se atreve a publicar bajo nombre y apellido y no puede si no acudir a la ofensa–, se muestre poco dispuesto a creer que esas ideas se expresaran en Cuba y bajo palabra de quien consideró un “comisario cultural”, es decir, la mía propia. Demasiado conoce nuestra forma de pensar como para tragarse mansamente el caos que el Diario le ha vendido. La contradicción del lector-comentarista se resuelve en la más simple e inmediata lectura, pues la reseña está inescrupulosamente enfocada hacia aquellos intereses ideológicos concretos que coinciden con los estamentos políticos de la publicación. El anónimo corresponsal, se encargó de entresacar los elementos críticos que empleara cada uno de los panelistas, y la moderadora, para reconvertirlos en una especie de libelo contra el estatus revolucionario. Bien se cuidó, por el contrario, de destacar los claros reconocimientos de legitimidad al proceso revolucionario cubano, sobre todo respecto al desarrollo intelectual de toda su sociedad. Una cuestión polémica como la consideración de escritores cubanos no residentes en la Isla para el otorgamiento del Premio Nacional de Literatura, que Zurbano profesa en personal ejercicio del criterio, se ve a tal punto sobredimensionada, que no puede ceder a la tentación de convocar las palabras de Leonardo Padura, coincidentes, pero dichas fuera del contexto del propio panel que se reseña.

No pocos intereses ideológicos concretos con claridad se reflejan en la nota. En casi todos los fragmentos de opinión que para ella se eligen, sin ir más lejos del espectro del propio debate, se observan esquemas (de manipulación), prejuicios (de reconocimiento político) y omisiones (de verdades dichas con todas sus letras por cada uno de los tres participantes). Cualquiera que se tome el trabajo de comparar lo dicho –disponible en el canal JustinTV que cubre la XXII Feria Internacional del Libro de La Habana– con lo reseñado, comprobará hasta qué punto la perspectiva ideológica del Diario de Cuba constriñe y, abierta y muy interesadamente, censura la sinceridad del análisis y, sin el menor recato, tergiversa la coloquial, y tan tranquila, honestidad con que fueron emitidas las ideas. Parece, cómo no, escrita para pasar la prueba del manual de Goebbels.

No obstante, y más allá de los espurios mecanismos de tergiversación propagandística, hay preguntas que apuntan a direcciones de más preocupación.

¿Qué persiguen los mecánicos ideólogos de la contrarrevolución injerencista con esta vuelta de tuerca en la perspectiva del debate? ¿Buscan tal vez que el esquemático efecto dominó se mueva de inmediato y una vez más ceda al error de coartar los debates? ¿Acaso le temen demasiado a lo que representa para una conciencia social desarrollada en procesos profundos de emancipación la discusión que transforme y haga evolucionar la mentalidad sistémica general? ¿Avizoran el verdadero peligro que representa para sus intereses que la intelectualidad cubana se exprese incluso sin temor al desparpajo, o al recurso extremo de provocación?

Son estos, en efecto, los verdaderos temores que la reseña no puede dejar de revelar. Sus mecanismos de manual de propaganda no se han destapado baldíamente. Y en estos momentos de cambio, de transformación y búsqueda de soluciones que integren a profundidad socialismo y cultura, y que no dejen en esquematismos, prejuicios y superficiales y torpes omisiones las necesarias inquietudes ideológicas de la sociedad, y de la comunidad literaria, sea cual sea su perfil estético, ético y hasta político, debates de este tipo les rompen el guión y les cortan el paso a sus cansinos argumentos. Acaso también dibujen el peligro, y hasta figuren el pánico, de un nuevo recorte en las generosas fuentes de financiamiento.

No hay que engañarse al respecto. La pesca de alevines ideológicos, en un mar donde abundan especies de mejor provecho, descubre la cortina de la manipulación política, la más estrecha y totalizadora de todas, aunque su camuflaje se rotule en prédicas de democracia y de diversidad que, ni siquiera en simples notas como esta, consiguen sostener.

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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