Cultura masiva y falsos positivos

Jorge Ángel Hernándezfiestas tradicionales

La perspectiva teórica que, desde bases marxistas, se ha acercado a lo masivo en la cultura ha padecido de una radicalidad que, en contra de sus propios objetivos, termina por legitimar la alteridad de la visión elitista pergeñada en las bases de la estética kantiana. La alteridad clasificatoria define como exótico el ámbito de las manifestaciones y, por consiguiente, el sentido mismo de esa expresión que, desde lo popular, se ha revelado.

Para Zygmunt Bauman, por ejemplo, la presencia de diversas subculturas diferenciadas por especificidades regionales, ecológicas o clasistas, dentro de una cultura nacional, evidencia la capacidad de diversificación humana. Su recomendación es que sean entendidas también por diversas normas, instituciones y patrones culturales; atender a lo por él llamado intra-breeding populations, es decir: “poblaciones que se distinguen por el hecho de que los intercambios culturales y la acumulación de elementos culturales en el plano interno [suyas las cursivas] son mucho más intensos que en el plano externo”.1 Esta llamada a atender la especificad diversa componente de un sistema global es, por supuesto, un elemento de suma importancia a la hora de adentrarse en el ámbito de la cultura masiva, aunque, según mi parecer, no es precisamente la jerarquía entre acumulación de intercambios en los planos internos y externos lo que determina sus posibilidades de inserción en una cultura nacional. Ello más bien facilita el manejo de la difusión para consumos específicos, direccionados por la industria cultural, y abona el mecanismo que permite desdibujar esencias culturales a costa de ejercicios de fusión y apropiación artística. El caso del vallenato colombiano, cuyo efímero boom de popularidad apenas se recuerda a estas alturas, revela hasta qué punto no es, precisamente, la perspectiva local lo que en masivo se convierte, sino, por el contrario, los estándares de recepción codificados por la industria.

De cualquier modo, Bauman enfoca el asunto en lo masivo y considera como tal manifestaciones que se corresponden con poblaciones focalizadas por límites regionales, de costumbres o, simplemente, de estilos de expresión. Según él, la tendencia evolucionista de esas subculturas internas conduce a su diversificación.

Es bueno señalar que en algunos casos fue precisamente el carácter y la fidelidad formal a los patrones originales lo que determinó la permanencia de sectas como la de los ñáñigos en Cuba, cuyo aporte a la cultura nacional es evidente, a pesar de que aún no se ha investigado con la especialización requerida. Sus manifestaciones no fueron masivas, sino, por el contrario, focalizadas por límites muy específicos, con rituales secretos y misterios que bien reconocían la hostilidad del contexto cultural y, sobre todo, sus posibilidades de dominio. Es necesario comprender la relación dialéctica, no siempre armónica, por tanto, entre esas intra-breeding populations y la conceptualización de nacional con que son aprehendidas, pues, cuando uno de esos grupos internos pasa a representar lo nacional, se escamotean sus niveles de autenticidad, de manera tal, que se pierde la esencia de su funcionamiento interno —con la consiguiente estandarización de sus discursos y la inevitable objetualización de sus signos— o se disfrazan con significados apriorísticos que funcionen como un diccionario en la comunicación externa o, si se prefiere, como una guía de traducción turística.

Lo exótico, es decir, la calificación de manifestaciones culturales como exóticas, existe únicamente bajo la definición de un otro en sí mismo deficiente que, paradójicamente, asume como deficitario al otro. En cualquier caso, Bauman advierte que “la diversificación de la cultura general de la sociedad y la desemejanza de las subculturas son mayores mientras más difieren las situaciones sociales respectivas de los miembros de las respectivas intra-breeding populations”, con lo cual, si bien se crea una mecánica capaz de comprender una sola isotopía, llama la atención sobre esas relaciones mediante las cuales se emprenden los actos de diversificación.

“La cultura comenzó a adquirir carácter masivo —escribe además— no cuando las ramas del mismo sistema de difusión comenzaron a alcanzar un público masivo, sino cuando ciertas condiciones de vida y situaciones sociales fueron alcanzadas por las masas, cuando estas condiciones y situaciones, ya no diferenciales, dejaron de diversificar la selectividad de la recepción”. Parece, no obstante, que los diferentes niveles estructurales de la recepción no se diversifican. Y advierte incluso que “la efectividad de los medios de comunicación masiva en convertir la cultura en una cultura masiva es más grande mientras más ha progresado el proceso de universalización de estos componentes de la situación social”.

Así, Bauman llama la atención sobre tres condiciones para que esa efectividad se ponga en marcha:

a) dependencia del mercado,

b) dependencia de la organización,

c) dependencia de la tecnología.

“Los procesos que ocurren en la infraestructura social —concluye— y la estructura de la personalidad deben constituir el sistema de referencia para un análisis del origen y el contenido de las culturas de masas”.

La cultura de masas —o masiva— requiere de una apropiación, por parte de las instituciones sociales, económicas y de poder, de los métodos internos que funcionan tanto en el llamado etnofolclor como en tradiciones más amplias que implican una diversidad étnica y social que va mucho más allá de esas zonas de población internas, aunque su existencia y su operatividad en el estatuto popular sean muy patentes. Y a pesar de cuanto se ha avanzado en el espectro teórico, se hace aún necesario acceder a procesos de deconstrucción estructural de los complejos significantes que se ponen en juego desde lo masivo. La operatividad múltiple del signo, en su estructura permanente y permanentemente efímera, y en el momento en que proporciona la búsqueda factual de un sentido concreto, es lo que determina la condición sine qua non del estatuto popular.

También Eduard S. Marcarian llamó la atención sobre las condiciones de vida en su petición de imbricar los enfoques estructural (morfológico) y funcional del sistema social para integrar el estudio de la cultura.2 Para él, las unidades fundamentales de la sociedad son las esferas de la actividad humana —“categoría llamada a reflejar la cualidad activa del quehacer común y socialmente dirigido de los hombres”— y constituyen, por tanto, los elementos del corte sincrónico en el estudio de esa actividad específica. Las unidades estructurales de la cultura, en correspondencia con esto, son los medios y mecanismos específicos, tanto materiales como mentales, de la actividad del ser humano, como los instrumentos de trabajo, la vivienda, la conciencia, los sistemas de señales, las costumbres, los hábitos, las instituciones sociales, etcétera.

Los ejemplos de Bauman y Markarian, ambos harto influyentes en el pensamiento que buscaba entender, desde el materialismo y sin discriminación, las manifestaciones culturales masivas, y ambos colmados de aportes y descubrimientos importantes, indican hasta qué punto los rumbos de la investigación pueden descarrilarse a partir de falsos positivos. Y hablo de falsos positivos y no de imposiciones de poder, o de dogmas teóricos, porque estos últimos han servido, y mucho, al rancio pensamiento elitista para desconocer, o minimizar, los valores del folclor. Calificar de dogma a un pensamiento que, por oposición al absolutismo que clasifica como ingenua y primitiva a la cultura popular, se salta sus propias relaciones con el signo, es dar el tiro de gracia a la posibilidad de reconstituir una investigación que, sin subvalorar, aporte conclusiones dialécticas y libere el camino de los tan reiterados callejones sin salida que alimentaron el absolutismo teórico marxista.

Notas:

1- Zygmunt Bauman: «Una primera nota sobre la cultura de masas: La infraestructura», en Domoulin, John: Cultura, sociedad y desarrollo, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1973, pp. 203-212. Las siguientes citas del autor proceden de la misma fuente.

2- Eduard S. Marcarian: «Lugar y papel de las investigaciones de la cultura en las Ciencias Sociales modernas», en Domoulin, John: Ob. cit., pp. 191-202

Publicado en Cubaliteraria, marzo 1, 2013, en Semiosis (en plural)

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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