Verdades y otros poemas

Jorge Ángel Hernández

Dibujo: Ever Fonseca

Dibujo: Ever Fonseca

Primero, el par de poemas de mi libro Casos no resueltos (inédito), que La Jiribilla incluye como Selección de poesía, y luego añado el resto de los que aparecen en La letra del escriba 109

La cuarta bruja de Macbeth

Soy la cuarta bruja de Macbeth que enfermó
unos minutos antes de empezar el acto.
Acotaba a destiempo
con irónicas frases y breves chascarrillos
de loable envoltura en los trágicos sucesos.
Como la puesta fue un éxito rotundo,
liquidaron al punto mi jornal
y me asignaron al coro de Pierrot.
Qué distinto ese gesto de escapar
al reírse de sí para hacer el bufón con otros rostros.
Acotaba a destiempo,
con irónicos sesgos y breves banderillas,
pero no había tragedia
y eran de pura ceniza las arduas situaciones.
La cuarta bruja de Macbeth fue al olvido;
no seduce a los doctos,
que en temor y desprecio la retienen,
como señores de bien enmascarados
al pagar los servicios de alguna prostituta,
hasta las burlas de hoy y de mañana.


Verdades

He trazado una lista abundante de verdades.
Silogismos. Anécdotas. Sofismas.
Melodramas y chistes.
Los ejemplos hincaban la sangre del defecto
concentrando en sus cuerpos la resaca.
Hemos contado historias que son ciertas
El pánico en su sombra
El valor en su miedo
Digamos la verdad, aunque sea falsa;
y que luego el exégeta la ciña
como una amante de lunas prohibidas
y el poeta la escale
haciéndola gemir sorbo por sorbo.
La verdad es un dogma, no olvidemos;
sus efectos son tristes sugestiones, angustiosas,
sus conquistas imperios imbatibles.
Digámosla aun así,
para que nadie se duerma en el redil,
para que el susto de vivir no tasque
las manías de los otros que no asimos.
Décima

Contra tus piernas, mi pecho
regenera su embestida.
Himnos de la resarcida
madera de tu desecho.
Vibra en el crujir del lecho
el susto de la amnistía.
Huyen de tu geografía
aguas de procaz lujuria.
Pueblan el cerco la injuria,
el terror y la ordalía.

 

En la frontera de todos

La bestia —connotado terrorista—
se acomoda en El Paso y abreva
en la frontera de todos los estupros.
En sus oídos
las explosiones son arias de Puccini,
las amenazas lances de Alatriste
y la culpa un vacío de existencia.
El juicio que ha escogido
es la partida de dardos del instante.
Seguramente el sueño lo acompaña
como si nunca hubiese proferido ofensa.
Sin emoción acusa, acosa y se defiende.
Es una bestia de paso,
un robot de la sangre del dinero.
En la frontera de todos
cada día sus espectros se levantan
a sacudir y sepultar torturas,
para que al cabo la bestia se deshaga,
sin memoria ni cuerpo,
en las terribles sondas del destino.

 

Atardecer, en el trópico

Con paciencia de enfermo
y entre luces de sábado invernal,
mi hija capta instantáneas en la playa.
Las nubes son oscuras,
como el peligro que acecha a su futuro,
y pequeños los seres
asidos a su diaria conquista de vivir el planeta.
Tras el lente, reconoce
el ritmo que la vida le impone en su venganza.
Son fotos de crepúsculo
que acaso le recuerdan
las que ha visto y admira con sana ingenuidad.
Yo recuerdo las placas radiaciones
que blanqueaban su joven mediastino
como un paisaje de depredación humana.
Acaso el nudo que atraca en mi garganta
sea más débil que el nudo en que se traba el planeta,
pero cargo, paso a paso, en vigilia de enfermo,
con las blancas secuencias de su pecho,
esperando que un día se disipen
como esas nubes que van hacia la noche.

 

La infeliz emboscada

Cuando los años pesan y la vida
te va emboscando con cínicas noticias
y en estiércol y orina vigilada se aduermen
los ahorros.
Cuando los días empujan y los temas
reproducen la jerga de los clínicos
aprendida a porrazos,
amañada en las urnas de pura corrosión.
Cuando solo después puedes prever la sangre
envenenada
y te empecinas en fintas, estrategias,
escaramuzas de guerrilla cercada y sin abasto.
Cuando no sabes quién te dijo ayer
que su vida sitiaba y que sus años
lo acechaban con cínicas noticias.
Cuando ese tiempo natural de la existencia cunde…
es necesario expulsar los viejos versos,
definitivos, tremendos, tremendistas,
llenos de fuerza irremediable y sana
y acumular otros que aprendan a contar (monedas
y sucesos)
para que nadie recuerde que esos sitios perennes,
cotidianos,
anunciados y siempre sorpresivos,
terribles pólizas del pecho y las entrañas,
esos días que forzamos a doblarse,
son más fuertes
que la línea indomable entre los libros firmados,
que la sagaz profecía venerada en la crítica
y el tiempo;
días-guerreros más audaces y firmes
que tus tácticas simples de individuo.

 

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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2 respuestas a Verdades y otros poemas

  1. qué bueno, pude leerlos!!

  2. Pingback: Poema largo y otros poemas | Ogunguerrero

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