La desbordada contención de Elocutio sine nomime

Jorge Ángel Hernández

Elocutio sine nomine, Ediciones Unión, 2011, 75 pp.

Elocutio sine nomine, Ediciones Unión, 2011, 75 pp.

Uno pudiera preguntarse por qué un poemario escrito en castellano se presenta con un latinazo como título. Es una reacción medianamente lógica, común, que deberá revertirse una que vez que se emprende la lectura de Elocutio sine nomine, de Teresa Fornaris.[1] Son textos eminentemente elocutivos, estructurados a partir del gesto reflexivo y, en conjunción, en los constates juegos perceptivos que la imagen poética propone. La poesía de este cuaderno evade concentrarse en circunstancias vivenciales focalizadas en la anécdota y, por demás, evita sostenerse a partir del fluir consecutivo del discurso convencional de los poemas. No son, sin embargo, elocuciones inconexas, o demasiado aisladas como para que parezcan islas a la deriva de un mapa que las difumina, sino cápsulas de inquietante lirismo y turbadoras sentencias.

Precede al poemario una sentencia que define su poética esencial:

En el discurso y sus partes cambiadas. En la explicación de la palabra. En el definitivo salto: el muro invisible que le entrego. En la circularidad del despertar –o de la muerte… en el corte. Viene el nombre (como el punto que marca el eviterno final de este comienzo.

Los contrastes son, por tanto, partes cambiadas del discurso mediante las cuales definitivo salto y muro invisible, circularidad y muerte, final y comienzo, contienden, se repelen, luchan y, al mismo tiempo, se necesitan, se atraen, se equilibran. Las citas de portadilla –de Anacreonte y San Mateo– reafirman de inmediato lo predicho y dan paso al poema homónimo, estructurado en seis partes que, binariamente, alternan la proyección lírica de los trofeos, los caminos y el aviso, denotativos no solo de un simbolismo estilístico esencial, sino de un derrotero conceptual que subvierte esa fatal mirada existencial que ha servido de pórtico al cuaderno. Y a partir de esta primera sección de poema único, sobreviene el desfile de la brevedad discursiva que se deja expandir en expresión abierta. De la unidad de los contrarios pasará a la semejanza vital de lo disímil, en un perenne juego de expresión que, sin permitirse una conformidad interpretativa, va definiendo a golpe de breve elocución.

Algunos poemas se componen de solo una oración, otros de dos, o apenas tres; la mayoría se resuelve en unas pocas más. Los textos más extensos, como el poema homónimo y «Dispositio (o Hasta que se acabe la luna)», con los que el poemario abre y cierra, están pautados por breves estancias numeradas; son además —valga la aclaración— los únicos que aparecen bajo título. Pongamos dos excelentes ejemplos:

 

Esperar no es el verbo sino la jaula [p. 28]

 

Nada puedo hacer para salvar (¿saltar?) tu golpe [p. 35]

 

Esta brevedad estructural no muestra, como he dicho, carencia de expresión, limitaciones de recursos u otras cuestiones técnicas, y expresivas, que pudieran exigírsele a un buen texto. La dualidad de la impresión, las bifurcaciones constantes que la propia apariencia física puede sugerir, sostienen en buena medida las propuestas de estos versos cuyo sujeto lírico y su palabra autoral se encuentran a tal punto imbricados que no vale la pena, al menos a la crítica, intentar separarlos. Esto, a mi modo de percibir como lector, porque tanto como la manera expresiva, preocupa a la autora la ontología de lo dicho.

Elocutio sine nomine descubre, en suma, una poesía contenida en extensión, pero profusa en propuestas, y en acontecimientos que no se explicitan por su elemento anecdótico, o por el propio perfil de decisión de un sujeto lírico que se expone irremisiblemente, sino por su grado de universalidad, a veces de cierta neutralidad genérica, y por las posibilidades extensivas de su simbolismo. Simbolización, eso derrocha Teresa Fornaris en este cuaderno, no mediante percepciones icónicas, como suele ocurrir cuando se emplea este tipo de recurso, sino a través de disyuntivas, de circunstancias que acusan más la extensión de la existencia, que el giro clasificador de un suceso inmediato.

[1] Fornaris, Teresa: Elocutio sine nomine, Ediciones Unión, 2011, 75 pp. ISBN 978-959-308-011-8

Publicado en La Jiribilla

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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