Traficar ejemplares influencias

Jorge Ángel Hernández

Tráfico de influencias, Ediciones Unión 2012,  213 pp.

Tráfico de influencias, Ediciones Unión 2012, 213 pp.

Luego de tanto recurrir a los mismos artificios, la poesía rimada fue perdiendo su esencia elemental, su capacidad de expresar y, sobre todo, su fuerza emocional. El sacrificio de estas necesarias funciones poéticas por la búsqueda de la perfección formal, creó un abismo difícil de salvar entre lectores y poetas. Semejante caos llevó a anunciar, no sin cierta lógica, el fin de las estrofas clásicas y, con ello, la muerte de sus modos expresivos. Algo de piedra había en el sonar del río, pues no son tantos los nombres que, al cabo de la natural decantación temporal, pueden mostrar esas obras sin vanas disculpas de circunstancialidad.

Más larga y dispersa datación conserva la tradición filosófica en la poesía —cubana y universal—, aunque acaso esta haya sido más duramente depredada por las sucesiones de tendencias poéticas que controlaron los modos de decir. El filosofar poético era rareza en nuestras letras hacia las últimas décadas del siglo XX. Y más bajo y preterido el uso del humor y la ironía, hasta el punto de verse en extremo singularizado en casos como los de Nicolás Guillén o Virgilio Piñera en nuestro contexto nacional.

Sin embargo, un libro como Tráfico de influencias, de José Luis Serrano, (1) echa por tierra este criterio y revela que, lo que fue vicio en tantos escribanos inspirados, es esencia en la letra de poetas raigales. Y, por si no fuera suficiente, lo que fue anuncio en tantos iluminados filósofos, es apenas anécdota mucho antes de que la generación concluya su trayecto. Y así lo ve el poeta con mucha claridad en la sección «Muerte del sujeto lírico», del poemario El Yo profundo (2005). Las sentencias paradigmáticas del soneto «El eterno regreso», por ejemplo, son asumidas por un sujeto lírico, no precisamente para adscribirse a ellas ni, tampoco, para caricaturizarlas, sino para describir el paradigma que domina, y oprime, la percepción y la conciencia.

 

El eterno regreso

Nada es legítimo. Nada es auténtico

La eternidad es una prostituta.

Detrás del microscopio Dios escruta

el eterno regreso de lo idéntico

No hay nada que añadir. Todo está dicho.

Todo está escrito ya. De ningún modo

Sorprenderás al que lo sabe Todo.

Ni siquiera el azar es un capricho.

Ya todo está inventado. Para el hombre

Las cosas cambian al cambiar de nombre.

Cualquier metamorfosis es ambigua.

No importa traicionar al que te aplaude.

Todo es una traición. Todo es un fraude.

Cualquier historia es una historia antigua.

 

Quedan estas sentencias amargamente irónicas desnudas ante el sentido ético implícito al fondo de las frases. Son como preguntas de respuesta incluida, inevitables de hecho y, al mismo tiempo, inadmisibles por su sentido esencial. En el aspecto formal, las palabras rimadas se suceden como un desafío, ligeras y rítmicas a pesar de su dificultad para un buen ejercicio de la rima y el ritmo. ¿El mal hado de las preteridas tradiciones que arrastra hace que el poeta coloque por delante de sí mismo esa carrera de obstáculos? Es en efecto subjetivo, pero me atrevo a afirmarlo con tranquilidad y, al ver el resultado, con satisfacción.

Así, en décimas y sonetos donde la experimentación formal no se exhibe espectacularmente, sino que es asumida con deslumbrante naturalidad, hallamos una poesía intrínseca, culta, formalmente impecable y, sobre todo, con los pies y el pensamiento en el inmediato devenir humano. Y ello, desde una perspectiva en la que lo ontológico, y el discurrir filosófico, proponen y disponen el sentido. No es un manual ni, mucho menos, un tratado filosófico rimado; tampoco un sano suceder de artificios sacados al bregar difícil de la estrofa, aunque mucho de esto se encuentre a cada paso. La exigencia formal no es, para Serrano, ni molde ni vasija, sino esencia, como el pensamiento que expresa y la poética que a su estilo acomoda.

En Tráfico de influencias se reúnen textos de cinco poemarios del autor: Bufón de Dios, 1997 (18 poemas), Aneurisma, 1999 (19 poemas), Examen de fe, 2002 (22 poemas en tres secciones: «El superhombre», «La muerte de Dios» y «La voluntad de poder»), La resaca de todo lo sufrido, 2003 (5 poemas), y El yo profundo, 2005(24 poemas en cuatro secciones: «Verter en tierra», «El yo profundo», «Muerte del sujeto lírico» y «Making Of»). Ochenta y ocho poemas que parecen concebidos como un haz para un libro único.

El poema «Teleología» [p. 59], del cuaderno Aneurisma es una décima. Visualmente presenta diez versos, explícitamente espaciados de dos en dos, recurso que casi nunca hallamos en el resto de las estrofas, aunque estos versos no son precisamente octosílabos y alteran la presencia de la rima. Concretamente, el cuarto mide cinco sílabas métricas en tanto el sexto tiene doce. Su lectura, en cambio, repliega la falsa impresión y reordena el criterio, permitiéndonos convertir en poesía la operación aritmética de suma y división:

 

Teleología

Urgidos por algún signo

que la eclíptica desecha.

 

Forjados para la endecha.

Carne inferior.

 

¿Me resigno al porvenir?

¿Soy indigno de nuestro pasado oscuro?

 

Piedras, piedras en el muro.

Islas en el vasto mar.

 

¿Prisioneros del azar

o cómplices del futuro?

 

Lo común de las experimentaciones de encabalgamiento ha sido escalonar las líneas, para tener a la postre diez versos octosílabos y mostrar visualmente algunos más de diez. En Tráfico de influencias Reversoeste caso, Serrano invierte el proceso y entrega un exquisito juego formal. Abundan, desde luego, en su poética, y bien valía la pena un estudio que entresacara las cuantiosas propuestas que derrocha, con su vínculo estrecho hacia el sentido, aunque, es de notar, su reconocimiento de Dios estrecha, o concreta, el proceso último de significación.

Además de su capacidad para salir airoso con las trampas del metro y de la rima, y de la aguda ironía que a su gusto maneja cultas influencias, la poesía de José Luis Serrano posee la virtud del ritmo. No importa que la medida del verso se encabalgue, o se quiebre; la frase encontrará su música y los vocablos, a veces sorprendentemente estrambóticos, se acoplarán a su sinfónica estructura. Es algo que casi todos los lectores agradecen y, por demás, un buen camino para decodificar las abundantes y profundas reflexiones que el poeta desgrana en cada texto.

El ambiente en el que se desenvuelven los poemas de Tráfico de influencias es asombrosamente cotidiano, coloquial e inmediato. Situaciones siempre al alcance de la persona común que, al reflexionar mediante el riguroso juego de versificación, elevan su búsqueda y, al paso del poema, la devuelven a ese mismo sujeto de la cotidianeidad. Un ejercicio ejemplar, a fin de cuentas, sobre todo si me inclina a la calificación la ejemplaridad con que Miguel de Cervantes presentó sus novelas.

Nota

(1) José Luis Serrano: Tráfico de influencias, Ediciones Unión 2012, 213 pp. ISBN. 978-959-308-047-7

Publicado en Cubarte

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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