Cuba hace dos siglos

Argelio Santiesteban Milanés y la Avellaneda
En aquel ya remoto año 1814, viene al mundo un matancero que recorrerá una existencia signada por el fracaso amoroso y la demencia. De todas maneras, a José Jacinto Milanés su vida de infortunio no le impedirá dejar plasmados los versos de “La fuga de la tórtola”, que desde niños memorizábamos, y bajo cuyo disfraz de inocente lirismo escondía un cántico apasionado a la libertad:

[…] Mas, ¡ay!, tu fuga bien me acredita
que ansías ser libre, pasión bendita,
que aunque la llore la apruebo yo.
¡Ay de mi tórtola, mi tortolita,
Que al monte ha ido y allá quedó!.

Hace también doscientos años, nace en Puerto Príncipe Gertrudis Gómez de Avellaneda. Todo el mundo sabe cuánto brilló como poetisa, novelista, autora dramática. No ocupó una curul de académica por la misoginia de aquella reaccionaria institución. Sí, su brillante desempeño intelectual es asunto fuera de cualquier posible controversia. Pero resulta menos conocido el hecho de que fue blanco de diatribas por parte de compatriotas con arraigado credo anticolonial, por haberse casado con Domingo Verdugo, coronel español y ayudante del gobernador Francisco Serrano. Un versificador anónimo escribiría estas líneas, agresivas como polvo de cantáridas:

 Hoy vuelve a Cuba, pero a Dios le plugo
que la ingrata torcaz camagüeyana
tornara esclava en brazos de un verdugo.

Y, ¿qué más sucedía hace dos siglos?
“…se da la noticia de la puesta en escena […] de la que se considera algo así como la primera ópera hecha en Cuba, Las cuatro columnas del trono español, engendro literario del brigadier don Luis Antonio Guerra con música saqueada del repertorio de la época, en conmemoración del onomástico de Fernando VII…” (Jorge Rigol).
“Se estrena “Las Tertulias de La Habana”, introduciendo la canción La Cirila” (Ma. T. Linares).
Inauguran en Santiago el “primer teatro Coliseo” que provisionalmente “se estableció en la calle Santo Tomás; comenzó con una pieza patriótica de “mucho gusto” (Olga Portuondo Zúñiga). Y comienza a circular El Canastillo. (Mas no es tan grato todo lo que sucede durante aquel año en la ciudad caribeña. La salud pública es un asco, según atestigua la Junta de Sanidad. Y un incendio devasta buena parte del asentamiento). La sacarocracia esclavista está con el corazón que se le sale por la boca, pues ya comienzan a registrarse intentos de Inglaterra para lograr que España suspenda la trata negrera.
A resultas del heroísmo desplegado por los guerrilleros españoles, su país se ve libre del invasor napoleónico. Y regresa a ocupar el trono Fernando VII, mal conocido como El Deseado. (Más razón llevaban quienes lo nombraron El Rey Felón, que tenía “rostro de mulo y entrañas de hiena”). Aquí unos cuantos guatacas (cubanismo: aduladores) organizan fiestas públicas por el retorno. Mientras, el fuerte San Carlos de La Cabaña está repleto de presos, acusados de cantar coplas que defienden a la Constitución.

El padre Félix Varela publica, por primera vez en Cuba, un libro moderno de física. El autor allí más mencionado es Isaac Newton.
En La Habana aparece el Noticioso de la Mañana y de la Tarde, que cumple con lo prometido en su nombre: entrega a los suscriptores un pliego al amanecer y otro cuando atardece. También se estrena, en Puerto Príncipe, El Espejo Diario, que lo mismo publicaba un artículo sobre economía que un “secreto” para predecir el sexo del niño por nacer.
Inauguran cementerios en Santiago de las Vegas y en Puerto Príncipe.
“…en 1814 se erigió un oratorio [en La Esperanza] y algunas familias comenzaron a poblar la región…” (Antonio Núñez Jiménez).
Naufraga frente a Santa Cruz del Norte la fragata “Navegador”.
Había sido construida en los Estados Unidos, y navegaba bajo bandera española. El desastre ocurrió en una travesía desde Portsmouth hacia La Habana, transportando mercancías inglesas. Diligentes arqueólogos cubanos contemporáneos han venido estudiando el interesante pecio. Entre los objetos encontrados se cuentan vajillas de loza y porcelana inglesas, lámparas, instrumentos de navegación, botones, tachuelas, recipientes de vidrio y una gran piedra de molino.
En esta zafra, el país produce más de 3 millones de arrobas de azúcar, según anota el historiador gaditano Jacobo de la Pezuela.
Un chisme, a modo de cierre: la sexualmente atolondrada reina Isabel II tuvo como favorito –lecho incluido–  al antes mencionado Francisco Serrano y Domínguez, a quien apodaba El General Bonito.

Publicado en Ayer y hoy: mirando a Cuba

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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