Cuentos de humor en la Editorial José Martí

Jorge Tomás Teijeiro ha recogido cinco cuentos de tres libros  humorísticos de la Editorial José Martí: Cada cual a lo mío, de Jorge Fernández Era, Solo por un tiempo, de José León Díaz, y La República de las Letras, de Elio Ortega Candelaria.

Así los presenta en Cubaliteraria:Cuentos de humor en Ed José Martí

Humor en la Feria
Jorge Tomás Teijeiro
En la mañana soleada del pasado 16 de febrero, en el pabellón Alejo Carpentier de la Fortaleza de La Cabaña, sede principal de la Feria Internacional del Libro, se presentaron tres obras humorísticas de sendos autores (no hay error: una de cada uno). A mi entender el lanzamiento al unísono de tres libros de humor es tan inusual como sacar, en el juego del cubilete, una carabina de ases en un tiro, por lo que, el que esto escribe, sin ser notario, quiere dar fe de tal hecho “notorio”.
Se trata de textos escritos por Jorge Fernández Era, Elio Ortega Candelaria y José León Díaz, publicados gracias a la feliz iniciativa de la Editorial “José Martí”, la cual los ha encauzado (no “encausado”) en la corriente humorística para que fluyan hacia el mar de los lectores. (El mar que bate sus olas al norte del complejo Morro-Cabaña, debía llamarse así, “mar de los Lectores”).
Transcribo a continuación algunos cuentos tomados de dichos libros.

Cada cual a lo mío, de Jorge Fernández Hera

“Agradeci… miento”

Subió al ómnibus como siempre, sin empujar. Pidió permiso. Antes ayudó a montar a una viejita que le regaló la más dulce de las sonrisas.
Eduardo Luis era un joven así, de lo mejorcito. Cuando niño aprendió en su casa y en la escuela que debía ser amable con las mujeres. No había lugar, por concurrido que estuviera, donde no demostrara su excelente educación formal. Era de los que no sienten vergüenza al regalar una flor.
Aquel día, a pesar de venir repleta la guagua, no se dejó confundir por los empujones. Se colocó en el pasillo y dos paradas más allá vio vaciarse el asiento frente a él. Miró a su alrededor y no vio mujer alguna. Ya la viejita se había sentado. Tampoco percibió algún anciano hasta donde su vista alcanzaba. Se sentó.
Dos paradas más allá una señora subió con una barriga inmensa. El joven no dio tiempo a que se dirigiera a los asientos para embarazadas. La llamó mientras se incorporaba cual resorte.
La señora puso proa hacia el asiento que le brindaban. Se sentó, se echó sobre los muslos la jaba que traía, alzó la cabeza buscando a Eduardo Luis y le espetó a boca de jarro:
¡Menos mal, porque ustedes los jóvenes están del carajo!
“Lógica”

Lee el periódico y corre con júbilo hacia la taquilla.

-Señorita; ¿Es cierto que el ferrocarril está obligado a resarcir al pasajero un por ciento del pasaje que oscila entre un cinco y un treinta por ciento en dependencia del tiempo de demora, ya sea en salida o en llegada?
-Sí.
-Señorita: ¿y no se rebajará cuando se rompa el aire acondicionado?
-No.
-¿Y cuando los vagones estén hediondos, con colillas, papeles y hasta fango por el piso?
-No.
-¿Y cuando no haya agua para beber, ni siquiera tibia?
-No.
-Y cuando no haya nada que comer, o haya, pero con trifulcas hecatómbicas?
-No.
-¿Y cuando las ferromozas nos muestren la misma cara que usted me está mostrando ahora?
-No.
-Y… ¿por qué?
-¿Qué tú quieres, mijito? ¿Viajar gratis?

Solo por un tiempo, José León Díaz

“Negación”

Yo lo niego todo, desde la teoría de la evolución hasta que un camello no puede pasar por el ojo de una aguja. Niego las leyes de Kepler, ¿por qué iba a creer yo que el movimiento de los astros obedece a reglas fijas? Niego también a Newton: la ley de gravitación universal es una falacia, y Galileo es un impostor cuando afirma que la Tierra se mueve. Me niego a creer en la teoría de la relatividad de Einstein, el principal de los farsantes. Uno más uno no es igual a dos, porque yo niego conscientemente todas las leyes de las matemáticas, de la física y de la química; es más, niego que existan los elementos químicos, los átomos y las moléculas. Niego que Rafael, Miguel Ángel, Picasso sean grandes artistas. Homero no es el autor de la Ilíada, Shakespeare y Cervantes también son plagiarios. Y no me basta, niego todas las obras de la humanidad, ya sean pirámides y vuelos espaciales o alfileres y programas humorísticos. Niego el progreso y la ley de la negación de la negación. Niego lo que veo. El universo no existe ni yo tampoco. En fin, niego lo que para el resto de la humanidad es una verdad insoslayable.
Y para que vean que nunca me cansaré de negar y que soy un esnobista verdaderamente negativo, niego todo lo que dije anteriormente.
“Carta de un filósofo enamorado”

Amor universal y mío:

De un tiempo para acá nuestras relaciones de producción no marchan bien. Sé que nos faltan las fuerzas productivas, con el consiguiente descenso de la producción global de nuestro amor. Pero es cierto que las categorías de nuestro filosófico amor son insondables y no corresponde a esta breve, pero conceptual carta, que a pesar de su forma tiene un elevado contenido teórico hacer una detallada descripción de nuestra casual y necesaria unión, sino transformarla.
No podemos permitir, pequeño y dulce fruto del trabajo humano, que la espiral de nuestras vidas se convierta en un cerrado circuito metafísico; por eso, en uso de toda mi razón, consciente a la vez de la carga subjetiva con que voy a aprehender la realidad objetiva, te pido por favor que regreses.
Abandonemos la aguda lucha de contrarios que sostenemos, para que solo existan entre nosotros pequeñas contradicciones no antagónicas.
Cariño celestial, ya están creadas las condiciones objetivas y subjetivas que permiten producir un salto cuantitativo y cualitativo, una revolución en nuestro amor.
Solo falta que regreses, mujer, cual piedra filosofal, no sabes cuánto extraño la forma en que interpretabas los sucesos actuales, hasta los más cotidianos, a la luz de profundos conceptos filosóficos. Nada como escuchar de tus labios las leyes del materialismo dialéctico.
Pero regresa. Es terrible esta soledad espacial y temporal en que me debato o me transformo en otra cosa. No sé. Apenas puedo concentrarme en el problema fundamental de la filosofía: ¿qué fue lo primero, el ser (como yo) o el pensar (en ti)?
Sin ti se reduce cada vez más mi objeto de estudio, y mi conciencia se pierde en su irrealidad. Mientras, aguardo con filosófica resignación tu vuelta.

Post data: Mi china, te quiere mucho tu chiquilín, tu filosofito lindo.

La república de las letras, de Elio Ortega Candelaria

“Oh”

Escuchando a Heras, a Sacha y a Amir, pensé que yo podía escribir un cuento tan sugerente y todavía más breve que el de Augusto Monterroso. Para ello bastaba con que aplicase, a una idea sinceramente genial, lo que había aprendido del Seminario de Técnicas Narrativas, esto es, la sabiduría y la prestidigitación sin las cuales un escritor no cuaja jamás.
Como ven, estaba inspirado y, como de costumbre, dispuesto a grabar mi nombre en l literatura cubana.
Comencé en el acto por el título, ya que es lo primero con lo que el lector se topa. Halle usted un buen título y verá cómo el resto es coser y cantar. A mi cuento le puse “Oh”, pues nunca se ha usado y sobre todo porque está abierto a múltiples posibilidades. Para la literatura Oh es lo que la x para las matemáticas, con la gracia de que es más elegante y en lo absoluto implica que usted sepa lo que es un número primo.
A continuación me las jugué todas a una sola carta, el tour de forcé que a partir de ahora registrará la Prosa del Mundo: no escribí nada más…, lo que no quiere decir que no haya dicho nada más, pues quien ignora que la página en blanco es el símbolo paradigmático de la pureza, el sitio en el que, en inmaculado haz, se unen todas las luces. En un orden filosófico es lograr que lo Múltiple y lo Diverso vuelvan al Uno Primigenio, a la ecuación por la que aún suspira el alma de Einstein.
Un lector avezado verá que he hecho un uso audaz del Dato Escondido.  Asimismo lo agradecerán los profesores y alumnos de Filología, que ansían enseñar y aprender en un mínimo lo que a un narrador puede tomarle la vida.
Solo Augusto Monterroso comenzará a mirarme con muy malos ojos, pues mañana, cuando despierte, su dinosaurio ya no estará allí.
¡Ay, pero yo lo tendré hasta que otro cuentista suprima el título también!

Publicado en Cubaliteraria, , 26 de junio de 2014 

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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