La mínima Antología de Luís Marré

Jorge Ángel HernándezAntología mínima de Luís Marré
La Colección Sureditores ha publicado Antología mínima, de Luis Marré (Guanabacoa, 1929 – La Habana, 2013), cuaderno que reúne apenas cuarenta y dos poemas y se extiende solo hasta setenta y seis páginas. Reúne poemas de sus libros Los ojos en el fresco (1963), Habaneras y otras letras (1970), Nadie me vio partir (1990), A quien conmigo va (2001), así como un grupo de textos no aparecidos en libros. Aun así, es posible tener idea precisa de cuáles son los elementos básicos que estructuran su poética y, por demás, de cuál fue su evolución en el tiempo. El espejismo del volumen como expresión de obra valiosa se quiebra, como una falsa torre, en este caso.
Desde, Los ojos en el fresco 1955-1960, el primero de sus poemarios, el poeta revela su preocupación por el detalle, su instinto observador, su discreción reflexiva. Con honestidad y modestia, interroga e increpa al panorama que lo asfixia, cultural y socialmente. El anhelo de abrir, por fin, los ojos en el fresco anuncia, desde ya, la esencia misma con que su poética quedará definida. Y hasta el modelo estructural de sus poemas. La observación y el comentario se acompasarán en su creación sucesiva posterior, aunque este último adquiera un poco más de propiedad en el momento de conceptualizar y se desprenda del diminutivo quejoso que tanto oprimía al sujeto lírico. Así, de la situación observada, y descrita en el texto, el autor pasa al comentario, uniendo en asombrosa síntesis cultura y geografía, situación concreta y dimensión humana.
En el poema «Hoy», que abre la selección, confiesa:

¡Qué dura y cierta esta luz del día!

Lejos de mí he vivido,
tan lejos
que ni siquiera sé quién soy…

Y en el poema que inicia Los ojos en el fresco, titulado «Los ojos», revela:

—Solo
quiero, en fin, un instante lúcido
y entre tanto ardimiento, abrir
los ojos en el fresco

Más tarde, en los sucesivos poemarios, Marré buscará el diálogo mediante el canto de labor, o la explicación filosófica de modos de comportamiento que, en sus viajes, lo deslumbrarán. Pero siempre el asombro ante lo indefinible subvertirá las pautas del recuerdo y colocará la duda, la pregunta cuya respuesta no se halla verdaderamente a mano, en el punto de inflexión poética. Como si el peso específico del sujeto lírico dependiera de esa inevitable incertidumbre ante lo cierto, lo que parece objetivo a todas luces. De ahí que en el poema «Un libro, el Libro», diga:

Pregunto qué fue realidad, qué sueño
—conozco la respuesta: nadie sabe.

A través de los poemas de esta Antología mínima puede advertirse, como proposición estilística, la percepción fugaz de lo que permanece ante sus ojos y, al mismo tiempo, la permanencia del detalle más allá de sus características palpables, de su aspecto material. La brevedad del texto aparece como un reflejo de la brevedad percibida por el ojo que escribe, de la fugacidad del instante. Y asume, como el que se ata a un credo misterioso, la poesía como instantánea.
Brevedad del texto. Brevedad del verso. Fugacidad de la imagen.
El detalle contrasta entonces con esa suma de breves sobresaltos, de asombros siempre raudos en su acto de presentación, es decir, en el texto mismo. Como en lo sugerido, de fondo, más allá del propio verso, se halla lo principal, la esencia de esa instantánea que es el poema y sus recursos internos, hay que saber indagar en esas sugerencias para dilucidar con justicia la poética de Luis Marré.
Hay, pues, visión y reflexión. Si reflexiona, con un profundo conocimiento de fondo, no es precisamente filosófico el resultado que la versificación exhibe. Apenas interroga, ingenuo, y deja al ámbito del receptor la conclusión. En los poemas que la Antología mínima reúne, los detalles se acumulan para terminar en una reflexión que expresa, más que nada, asombro. La brevedad de su poética concentra, sin embargo, siglos de sabiduría y cultura. Como un profesor que va pasando un puntero sobre el mapa, para que sus estudiantes descubran el lugar y piensen, de inmediato, en todo cuanto puede estar relacionado con ese punto geográfico y, sobre todo, cuánto lo une o lo distancia del resto de los puntos en el mapa. Esa esencia poética es, por cierto, difícil de advertir, sobre todo si no se produce sobre las bases del canon en tendencias de moda. Y así ocurrió con la crítica, que lo dejó partir, sin advertirlo.
Publicado en La Jiribila, Nº 386

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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