Un homenaje a Tony Ávila

Guillermo Rodríguez RiveraTony Ávila timbiriche

Hace un par de semanas la zona más fea de Miami protagonizó uno de esos casos lamentables a que nos ha acostumbrado, porque los reedita de tiempo en tiempo.

Acaso su cima fue el caso de Elián González en el que se dio el caso de que aquellos que inventaron la historia de que Cuba iba a retirarle a los padres la “patria potestad” sobre sus hijos, pretendieron negarle a un padre cubano la autoridad sobre su hijo de cinco años.

Disfrutando de una bolsa de estudios que me mantuvo por más de un mes en los Estado Unidos tuve, hace unos años, la oportunidad de conocer el Miami donde radica casi un millón de cubanos y sus descendientes.

Hay que decir que la ciudad no es ese sitio temible que algunos revolucionarios han llegado a creer que es.

La inmensa mayoría de la población cubana de la ciudad es un grupo humano que llegó allí por muy diversas razones, pero acaso subvalorando la Isla que abandonaron del otro lado del estrecho de la Florida. Muchos de ellos empezaron a descubrir “lo cubano” cuando ya lo habían perdido. De pronto, descubrieron lo que habían tenido sin ser absolutamente concientes de ello.

Esa mayoría cubana de Miami no es hostil a la Isla, donde casi todos tienen familiares y amigos. Encuestas recientes han demostrado que, si tiempo atrás hubo encono contra la Isla, ese sentimiento se ha ido trocando en una voluntad de acercamiento.

Pero hay que decir que en Miami hay también una minoría que ha mantenido la hostilidad contra Cuba: algunos, que no eran realmente hostiles al dejar la Isla, acrecentaron allí la hostilidad y, lo que es más grave, la convirtieron en una manera de vivir.

En 1959, la administración norteamericana que encabezaron Eisenhower y Nixon decretó la condena a muerte de la Revolución Cubana, que hizo una reforma agraria que perjudicó los intereses de las grandes empresas latifundistas estadounidenses. Han mantenido por más de medio siglo una política anticubana que les hace destinar cada año, decenas de millones de dólares de los contribuyentes que se reparten entre los antifidelistas radicales.

Organizaciones como la prehistórica Alpha 66, la escandalosa Vigilia Mambisa y las recientes Damas de Blanco, aspiran a la correspondiente tajada del presupuesto norteamericano.

¿Cómo demuestran la combatividad que las haga merecedoras del óbolo? Atacando a quien más a mano tengan para demostrar su militancia contrarrevolcionatia. La última víctima ha sido el trovador Tony Ávila.

Tony es uno de esos casos extraños de alguien que, nacido en La Habana, prefirió ser un palestino a contracorriente, y se fue a vivir a Cárdenas.

Tuve la suerte de escucharlo por primera vez porque el amigo Fernando Rojas, que sabe de mi afición trovadoresca, me invitó a escucharlo en su casa, cuando todavía lo conocía muy poca gente.

Tony es un negro retinto y lo primero que le oí cantar fue una guaracha-son que se titula “Científicamente black”, donde se mostraba como cultivador de una cubanía musical que lo emparentaba con Matamoros, “Ñico Saquito” y Juan Formell. Se me ocurrió invitarlo a cerrar un evento sobre el asunto racial en Cuba que organizaba la Fundación Nicolás Guillén, porque Tony sabía meterse en el centro de asuntos complicados, polémicos, utilizando la llave muestra de su humor.

Cuando poco después fue a editarse su primer disco, Omara Mirabal, su inteligente representante, me pidió que escribiera la nota para la carátula del disco.

Así, hice amistad con Tony que es además, una bella persona. Tony se autodefine como un “hombre de paz” y lo es con creces. Por ello, me indignó saber que unas señoras —vaya a saber usted por cuáles razones— lo acusaban en Miami de agredirlas por motivos políticos. No era más, lo aseguro, que un intento de desacreditar a un hombre íntegro, a un artista popular que ha sabido, con su talento, abrirse el camino del éxito. Rindámosle, quienes lo admiramos, homenaje a Tony Ávila y hagámosle olvidar, con nuestra solidaridad, el lamentable episodio.

Publicado en Portal UNEAC

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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Una respuesta a Un homenaje a Tony Ávila

  1. Ramon dijo:

    Vamos……Me maravilla ver como admites que agredir a las personas, por motivos politicos es un descredito, una falta de integridad y un acto reprobable. Dejas mal parado a los sicarios del MININT y a las Brigadas de respuesta rapida que se dedican a esos sucios menesteres.

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