Picardía, parranda y discurrir anodino en la cuarteta folclórica cubana

Jorge Ángel HernándezResultado de imagen para jornada cucalambeana

La picardía sexual es uno de los tópicos más recurrentes a los que acude la cuarteta folclórica cubana, con su carga de prejuicios y apostillas morales, desde luego. Otro tópico frecuente, común al folclore universal, es la participación en la festividad, las aventuras parranderas y sus consecuencias. Un elemento estilístico habitual, simpático y curioso, se focaliza en el discurrir anodino, en el cual los elementos asociados carecen de motivo evidente para la asociación, y aparentan no concebir siquiera ejercicios retóricos de poetización fácilmente asociables.
En el apartado de la picardía sexual hallamos una cuarteta del siglo XIX que trasciende la inmediatez del enunciado pícaro para convertirse en un desafío práctico, racional pero no conformista, a la discriminación:

Blanca, blasonas en vano
de tu triunfo y poderío:
el amo te dio la mano,
todo lo demás es mío.


El sujeto lírico es esclavo, lo cual se hace explícito en la referencia al amo, en tanto la mujer blanca es una interlocutora a la cual se desafía. La extensión relacional de la petición y concesión de mano como compromiso matrimonial, transita por un proceso de literalización de la frase que le imprime una resignificación física, corporal, estrechamente ligada a la praxis cotidiana. La esclava se hace dueña del disfrute corporal del amo en tanto el acto de abuso esclavista de arrogarse el derecho de posesión sexual de sus esclavas, en tanto simples objetos de su propiedad, queda también resignificado con la dominación simbólica mediante lo sexual. Se produce así una reconversión de ese dominio: la importancia de la blanca es solo institucional; el poder del sexo hace al amo una propiedad simbólica en tanto la esclava es menos objeto y más sujeto. Y esto a través de esa pícara cuarteta que no puede dejar de arrancar una sonrisa en el lector.
La ofensiva contrarrevolucionaria que siguió al cambio de 1959 en Cuba se extendió, también, al ámbito de la cultura popular y, desde luego, tuvo sus manifestaciones en la producción y reproducción de la cuarteta folclórica. Se acudió, sobre todo, a tópicos históricamente arraigados que, aunque podían revelar el estatuto de dominación clasista, lo canjeaban por la expresión vital de las necesidades y urgencias humanas inmediatas. Así tenemos este ejemplo que vincula la picardía sexual con el proceso de expropiación que llevaba al cumplimiento de la Reforma Agraria, que era uno de los cinco programas fundamentales de la Revolución ya desde los sucesos de los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes:

Dice la vieja Macaria
que a su marido Perico
le intervinieron el pico
para la Reforma Agraria.

El carácter parónimo que se produce entre el instrumento de trabajo (el pico) y el órgano sexual masculino, concentra la información ejemplarmente. El trasfondo es político y se genera, gracias a las propias paradojas de reproducción de la cultura popular dominada, a partir de que los códigos de significación mantienen como patrón de juicio que la expropiación de los terratenientes por parte de las nuevas fuerzas de transformación no es una intervención legítima, ni natural. Como lo natural y placentero es el sexo, quedará intervenido por el proceso revolucionario. Hay, pues, un desiderátum ideológicamente generado y proyectado.
Más directa y vulgar es esta otra:

Dice la vieja Dominga
que la dejen divertir,
que ella no se va morir
porque le metan la pinga.

Aunque en la cuarteta no se hallan elementos de ubicación geopolítica que puedan relacionarla con el motivo anterior, su etapa de reproducción sí coincide con las medidas de transformación de los primeros años de revolución. La picardía en este caso se reduce al elemento del disfrute y sus naturales consecuencias. Los elementos restrictivos de la moral burguesa, disfrazados de libertinaje popular, consiguen infiltrarse como elementos que deslegitiman los cambios que la moral revolucionaria se ha impuesto proponer.
Anterior a este periodo es esta cuarteta, en la que el elemento pícaro convierte al adulterio en el objeto riente:

La vida del panadero
es una vida agitada,
no puede comer a gusto
ni dormir de madrugada.

El hecho de que el panadero deba estar fuera de casa en horarios nocturnos hace que buena parte del imaginario popular lo convierta en víctima del adulterio. La picardía va de fondo, relacionada con el sexo y, desde luego, con su práctica adúltera. No obstante, son inversos en sentido las cuartetas que convierten al panadero en un Don Juan, ya sea ocasional o sistemático:

En La Habana hay una torre
y en la torre una ventana,
en la ventana una niña
que a los panaderos llama.

Mamita, los panaderos
no sirven para casados,
porque son enamorados
y un poquito parranderos.

En el acápite festivo, tan caro a la inmensa mayoría de las manifestaciones folclóricas, hallamos, por una parte, la diversión asociada a la ingestión alcohólica, como en estos ejemplos:

¿Qué te parece, Rufina,
lo que me ha hecho el muchacho?
Lo mandé a buscar cerveza
y se apareció borracho.

Yo no quiero ruñidera
ni capullo de alelí;
lo que quiero es Bacardí,
aunque mañana me muera.

Por otra parte, la bebida alcohólica se presenta como un posible enemigo, por su doble condición de motivo de disfrute y vicio. En este ejemplo, el empleo del retruécano, a través de la paronimia con que el habla cubana emplea el verbo acabar, sobredimensiona el acto inmediato de beber por encima de las consecuencias adversas, y reconocidas, del consumo de alcohol.

Yo contemplo la botella
del vino que es buen amigo;
si ella no acaba conmigo,
yo voy a acabar con ella.

El entregarse a la fiesta y al disfrute sin límites pasa a un plano de resarcimiento individual, que se entronca con un modo de filosofar popular que establece las diversas jerarquías de valores. Esta cuarteta, cuya composición acusa un origen de tonada, lo demuestra:

El día que muera yo,
el día que yo me muera,
póngame en la cabecera
maraca, güiro y bongó.

La picardía sexual, desde luego, se halla asociada a la festividad:

Una joven me invitó
a salir de fiesta un día
y como a los nueve meses
había aumentado la cría.

Adiós, comadre María,
¿Dionisio donde estará?
En casa de Justo Crespo,
revoloteando el compás.

También las diferencias clasistas y raciales se alían con el tópico festivo. En estos ejemplos, la ironía lógica inmediata define el tono humorístico de composición y deja de fondo los prototipos de percepción social que impulsan la creación:

Ese son de la rompida
¿quién fue que lo trajo aquí?
Una negra guarachera
que vino de Mayarí.

Familias de ringorrango,
como entonces se decía,
presenciaban el fandango
hasta amanecer el día.

Si atendemos al discurrir anodino, algo muy común en el área de la improvisación popular, sobre todo en la controversia espontánea que se hace en el marco de fiestas no institucionalizadas, podemos advertir un discurso paródico que, al mismo tiempo que nombra los referentes, desconoce su esencia. Se trata de un pretexto sonoro que se realiza a través de una finta en la atención. Veamos, por ejemplo esta cuarteta:

Miguel Cervantes Saavedra
en un escrito decía:
≪Era de noche, llovía,
y el sol rajaba las piedras.≫

El contraste del enunciado anodino es atribuido a Cervantes, no como si fuese adquirido de la tradición oral, sino como una parte de su obra pues, de acuerdo con el autor de la cuarteta, tal frase pertenece a “un escrito”.
Este otro ejemplo, conocido y difundido más allá de las zonas rurales de donde procede, acude a la ironía para recontextualizar el discurrir disparatado:

Ahora sí estoy sabroso,
estoy como yo quería,
como una puerca paría
en los brocales de un pozo.

La siguiente cuarteta es acaso el más blanco caso de ese discurrir:

La virgen se llama Juana,
el mundo se tambalea
y el que no tiene batea
se baña en la palangana.

Y en este último ejemplo que usaremos para el acápite del discurrir anodino, la enunciación se convierte en cápsulas ilocutorias desligadas del resto de las que aparecen en la estrofa. Únicamente el ritmo y la rima los asocian, al menos en el nivel del sentido esencial del dato presentado, pues todos los asertos tienen en común el carácter sentencioso que busca dejar sentado un hecho de sabiduría.

Sale el sol por el Oriente,
piña, plátano, boniato;
los sin narices son ñatos
y el tiburón come gente.

Tanto la picardía, como la alta valoración del parrandismo y la festividad, como ese discurrir anodino que se escuda en la banalidad aparente para buscar una sentencia de saber filosófico, transversalizan su función en la cuarteta folclórica cubana. Son recursos técnicos a través de los cuales se canaliza el mensaje. Y si bien hay ejemplos chatos y de escaso ingenio, abundan los que demuestran las posibilidades de la cultura popular, muchas veces iletrada, para expresarse en los más altos niveles de la creación. Del mismo modo en que la producción literaria altamente institucionalizada nos muestra inolvidables ejemplos y, a la par de ellos, obras que es mejor pasar por alto.

Publicado en Semiosis (en plural), Cubaliteraria,  03 de junio de 2015

Editado por Patricia M. Peña

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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