Burócratas, burócratas, burócratas

En días como estos, en que la fe y la razón se golpean contra el muro cerril de esos tristes burócratas cuyo humo se convierte en barrera, apenas consigo recordar el poema “Burócratas”, que escribí hace más de veinte años, mientras luchaba con la fe de que un día, y de una vez, explotarían. Ya decía el tango que nada era ese lapso temporal. Como lo concebí en diálogo con el poema “Los burócratas”, de Roque Dalton, los traigo ahora a Ogunguerrero, desde mi cuaderno Ojos de gato negro, para que el diálogo sea pleno y la esperanza de ver rodar a los burócratas por el barranco, asfixiados en su propia desidia y su insostenible superioridad de estúpidos, se acerque un poco más.

LOS BURÓCRATAS

Roque Dalton

Los burócratas nadan en un mar de aburrimiento tempestuoso.

Desde el horror de sus bostezos son los primeros asesinos de la ternura

terminan por enfermarse del hígado y mueren aferrados a los teléfonos

con los ojos amarillos fijos en el reloj.

Los burócratas tienen linda letra y se compran corbatas

sufren síncopes al comprobar que sus hijas se masturban

deben al sastre acaparan los bares

leen el Reader Digest y los poemas de amor de Neruda

asisten a la ópera italiana se persignan

firman los pliegos nítidos del anticomunismo

los hunde el adulterio se suicidan sin arrogancia

tienen fe en el deporte se avergüenzan

se avergüenzan a mares

de que su padre sea un carpintero.

Burócratas

Jorge Ángel Hernández

Conozco a burócratas que suelen divertirse más que una tormenta.

De sus manos brota la concavidad de la ternura.

Saben colgarse a los ojos en celo

de las muchachas ligeras y añoradas,

saludan con vigor a los mejores deportistas,

dan fe de conocer sus records

y atisban hacia el curso de las telenovelas.

Te permiten entrar a su oficina

y se demoran sólo para que admires

la austeridad de su entorno

y el óptimo trasero de sus secretarias.

Sé de burócratas que viajan con bellas asistentes,

guayaberas, camisas deportivas, agendas,

periodistas cazadores de escombros de Internet

y un poema intachable de normas y principios.

Como sus hijas fornican limpiamente,

saben hacerte comprender que la vanguardia abre pautas.

Conocen la destreza de estilo en los informes,

la inoperancia elemental de versos y poetas

y reciben elogios y se afianzan

y casi nunca sufren problemas de vivienda.

Firman pliegos concisos, resoluciones o

en su defecto modificaciones para el uso práctico.

Conozco a burócratas que odian los esquemas,

de ahí su habilidad al aplicarlos, su intolerancia,

su perenne incapacidad de avergonzarse,

de que su padre haya sido un carpintero.

Son humanos, en fin, los sufridos burócratas

que han podido espolear en mi costado.

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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