El cuento Chino y la poética de Sergio García Zamora

Arístides Vega Chapú

Arístides Vega Chapú, Sergio García Zamora y Geovannis Manso en Páginas de Vierne

Arístides Vega Chapú, Sergio García Zamora y Geovannis Manso en Páginas de Viernes

El Premio Wolsan es un cuento chino. Pese a que reiteradas veces me han aclarado que se trata de un coreano, como si estos no fueran también chinos, lo cierto y triste es que a Sergio García Zamora, último ganador de este Premio, lo han timado. Que este certamen, pese a estar auspiciado y convocado por la Uneac Nacional, ha incumplido sus bases.

Además de que el poemario ganador no ha sido aún publicado por la ya sabida falta de recursos, aún cuando sí lo hicieron con las dos menciones, ahora está en veremos la promesa descrita en sus bases de sendos viajes a la Feria Internacional del Libro de Costa Rica y al Festival de Poesía de Medellín, Colombia.

Tal y como si fuese normal incumplir los compromisos de un concurso, en este caso de carácter nacional, sin ofrecerse una juiciosa y seria explicación pública.

Esto solo viene a constatar la evidente crisis de algunas instituciones culturales en las que desgraciadamente no puedo dejar de incluir a la Uneac. Aún cuando su papel, descrito en puntuales documentos oficiales, la concibe como reverenciadora de la cultura y la literatura con especial énfasis en los autores de la vanguardia.

No puedo tampoco dejar de hacer una segunda lectura de este lamentable desenlace. Y es el ratificarme que para cierto sector directivo de la cultura un autor –por demás joven y del interior, del interior- no merece demasiadas contemplaciones incluso como para ser tratado con una mínima cuota de respeto. ¿Existirá verdaderamente tanto desamparo legal, tanta impunidad en ciertas jerarquías que estas situaciones se legitimicen con la complicidad de un absoluto silencio?

Si este certamen no contaba con la seguridad de lo que prometía nunca, por seriedad, debió de anunciarse y mucho menos ser convocado por la Uneac Nacional, que es evidente ahora queda en juicio su seriedad y respeto por un autor.

Lidia Meriño, Sergio García Zamora y Caridad González, en Páginas de Viernes

Lidia Meriño, Sergio García Zamora y Caridad González, en Páginas de Viernes

No vengo a festejar el Premio Wonsan. Soy demasiado sincero para hacerlo. Festejo la amistad con un poeta que escribe y rescribe con la misma persistencia y seriedad de los que han hecho trascender su escritura. Lo digo no por la asombrosa cantidad de libros publicados y mucho menos por los premios alcanzados a esta corta altura de su vida. Ya se sabe que lo uno y lo otro a veces responde a casualidades.

Vengo a festejar que en tiempos de tanta banalidad, de ejercer la vida con una superficialidad que al menos a mi sobrecoge, de personas que pese a exigir constantemente un lugar y un respeto, e incluso conseguirlo con cierta facilidad, escriben por azar y por la suerte de complacer un mero entretenimiento o cierta pose esnobista que es tan antigua como la escritura misma, existan otros que hagan culto a la escritura con una seriedad que ya sé, y que me consta, es poco valorada en estos principios de siglos que serán juzgados con mayor alcance por los que vengan detrás.

Vengo a festejar una poesía que se adentra con la pulcritud de palabras meticulosamente escogidas, tal y como siempre ha sido trabajada la alta poesía, en cotidianidades y temas muy contemporáneos. Una poesía que es ya parte del testimonio elocuente de quienes saben es importante dejar constancia del presente como manera de acceder a un futuro.

Festejo el magisterio, el tiempo de escritura y de lecturas. El tiempo de aislamiento y de confrontación con esa realidad que se redimensiona y eterniza con la verdad que supone siempre el discurso de la Poesía.

Festejo la honradez. La persistencia que a veces es confundida con la obstinación. La capacidad de solo darle lugar a lo merecido. Su saber –casi renacentista- en que el conocimiento sirve solo de apoyatura a una obra de explicita referencia universal aún cuando prioriza temas tan mundanos que es posible trazar con sus textos una cotidianidad familiar en que un día y otro se sustentan con la aceptación de que lo grande es efímero y posible.

Festejo que en unos días Albita esté cumpliendo su primer año y muy pronto tendrá sentido del privilegio de ser hija del poeta Sergio García Zamora.

Pero más que nada festejo que este espacio de Viernes, del Centro Provincial del Libro, joven como quien hoy merece mis palabras de elogio, distinga a quienes desde un oficio tan poco pagado, devaluado e ignorado a veces, está aportando a una grandeza real de una cultura que se ha sostenido por siglos como verdad espiritual de esta Nación.

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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